Cinco millones de dólares por el honor de una campeona georgiana

Netflix indemniza a Gaprindashvili por decir en ‘Gambito de Dama’ que es rusa y que nunca jugó contra hombres

Gaprindashvili, en una partida de ajedrez en 1964.
Gaprindashvili, en una partida de ajedrez en 1964.©TopFoto / Cordon Press

La falta de rigor se puede pagar muy cara, sobre todo en una serie tan popular mundialmente como Gambito de Dama. El error de Netflix es doble y en dos temas muy delicados. La pentacampeona del mundo Nona Gaprindashvili no es rusa sino un ídolo en Georgia, un país donde el ajedrez es tan popular como el fútbol en España. Y es falso que nunca jugase contra hombres: de hecho, es una de las poquísimas mujeres en la historia que han ganado importantes torneos mixtos. Gaprindashvili, de 81 años, pidió cinco millones de dólares a Netflix, que le ha pagado una cantidad secreta para no ir a juicio.

Ambos errores tienen una explicación lógica. Es probable que la mayor parte de los terrícolas sean incapaces de distinguir hoy entre la Unión Soviética, el país más grande del mundo hasta que se disolvió y sus quince repúblicas se independizaron, en 1991, y Rusia, la mayor y más importante de ellas. Ese fallo se ve con frecuencia en películas y series estadounidenses, e incluso en discursos de políticos relevantes en Washington. Y, en el siglo XX, eran muy pocas las ajedrecistas que se enfrentaban a hombres con frecuencia. Por cada quince hombres, jugaba al ajedrez una mujer; ahora, una por cada diez, aproximadamente; y solo una entre los cien mejores del mundo.

Un fotograma de la serie 'Gambito de Dama' Vídeo: Netflix

Cuando la demanda de Gaprindashvili fue admitida en un juzgado de California (septiembre de 2021) a pesar de la petición de rechazo de los abogados de Netflix, que Rusia agrediera militarmente a Ucrania se veía como una posibilidad muy remota. Pero la perspectiva actual, con más de cien mil rusos exiliados en Georgia, podría haber sido estimada por los jueces como circunstancia agravante para el honor de la excampeona.

Pero lo realmente grave en esta parte del asunto es que Gaprindashvili sea precisamente georgiana, no kazaja o uzbeka o moldava, por ejemplo. Porque cuando uno pronuncia su nombre en Georgia, cualquier ciudadano reacciona con muestras de gran admiración: “Yo diría que Nona es incluso más popular allá que los mejores futbolistas en España”, asegura Ana Matnadze, española de origen georgiano, gran maestra de 39 años y una de las alumnas favoritas de Gaprindashvili. “Cuando pronunciamos su nombre, nos lo imaginamos escrito en mayúsculas”, recalca.

No hace falta ir a Georgia para comprender que Matnadze no exagera. Por ejemplo, su ministro de Educación y Ciencia, Mijeil Chjenkeli, citó varias veces a Gaprindashvili durante sus conversaciones con EL PAÍS el pasado fin de semana en Budapest, donde intervino en el Foro de Ajedrez Educativo, organizado por la Fundación Judit Polgar. Con una razón de peso: el Parlamento de Georgia decidió el año pasado que el ajedrez sea una asignatura obligatoria, que ha empezado a impartirse este septiembre en primer curso de Primaria. “El ajedrez tiene una historia secular en mi país, y sirve perfectamente a las necesidades educativas del siglo XXI porque desarrolla la memoria, concentración, pensamiento lógico y crítico, la creatividad y una larga lista de habilidades”, explica.

Judit Polgar, hace dos años, en Budapest
Judit Polgar, hace dos años, en BudapestNagyapáti István

Precisamente Judit Polgar es la única mujer en la historia que ha estado entre los diez mejores del mundo (8ª en 2003 y 2005), lo que nos lleva al otro motivo de la demanda judicial de Gaprindashvili. Judit y sus dos hermanas, Susan y Sofía, junto a Ildiko Madl, lograron en 1988 y 1990 la proeza histórica de arrebatar la tradicional medalla de oro de la Unión Soviética (cuya selección se formaba casi siempre con jugadoras georgianas) en las Olimpiadas Femeninas. Pero desde ese momento, a los 14 años, Judit se negó a jugar torneos femeninos, lo que sin duda influyó en que su carrera fuera mucho más brillante que la de cualquier otra mujer. Como Gambito de Dama está ambientada en los años sesenta o setenta del siglo XX (mucho antes de la Revolución Polgar), sus guionistas no se molestaron en comprobar que algunas ajedrecistas también competían a veces en torneos mixtos; por ejemplo, la también georgiana Maia Chiburdanidze, sucesora de Gaprindashvili en el trono mundial femenino. Y que Gaprindashvili en concreto lo hizo con grandes éxitos: el más sonoro fue compartir el primer puesto de Lone Pine (EEUU), el abierto más duro del mundo entonces, en la edición de 1977, con 48 participantes de alto nivel. Aunque nunca llegó a ser una estrella de la élite, como Judit Polgar, sí era un rival muy temible para cualquiera en una partida aislada.

Las dos razones de la demanda judicial, aceptada en principio y archivada después por el acuerdo secreto entre Netflix y la excampeona, se cruzan curiosamente porque, en la Edad Media, la dote nupcial de las georgianas incluía un juego de ajedrez. De ahí que las ajedrecistas de ese país caucásico sean tan idolatradas o más que sus colegas masculinos. Cabe preguntarse entonces por qué el mejor ajedrecista de Georgia nunca ha sido una mujer, y es probable que la respuesta tenga que ver con estereotipos o costumbres sociales, lo que quizá también sirva para explicar por qué en los países escandinavos -entre los más avanzados del mundo en igualdad de género- hay pocas mujeres en las carreras científicas.

La diferencia entre las fortísimas jugadoras georgianas y Judit Polgar es la educación. La húngara y sus dos hermanas fueron educadas en casa sin ir a la escuela excepto para los exámenes con dos objetivos elegidos por sus padres, ambos pedagogos de profesión: demostrar que los genios no nacen, se hacen con la educación; y que las mujeres pueden jugar tan bien como los hombres. La gran meta de Judit nunca fue ser campeona del mundo femenina, sino absoluta.

Lo que no admite dudas es la importancia que Gaprindashvili siempre dio a sus éxitos contra los hombres. Matnadze, viajera empedernida con una vida de película, campeona del mundo sub 10 tres años antes de enamorarse de España (1996), lo ilustra con una anécdota: “En 2002, a los 19, todavía con nacionalidad georgiana, gané la Primera Liga, que daba acceso a la final del Campeonato de Georgia Absoluto, superando a nueve hombres. La alegría de Nona como entrenadora era enorme. Cuando salimos del Palacio del Ajedrez en Tiflis había un montón de jugadores en la calle. Ella los miró a todos, llamó su atención, me señaló y les dijo: “No podéis reprochar nada a Ana. Os ha tratado a todos por igual”.

Fuentes próximas a Gaprindashvili que han pedido el anonimato dan por seguro que el pago de Netflix como indemnización en dólares se escribe con siete cifras. El ajedrez ha saltado ahora a los medios generalistas de medio mundo porque el campeón del mundo, el noruego Magnus Carlsen, acusa sin pruebas al estadounidense Hans Niemann, de 19 años, de haber hecho trampas cuando le ganó, el 4 de septiembre. Niemann, que estos días disputa el Campeonato de EEUU, no ha dicho aún si presentará una querella. Tiene un factor en contra: ha admitido que hizo trampas, solo en partidas por internet, a los 12 y a los 16 años, aunque asegura que nunca desde entonces. Y uno a favor: si Netflix ha accedido a pagar extrajudicialmente a Gaprindashvili es, en buena lógica, porque sus abogados dan por seguro que el juez hubiera sentenciado una indemnización de varios millones. ¿Cuánto vale el honor de Niemann?

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Leontxo García

Periodista especializado en ajedrez, en EL PAÍS desde 1985. Ha dado conferencias (y formado a más de 30.000 maestros en ajedrez educativo) en 30 países. Autor de 'Ajedrez y ciencia, pasiones mezcladas'. Consejero de la Federación Internacional de Ajedrez (FIDE) para ajedrez educativo. Medalla al Mérito Deportivo del Gobierno de España (2011).

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