100 días de oposición: políticos atomizados y empresarios más críticos

Los políticos de derecha en oposición aún no se cohesionan, mientras que los empresarios lideraron la crítica a la reforma tributaria

Protesta contra el Gobierno de Gustavo Petro en Bogotá, el 29 de octubre.
Protesta contra el Gobierno de Gustavo Petro en Bogotá, el 29 de octubre.Carlos Ortega (EFE)

Desde el 7 de agosto Colombia está aprendiendo a tener a su primer presidente de izquierda y al tiempo la derecha está aprendiendo a ser oposición a un Gobierno de ese tipo. “La oposición tiene que ser un poquito más inteligente”, dijo Gustavo Petro a los políticos que lo tildaron de narco cuando habló en la ONU en favor de acabar la guerra contra las drogas. Petro estuvo décadas en la oposición desde el Congreso y logró convertirse en una molesta piedra en el zapato para el expresidente Álvaro Uribe o su sucesor Iván Duque. El nuevo presidente, sin embargo, aún no tiene una piedra del mismo tamaño en sus zapatos.

La oposición no tiene un líder claro, ni tampoco una única estrategia. Algunos optaron por no intentarlo, como el ex candidato presidencial Rodolfo Hernández, que renunció a su curul en el Senado; otros optaron por dialogar respetuosamente con el que consideraban un enemigo acérrimo, como el expresidente Álvaro Uribe, que decía que Petro era un neocomunista y ahora pide que no se le estigmatice con ese adjetivo; y otros, que fueron críticos de Petro en campaña, se aliaron con el gobierno desde el primer día, como los partidos de La U, Conservador y Liberal.

Los resultados fueron diversos. Uribe, desprestigiado por la impopularidad del gobierno de su pupilo Iván Duque, la derrota electoral de su partido y las investigaciones penales en su contra, ganó un viento político al aceptar sentarse con Petro. Liberales, conservadores y La U consiguieron puestos a cambio de apoyo, y en algunos casos, pequeñas victorias: los conservadores lograron quitar el impuesto de renta a las pensiones más altas de la reforma tributaria, a pesar de que el Ministro de Hacienda y el presidente lo defendían.

Pero nadie se puede proclamar líder de la oposición. De acuerdo a la última encuesta de Invamer, la imagen desfavorable de Uribe se mantiene por encima del 50%, y dos de los senadores estrella de su partido, el Centro Democrático (Maria Fernanda Cabal y Miguel Uribe) también tienen una imagen más desfavorable que favorable. Germán Vargas Lleras, jefe del partido Cambio Radical que no se declaró en oposición sino en independencia, ha mantenido sostenidas críticas al Gobierno en su columna semanal, pero mantiene también una alta imagen desfavorable.

El presidente Gustavo Petro y el ex mandatario Álvaro Uribe.
El presidente Gustavo Petro y el ex mandatario Álvaro Uribe. GUSTAVO PETRO/TWITTER

Ningún político logró dominar tampoco el malestar en las calles por la inflación, el alza del dólar, o el posible freno a la explotación de hidrocarburos. Algunos organizaron manifestaciones precipitadas y desarticuladas, como el empresario Pierre Onzaga, y otros optaron por la burla fácil en redes. Cuando el Congreso estaba aprobando el Acuerdo de Escazú, congresistas de la derecha pusieron el foco no en el debate sino en las barras: dijo que allí se estaba haciendo brujería ambiental. “¡Esto es el colmo! Con brujería quieren aprobar proyecto en el Congreso de la República. ¿Hasta dónde son capaces de llegar?”, dijo el congresista Óscar Villamizar. Lo que había era un pequeño altar con una mandala y un muñeco alusivo al personaje Frailejón Ernesto Pérez. El video se hizo viral, el Acuerdo se hizo ley, y de la oposición solo quedó el chiste.

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“Aún hay una puja entre la oposición, siguen viendo quién da mensajes más atrevidos o quién se enfrenta mejor al Gobierno. Es un escenario normal cuando se quedó huérfana después de las elecciones presidenciales”, dice Angie González, docente de la Universidad Externado y consultora en comunicación política. Por huérfano se refiere que normalmente el líder de la oposición sería el segundo más votado a la presidencia, pero Rodolfo Hernández optó por no declararse oficialmente en oposición y abandonó su cargo legislativo. Yann Basset, profesor de la Universidad del Rosario, considera que con esa salida la oposición perdió una oportunidad. “Hernández tenía realmente un espacio político muy interesante para crear una oposición distinta”, dice Basset. “No se enfocaba en temas de paz o de seguridad, como el Centro Democrático, sino temas más económicos. Tenía un espacio fuerte para crecer, pero no lo quiso hacer”.

Buena parte del debate político en estos primeros 100 días giró alrededor de la reforma tributaria, la primera que presentó el Gobierno. En ese punto la oposición más fuerte no vino de los políticos sino de los gremios empresariales. “Los gremios siempre van a estar en contra de una reforma tributaria, pero antes eran muy cercanos al Gobierno. Es obvio que en este Gobierno el diálogo es más complicado”, dice Basset. “Los empresarios están ajustándose porque ya no estamos en el escenario en el que los intereses gremiales están fusionados con los del Gobierno”.

Aunque el gobierno se sentó con ellos a discutir la reforma, los voceros de la ANDI (la Asociación Nacional de Empresarios de Colombia, un poderoso gremio sombrilla que agrupa diversos sectores) o de Fenalco (Federación Nacional de Comerciantes) estuvieron activamente alertando ante los medios de los riesgos económicos. Bruce Mac Master, el presidente de la ANDI, fue el protagonista más visible durante la discusiones; el expresidente Ernesto Samper, aliado de Petro, incluso lo llamó “el jefe de la oposición”.

El representante de la ANDI, que se reunió varias veces con el Gobierno, dijo en el proceso que los Ministros “han sido oídos sordos a prácticamente todas las preocupaciones que se han planteado”. Mac Master entró en un largo debate técnico con el Ministro de Hacienda sobre la tasa efectiva de tributación que tendrán ahora las empresas —la ANDI decía que quedaría por encima del 60%, el gobierno que quedaría en un 22%— y sobre el riesgo de subir los impuestos a los hidrocarburos en medio de la crisis actual.

Fue la relación más tensa del Gobierno con un sector crítico que teme una desaceleración de la economía con la reforma. “Perdón que lo diga, pero eso es lo que está generando pánico innecesario”, dijo el ministro Ocampo sobre Mac Master después de aprobada la tributaria, en entrevista con El Espectador. Cuando le preguntaron por la dramática devaluación del peso, dijo que puede haber varios factores, incluyendo “el pánico que han generado algunos segmentos de la oposición y el sector privado”.

Mac Master le respondió inmediatamente, en El Tiempo: “No deberíamos caer en calificar de generador de pánico a cualquiera que eventualmente critique al Gobierno o haga una propuesta distinta. Creo que es un error grande y en contra de la democracia que vale la pena evitar”. Esta pelea por buscar al culpable del miedo que tienen los mercados terminó mal. Por un lado, Ocampo ahora dice que sus encuentros con Mac Master están “interrumpidos” hasta que “tenga alguna cosa positiva que decirme”. Por otro lado, después de que el asesor empresarial de Petro, Juan Fernández, cuestionara que Mac Master fuera el interlocutor válido de los empresarios, la junta directiva de la ANDI rechazó ese señalamiento y ratificó a su presidente. Mac Master es el vocero válido, y seguirá siendo crítico.

“Me impresionó mucho que cuando el asesor insinuó que lo cambiaran, lo ratificaron, lo respaldaron, cuando en Colombia había una tradición que cuando un presidente se sentía incómodo con el dirigente de la ANDI, se cambiaba”, dice el analista político Andrés Mejía Vergnaud. Dejando a los gremios de lado, Vergnaud explica que si bien la oposición política ha estado “fragmentada, desestructurada y dividida, fracturada” hasta ahora, cuenta con una semilla para fortalecerse para las elecciones locales de octubre del próximo año. Las dos marchas apresuradas contra el Gobierno en estos primeros 100 días tuvieron algo de éxito en ciudades dirigidas por alcaldes desprestigiados y alineados con el gobierno, como Cali y Medellín.

“Era muy temprano para una marcha, que deben normalmente recoger un descontento acumulado. Creo que la derecha está desgastando el mecanismo, porque la derecha en Colombia no marcha, no sabe organizarse para eso”, dice Vergnaud. “Pero la primera marcha tuvo más gente de lo que se esperaba porque se mezcló con el descontento contra los alcaldes de Medellín y Cali. Lo peor que le podría pasar al petrismo a futuro es que pierda una alcaldía como la de Cali, la ciudad protagonista del estallido social. Las elecciones de octubre siempre son muy traicioneras, se apartan mucho de la tendencia política nacional, y ahí podría recibir un golpe la centro izquierda e izquierda”. La oposición en Colombia no encuentra aún a su líder, ni su discurso, pero tiene casi un año para encontrarlos antes de las elecciones locales.

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