Las mujeres latinoamericanas deben ser el centro de la recuperación poscovid

La mejor manera de celebrar el Día Internacional de la Mujer es tomando medidas inmediatas para promover la igualdad de género

Mujer carpintera en México.
Mujer carpintera en México.Jessica Belmont

Hoy en día, los avances logrados en términos de recortar la brecha de género en América Latina y el Caribe corren el riesgo de revertirse. Las mujeres y las jóvenes de la región ven cómo la oportunidad de alcanzar su potencial pleno se restringe como resultado de los impactos persistentes de la pandemia, inflación, guerra incipiente y aumento de los riesgos climáticos.

El Día Internacional de la Mujer, 8 de marzo, también marca el segundo aniversario de las restricciones relacionadas con el coronavirus impuestas en todo el mundo. A medida que los países de América Latina y el Caribe emergen de la pandemia, es una buena oportunidad para hacer un llamado enérgico a la acción: las mujeres deben ser el centro de la recuperación poscovid.

Los últimos dos años han sido difíciles para todos, aunque han sido particularmente complicados para las mujeres. Ellas han sido también las más afectadas en términos de pérdidas de empleo e ingreso. Un estudio del Banco Mundial mediante encuestas de alta frecuencia advirtió el año pasado que las mujeres trabajadoras de Latinoamérica tuvieron un 44 % más de posibilidades que los hombres de perder su puesto de trabajo al inicio de la crisis. A medida que la situación evolucionó, los trabajadores que habían perdido temporalmente su empleo comenzaron a volver a su trabajo. Pero la diferencia entre hombres y mujeres persistió.

Un año más tarde, una nueva ronda de encuestas sigue mostrando resultados desalentadores: las pérdidas de empleo son mucho más elevadas (2,5 veces) entre las mujeres que entre los hombres.

¿Por qué es tan difícil para las mujeres recuperarse de esta crisis? Un aumento en las tareas de cuidado familiar y la lenta recuperación de sectores que principalmente emplean a mujeres en parte explican estos números.

A pesar de la difícil situación, confío en que podremos revertir este escenario de la misma forma en que veníamos haciéndolo antes de esta pandemia, cuando los países de la región estaban logrando avances significativos en términos de recortar las persistentes brechas de género.

Indicadores de nuestras fichas de puntuación de género, un recurso que compara datos de género en 29 países de América Latina y el Caribe a través de indicadores de dotación de capital humano, oportunidades económicas y voz y agencia, describen una región que avanzaba firmemente hacia una participación más equilibrada entre hombres y mujeres en las estructuras de toma de decisiones.

Por ejemplo, entre 2000 y 2020, el porcentaje de escaños ocupados por mujeres en el poder legislativo boliviano aumentó de 11,5 % a 46,2 %, 24,4 puntos porcentuales por encima del promedio para los países de ingreso bajo y mediano.

Los avances logrados por las mujeres en términos de logros educativos son indiscutibles. En muchos países, las mujeres recortaron la brecha de género en logros educativos hasta superar incluso a los hombres en tasa de matriculación y de finalización en los niveles secundario y terciario. Por ejemplo, en Jamaica, las mujeres jóvenes son ligeramente más propensas que los hombres jóvenes a finalizar el nivel secundario inferior (84,7 % vs. 83,4 %, respectivamente).

Empoderar a las mujeres

Alcanzar la igualdad de género requiere de políticas creativas y un compromiso firme. La pandemia parece haber dado lugar a pequeños cambios positivos en algunas dimensiones importantes del empoderamiento femenino.

Un cambio importante es que los hombres incrementaron su participación en los trabajos del hogar y en los cuidados familiares no remunerados, al principio como resultado de los confinamientos, y posteriormente durante la pandemia. Si bien el porcentaje de individuos que reportan un aumento en el tiempo que dedican a cuidar de la familia sigue siendo más alto entre las mujeres que los hombres en toda América Latina y el Caribe (53 % y 42 %, respectivamente), la mayor participación de los hombres en las tareas de cuidado representa una oportunidad para asegurar que este cambio sea permanente y, eventualmente, que este tipo de labor sea distribuida equitativamente.

La pandemia también aceleró el ritmo al que los países adoptan las tecnologías digitales, algo que derivó en un aumento de casi diez veces en la frecuencia de teletrabajo en la región. Esta modalidad de trabajo supone ciertas ventajas, especialmente para las mujeres, tales como flexibilidad horaria y la posibilidad de reconciliar el trabajo remunerado con las responsabilidades de cuidado familiar.

De manera importante, a medida que aumenta la evidencia, los Gobiernos y el sector privado obtienen nuevos conocimientos sobre cómo esta pandemia está transformando las vidas de hombres y mujeres, adoptando medidas apropiadas para responder a las brechas existentes.

Por ejemplo, Colombia aprobó medidas que prohíben la discriminación en contra del acceso de las mujeres al empleo, introdujo licencias parentales compartidas y elevó la duración de la licencia paternal para fomentar el reparto justo de los cuidados familiares no remunerados. En Ecuador, Produbanco, un banco local de gran tamaño, está proporcionando créditos nuevos a empresas —en particular micro, pequeñas y medianas empresas (mipymes) propiedad de mujeres— cuyos flujos de caja hayan sido trastocados por la pandemia de la covid-19.

Todavía podemos y debemos hacer mucho más, en beneficio de todos: alcanzar la igualdad de género podría elevar el capital humano en un 21,7 % a nivel global y la riqueza total en 14 %.

La mejor manera de celebrar el Día Internacional de la Mujer es tomando medidas inmediatas para promover la igualdad de género, ahora que lo peor de la pandemia ya pasó, con el fin de asegurar un futuro más inclusivo y sostenible. Y las mujeres deben ser el centro de ese futuro.

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