EN POCAS PALABRAS

Alba Cid: “Las redes sociales son un pasadizo a infinitas bibliotecas”

La autora gallega acaba de recibir el Premio Nacional de Poesía Joven

Alba Cid, vista por Setanta.
Alba Cid, vista por Setanta.SETANTA

Desde muy joven, Alba Cid (Ourense, 1989) ha destacado entre las nuevas voces de la poesía española. Ahora acaba de ser galardonada con el Premio Nacional de Poesía Joven por su libro Atlas.

¿Qué o quién le llevó a escribir poesía?

La curiosidad. Ese ejercicio de comprensión profundo y sorprendente que es siempre el proceso de escritura de un poema.

Su libro Atlas se presenta un mapa emocional de la realidad. ¿Escribir es una forma de viajar para usted?

Más que trazar un “mapa emocional de la realidad”, creo que Atlas replica y modula historias naturales y prácticas culturales distantes, mezcla historia y ficción, tira del hilo de diferentes etimologías y vestigios. Sostiene en la mano palabras, imágenes y objetos para cuestionarlos, para intentar apropiarse de su historia, siempre contradictoria, y ese gesto es ya un viaje.

Le han dado el Premio Nacional de Poesía Joven. ¿Hay una poesía joven y otra vieja?

Mmm... diría que hay una poesía que se hace cargo de ciertas rupturas que han marcado la poesía contemporánea (explorando diferentes vías, desde la hibridación enunciativa a posturas no-líricas) y otra que no. Pero en ambas vertientes existe buena poesía.

¿A quién destacaría entre las nuevas generaciones de poetas?

Con los ojos cerrados, Berta García Faet, Unai Velasco, Ismael Ramos, Juan Andrés García Román y Tatiana Faia.

¿Hay algo que les defina, algún rasgo en común?

Se me ocurre que la mayoría de los poetas que me entusiasman eligen trascender el escepticismo, pueden ser tan minuciosos como divertidos, “se manchan” en el proceso de escritura y funcionan siempre como prismas: por detrás de sus poemas asoman muchísimos otros textos, artes y tradiciones.

¿Y quién de generaciones anteriores le ha marcado más?

Han dejado una huella indeleble Marianne Moore y Anne Carson, Elias Canetti y Antonio Gamoneda. No hay mes que no vuelva a John Ashbery.

Muchos nuevos poetas encuentran en Youtube y las redes sociales un canal de difusión que no les da el libro. ¿Se escribe o se piensa distinto un poema según el medio en el que va a ser divulgado?

Seguramente, claro. Más allá de los eternos debates, de lo pernicioso de la superficialidad y la inmediatez, yo reivindicaría las redes como un espacio de encuentro, como el pasadizo a infinitas bibliotecas.

¿Qué libro tiene en su mesilla de noche?

Hay varios reclamando mi atención. En lo alto, El mundo roto. Tres epistolarios románticos. Lord Byron, John Keats, Mary & Percy Shelley (Alpha Decay) y A Treatise on Stars, el último poemario de Mei-Mei Berssenbrugge (New Directions).

¿Cuál no pudo terminar?

Tiendo a olvidar los libros que abandono, pero elijo ser clemente en este punto, porque podemos volver a ellos en momentos distintos, siendo ya otras, e incluso terminarlos.

¿En qué película se quedaría a vivir?

Celebraría una tarde de cumpleaños en alguna escena de Wes Anderson; destinaría un día a dar rodeos cautelosos por la Zona de Stalker.

¿Qué canción o tema musical elegiría como autorretrato?

Quizá uno de los temas de Ernest Hood en Neighborhoods. Curiosamente, Atlas sí tiene un autorretrato confeso, como se incluye en el colofón: “Batiscafo katiuscas/ fas un atles visionari”, ese tesoro de los Antònia Font.

¿Qué encargo no aceptaría jamás?

Tal vez uno que no despertase nada en mí.

¿Qué está socialmente sobrevalorado?

Hoy en día, la sobreexposición y la inmediatez.

¿A quién le daría el Premio Nacional de Poesía el año que viene?

Sé que los últimos dos años han sido propicios, con Olga Novo y Pilar Pallarés, pero me gustaría creer que esta mirada al panorama poético gallego no acaba aquí, que su vitalidad y heterogeneidad seguirán reconociéndose.

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