LIBROS | ENTREVISTA

“El terror es, en el fondo, una disculpa para pasarlo bien”

El guionista Luiso Berdejo, detrás de ‘[Rec]’ o ‘La trinchera infinita’, debuta en la novela con ‘La puerta del frío’, un relato de horror lleno de comedia

El cineasta Luiso Berdejo, en su casa en Los Ángeles.
El cineasta Luiso Berdejo, en su casa en Los Ángeles.Beatriz Colomar

Que la vida es una mezcla de géneros es algo que a Luiso Berdejo (San Sebastián, 45 años) le quedó claro el día que sufrió un ataque de risa en medio del funeral de su abuela. El guionista y director, habitante desde hace 15 años de ese ecosistema tan competitivo como fascinante que es Hollywood, llega ahora a las librerías con su debut como novelista, La puerta del frío, que Minotauro publica esta semana y que sigue esa máxima: se trata de una mezcla de aventuras, drama, estudio de personajes, mucho humor y, como no podía ser de otra manera viniendo de una de las mentes creadoras de [Rec], terror. Un terror que lo impregna todo pero que es, en palabras del autor, “una disculpa para pasarlo bien”.

La puerta del frío cuenta la historia de Santa, un ornitólogo que pretende crear un compendio de cantos y sonidos de las aves de los bosques del País Vasco, al que una psicofonía filtrada en una de sus grabaciones le llevará a internarse en los secretos y leyendas que guarda el abandonado pueblo de Ochate. “Sobre todo, he intentado entretener. Entretener es, creo, un imperativo moral para los que tenemos la posibilidad de llegar al público”, señala Berdejo al otro lado de la llamada de Zoom y del mundo, en Los Ángeles, donde reside desde hace década y media. Lo cierto es que, si hablamos de entretener, a lo largo de su carrera Berdejo ha entretenido un rato: director de La otra hija (2009, protagonizada por Kevin Costner), guionista de bombazos que van de [Rec] (2007) a La trinchera infinita (2019, candidata española a los Oscar), pasando por la adaptación cinematográfica del fenómeno literario de la trilogía del Baztán (2017-2020), de Dolores Redondo, a lo largo de su carrera ha demostrado saber cómo enganchar al espectador a la butaca.

Exceptuando algunos cuentos, La puerta del frío es su primera incursión en el mundo de la narrativa, y Berdejo explica que ha sido una experiencia muy distinta a su trabajo habitual como guionista. ¿Cuál ha sido el mayor cambio? “Sobre todo, el grado de libertad individual”. Porque el cine, ya se sabe, es un arte colectivo. Después de tantos años de injerencias, de “notas de los inversores, de peticiones de los productores, de cambios de guion de los directores, ahora ha sido una experiencia completamente libre, un ejercicio de creación completa sin estar pendiente del qué dirán”. Berdejo, que en el cine se define como un profesional —”hago exactamente aquello para lo que me contratan”— cree que, si tiene alguna virtud en su vida, esas son la paciencia y la perspectiva. Lector insaciable de cómics, confiesa que su máxima influencia es el silencio, y confiesa también que con lo que más disfruta es el proceso creativo. Ya sea en un guion, un proyecto de película o, como en este caso, la novela, a la que ha querido imprimir “literatura elaborada, pero ritmo cinematográfico”.

Minotauro

La novela no es la única novedad para él. Desde que comenzó la pandemia, ha descubierto su amor por la cocina, y no es lo único que ha cambiado en su vida durante este tiempo. En brazos tiene al pequeño Bastian, de tres meses, que crecerá en Los Ángeles, esa “lonja audiovisual en la que uno sale a venderse como si fuera un besugo”. ¿Tan duro es aquello? “La vida en Los Ángeles es una vorágine de proyectos, de ideas, de reuniones, de comidas en hoteles caros”, explica. “Pero una vida en la que no hay que creerse nada hasta que te pagan. Dice Oliver Stone que ha podido hacer una de cada cinco películas que ha preparado. Hay muchos proyectos a tu alrededor, muchas cosas por las que cobras y en las que trabajas durante mucho tiempo y que al final no salen, pero lo bueno que tiene Estados Unidos es la asunción de la idea de que un proyecto que no ve la luz ayuda tanto a tu crecimiento y leyenda como uno exitoso”, se sincera. “Al final, lo importante es darse cuenta de que un guionista no deja de ser alguien trabajando en su casa con sus propios horarios”. Algo que casa bien con la imagen que tenemos de un escritor.

¿Una lectura reciente en clave de terror que recomiende? “Cualquier cómic de Junji Ito… Y aunque no son muy recientes, sigo pensando en el cómic Providence, de Alan Moore y Jacen Burrows; así como en Harrow County, de Cullen Bunn y Tyler Crook”. ¿La película que espera con más ganas cuando pase la pandemia? “Pues quizá la próxima de Godzilla: Godzilla vs. Kong”. ¿Ha notado algún cambio con el cambio, valga la redundancia, de inquilino en la Casa Blanca? “Pues sí. No tanto en la calle, pero en el ambiente, en la televisión, hay mucha menos crispación”. ¿Es mejor la industria cinematográfica española o la estadounidense? “Lo de mejor es muy subjetivo. Lo que sí te puedo decir es que en España hay más enchufes y menos meritocracia. Lo que no quiere decir que aquí no existan los enchufes también, claro”. Y por último, ¿qué es lo mejor de escribir una novela como esta? Se lo piensa: “Disfrutar del egoísmo generoso de hacer el libro que como lector me gustaría encontrarme en una librería”.

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Sobre la firma

Jorge Morla

Jorge Morla es redactor de EL PAÍS. Desde 2014 ha pasado por Babelia, Cierre o Internacional, y colabora en diferentes suplementos. Desde 2016 se ocupa también de la información sobre videojuegos, y ejerce de divulgador cultural en charlas y exposiciones. Es licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense y Máster de Periodismo de EL PAÍS.

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