El viaje al fin de la noche

Escribiendo de Van Gogh, de su extraordinaria vida miserable, Javier Santiso ha perseguido una pregunta: ¿de qué color es la luz del pintor, incluso cuando pareció apagada?

Javier Santiso, retratado este 2021.
Javier Santiso, retratado este 2021.Olmo Calvo

La escritura es una rasgadura en la noche. Lo es Vivir con el corazón, de Javier Santiso, un monólogo privado de la respiración artificial que los puntos y aparte conceden a las frases. Latidos del corazón desbocado, desde el primer latigazo se refieren al personaje que fue Van Gogh y en un instante resulta notorio que solo es él quien lo dice. Se sabe que, una vez escrita en la pared, con el bolígrafo o con el lápiz, ya para siempre ese verso mantiene su huella, aunque lo borres y lo borres y lo borres; estos versos que son apócopes de una desesperación y de un abrazo nacen del poeta que los escribe, pero, si un día el libro desapareciera bajo las explosiones del tiempo, alguien algún día podrá rastrear en ellos lo que es de Santiso y lo que es de Van Gogh, que al final habrán sido protagonistas de la misma pasión: hallar de qué sangre es verdaderamente la palabra amor. Lewis Carroll decía, y lo practicó el pintor español Luis Fernández, que le gustaría saber de qué color es la luz de una vela cuando está apagada. Escribiendo de Van Gogh, de su extraordinaria vida miserable, Santiso ha perseguido igual virtud: ¿de qué color es la luz de Van Gogh, incluso cuando pareció apagada?

En esta colección apasionada de palabras se halla la respuesta, pero, como el grafiti hallado por Adoum en una pared de Quito (“Cuando teníamos las respuestas nos cambiaron las preguntas”), cuando crees estar seguro de la identidad de la herencia del pintor volverán a surgir preguntas nuevas, que también están como interrogantes en el libro. Y así sucesivamente. Un poema —y esta novela tiene mucho de poema— nunca acaba. Y si es sobre el color, este siempre se resolverá en mil pedazos, una especie de luz diversa que no se detiene nunca y que alumbra aquí al escritor y al pintor bajo el mismo y extraordinario candil. Ese candil es el que le da fuerza a Santiso para obligarse a mantenerse como el autor apasionado de una carta a cuyo ritmo se obliga como si de sus palabras dependiera la supervivencia del que le escucha. Al final del Ulises, James Joyce declara que ya no se puede más. En el caso de Vivir con el corazón, lo que hace el autor es mezclar su sangre con la del pintor para juntarse en la confluencia que la pintura y la poesía han ido intentando a lo largo del más de centenar de páginas que tiene este texto obligado por la música a ser también un concierto de colores escuchados al borde de un abismo.

Es verdad que todo libro, cuando hunde su raíz en lo que escucha el oído del hombre que ha probado la herida de escribir de solitarios, es al fin del que lo lee, pues este en algún momento se confunde con el lamento o el grito que contiene el texto con lo que uno mismo sabe que le pasó también o que quizá le sucederá algún día, quizá enseguida. Santiso se ha mezclado con ese lector, así que en algún momento es Van Gogh, el propio Santiso y la persona que, marcada por dolores o ansiedades que vienen del sol y del mar y de la soledad, leyó este libro y ahora agradece que se haya escrito como si le hubieran regalado un espejo de las locuras de amor que aquí se transcriben.

Vivir con el corazón 

Autor: Javier Santiso.
Editorial: La Huerta Grande, 2021.
Formato: 123 páginas. 18 euros.


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