‘El baile del agua’, un canto de amor y redención sobre el dolor de la esclavitud

La nueva novela de Ta-Nehisi Coates, autor de ‘Entre el mundo y yo’, no disimula la brutalidad de los hechos históricos ni tampoco renuncia a la parte testimonial

El autor Ta-Nehisi Coates, retratado en Nueva York en 2020.
El autor Ta-Nehisi Coates, retratado en Nueva York en 2020.Elias Williams (The Washington Post via Getty Images)

La literatura norteamericana de color (pido disculpas por el eufemismo, pero en este mundo actual tan susceptible uno ya no sabe cómo decir las cosas) tiene sobre sus espaldas una narrativa verdaderamente potente. Ta-Nehisi Coates es un autor destacado que ha escrito una novela de corte testimonial inequívocamente literaria. Pienso ahora en una novela también testimonial aparecida en España el pasado año: La calle, de Ann Petry, de una potencia literaria sobrecogedora. El baile del agua le anda a la zaga siendo muy distinta; mientras la intención de la primera es mostrar un mundo en el que la suma de pobreza y negritud es un círculo infernal sin salida, esta novela de Ta-Nehisi Coates es, por el contrario, un canto de amor y redención, que ni disimula la brutalidad y el dolor de la esclavitud ni renuncia a la parte testimonial. Ambas novelas son un testimonio, sí, pero ante todo son una creación literaria ejemplar.

El baile del agua es una novela muy elaborada literariamente como cabe esperar de una persona como su autor, hombre de cultura y editor principal de la prestigiosa revista The Atlantic. Se divide en tres partes: la primera es la presentación del personaje, su ambiente (una plantación virginiana de tabaco) y la exposición de las tres clases sociales que habitan ese territorio, denominadas la Alta Cuna (esto es: la aristocracia sureña), la Baja Estofa (los blancos pobres) y la Servidumbre (los esclavos). Virginia es ahora una tierra sobreexplotada que apenas produce beneficio, de la que la Alta Cuna va poco a poco emigrando a otros lugares más productivos para ellos. La pauperización de la tierra hace que los terratenientes vayan vendiendo a sus mejores esclavos en mercados cercanos, como el de Natchez, como a la madre de Hiram.

Hiram Walker, el narrador y personaje central, es un esclavo producto de la relación de concubinato de su madre con el dueño de la plantación, por lo que lleva su apellido. Su hermanastro Maynard Walker, el heredero de la tierra, es un joven blanco disoluto, poco apreciado por la Alta Cuna debido a su mala educación y a que se junta a menudo con la Baja Estofa al sentirse ninguneado por los suyos. Su padre ha elegido para él a una señorita sureña de fortuna, Corrine Quinn, con la que espera casarse. Pero un día que vuelven de una francachela, Hiram Walker, a su servicio, lo recoge en la calesa y, al cruzar el puente sobre el río Goose, la calesa cae al agua y Hiram, que intenta salvar a Maynard, a duras penas consigue librarse de la corriente que lo arrastra. El padre se desmorona y como otros viejos propietarios tampoco se decide a partir de la zona. Solo le queda Hiram, el hijo bastardo, al que se encomienda, pero sin liberarlo de la esclavitud. En esta parte el autor traza el escenario, el modo de vida de cada una de las clases y dibuja el escenario. Hiram oye hablar de una abuela que hizo escapar a más de 40 esclavos hacia el norte y poco a poco surge la imagen del Tren Subterráneo, que es el mito de la escapada.

En la segunda parte es donde divergen las novelas de Petry y Coates. Hiram huye de la plantación con una concubina de su tío, Sophia, pero son traicionados y devueltos al castigo. El Tren Subterráneo se convierte en una obsesión hasta que descubre que es una asociación dedicada a liberar esclavos. La historia da un vuelco con este remedo de Pimpinela Escarlata. Es un momento difícil porque puede desviarse en un relato de aventuras e intriga que debilitaría la novela, pero Coates lo solventa vigorosamente. El relato se convierte en el rescate de Hiram y su iniciación en el Tren Subterráneo como agente del mismo. El asunto da un cambio severo, pero la situación de esclavitud se mantiene, solo que ahora vista desde fuera, desde un agente activo del Tren, y la historia no pierde potencia porque ahora se apoya en la evolución del pensamiento y la conciencia de Hiram. Y hay un significativo cambio de estilo: se vuelve más ritualista, opera como una invocación salmódica, una oración por los vivos y los muertos, mientras el Tren desarrolla las operaciones de salvamento de los esclavos. Y aquí es donde debo detenerme para no desvelar sorpresas.

La novela se convierte ahora en la creación de la conciencia de Hiram, y su redención de la culpa y el odio, nacidos en la esclavitud, se convierte en una peculiar historia de amor por su gente y de comprensión por el verdadero sentido de su dolor. Y en toda esta parte aparece una visión mística y mistérica del origen africano, que se manifiesta en favor de Hiram, su madre adoptiva y Sophia, y su hija también bastarda y a la que Hiram acogerá. No es un final feliz, es un deseo expresado como final feliz en un mundo que tiene mucho de mágico, de invocación de lo ancestral, de fe en suma, que recoge los sueños, la imaginación y la realidad de Hiram. Lo intuye desde el principio, cuando dice: “Pasaba siempre. La gente hablaba conmigo. Me contaban sus historias, me las daban para que se las guardara, y eso hacía yo, siempre escuchando, siempre recordando”.

Portada de 'El baile del agua' de Ta-Nehisi Coates.

El baile del agua 

Autor: Ta-Nehisi Coates.


Traducción: Javier Calvo.


Editorial: Seix Barral, 2022.


Formato: tapa blanda (528 páginas, 22,50 euros) y e-book (9,99 euros).

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