En los cuentos de José Ovejero, nada es solo lo que parece

El autor entrega en ‘Mientras estamos muertos’ un libro de relatos que es como un animal vivo que se revuelve y nos muerde

El autor madrileño José Ovejero.
El autor madrileño José Ovejero.Isabel Wagemann

Apenas un año después de la publicación de su novela Humo, José Ovejero entrega un volumen de relatos para la editorial especializada en el cuento en español, Páginas de Espuma. El anterior volumen de Ovejero para ellos le supuso el Premio Setenil a Mejor Libro de Cuentos del año con Mundo extraño en 2018.

El escritor madrileño frecuenta además de esos géneros, la poesía, el teatro, el ensayo o las colaboraciones como articulista en numerosos medios de comunicación del país. Novelas suyas han sido premiadas —Las vidas ajenas, 2005 y La invención del amor, 2013— y libros de ensayo —La ética de la crueldad, 2012— entre otros.

La lectura de Mientras estamos muertos en sus primeros cuentos desconcierta. Asistimos a lo que parece el enésimo álbum de cromos de infancia tardofranquista, envuelta en crueldad y paredes grises. No es que ninguna de las cuatro primeras narraciones resulte fallida pero nos asemejan ejercicios eficaces que un escritor como Ovejero pudiera entregarnos pero también cualquier otro con un mínimo de solvencia. Sin embargo, y por sorpresa, nos damos cuenta de que este libro de cuentos es un animal vivo que se revuelve y nos muerde, con una voz y un pulso que esta vez, sí, es José Ovejero, desbaratando las paredes del escenario. Quien nos pregunta, busca para perder y encontrar, quien abre el zoom hasta que los bordes de la fotografía de lo individual se quema en lo social, en lo económico, la lacra de dónde vienes, a qué hueles, qué puedes llegar a hacer, lanzando autobiografía y ficción como juego de paralelas.

La voz que nos sirve de guía es áspera y valiente. Nos puede la honestidad de su mirada, más cuando trata de aceptar la ternura que cuando exhibe la minusvalía emocional como refugio o excusa. Una voz narrativa que exhibe lo verosímil de una verdad inventada, de las cosas pequeñas que uno trata de no romper al ser vividas mucho más que los ejercicios pornográficos de redención habituales. El tono, el ejercicio de respiración dentro de una bolsa de plástico al que nos somete Ovejero al leerle, nos lleva a un lugar en el que nos damos cuenta que como todo libro éste será también truco y atajo pero no mentira vanidosa, porque para él la escritura es “un pasillo por el que acceder a las habitaciones cerradas de mi vida, como individuo y como parte de la sociedad”.

El latigazo que nos da el libro a partir de un determinado cuento, que nos hace perder los cómodos referentes del principio ya no nos abandona hasta el final. Los mejores cuentos del lote (‘Todo lo que sucede…’, ‘Los cuentos que nos contamos mientras estamos muertos’, ‘Tres momentos en los que iba a estar muerto’, ‘Breve historia de mi ascensión social’ o ‘Él, ella’) se suceden, no solo como construcción y desconstrucción del mundo propio y del ajeno, lo autobiográfico y la ficción, sino como juego de espejos en el que sin ser engaño, nada es solo lo que parece. Y eso también va respecto a nuestra propia lectura de sus primeras páginas, al organismo vivo que pareció en piloto automático al principio y que era, sino un cierto riesgo en el salto.

Portada libro 'Mientras estamos muertos', de José Ovejero

Mientras estamos muertos 

José Ovejero 
Páginas de Espuma, 2022
160 páginas. 17 euros

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