La reforma agraria y los límites de la Segunda República

Ricardo Robledo publica una ambiciosa monografía sobre una cuestión que fue el símbolo más notorio del programa transformador progresista y después se instrumentalizó para explicar el colapso del régimen

Muertos en la revuelta de Casas Viejas (Cádiz), en el cementerio del pueblo en enero de 1933.
Muertos en la revuelta de Casas Viejas (Cádiz), en el cementerio del pueblo en enero de 1933.

Son unas “Notas e impresiones” del capitán Julio Ramos, instructor en la causa del suceso traumático y paradigmático que fue Casas Viejas. No es fácil llegar al informe, está reproducido en uno de los múltiples apéndices de este libro de historia dura. Pero el testimonio escrito por este militar católico y republicano concentra algunas de las claves de la esperanza frustrada que se reconstruye con todo detalle en La tierra es vuestra. Casas Viejas no es el único caso de violencia entre pobres, básicamente campesinos, y la Guardia Civil durante esos años, pero pocos como aquel fueron tan instrumentalizados —en las Cortes, en la prensa— para impugnar políticas progresistas republicanas. Ramos visita la aldea, habla con unos y con otros, constata la miseria e intenta comprender “el estado económico y social” de los habitantes de la aldea. “Al proclamarse la Republica concibieron estos hombres un mundo de esperanzas. Repetimos que ni son anarquistas, ni sindicalistas, ni nada. Son unos desgraciados, faltos de todo bien moral y material. Y para ellos cualquier situación o cualquier cambio lo consideran mejor”. La espera del cambio en el campo andaluz ya era casi secular.

En 1978 Ricardo Robledo leyó la tesis sobre la renta de la tierra en la sociedad castellana durante el período de la Restauración. Desde entonces no ha parado de investigar ese campo. El eje de su larga trayectoria como historiador, además de su Salamanca, ha sido la cuestión agraria en España. Ahora publica una ambiciosa monografía sobre el momento en que dicha cuestión fue auténticamente palpitante.

Como escribe González Calleja en el prólogo, “la reforma agraria fue la clave de bóveda y el símbolo más notorio del programa transformador implementado por la Segunda República española”. La paradoja es que su fracaso ha sido instrumentalizado por la historiografía revisionista para explicar de una manera causal el colapso del régimen, dejando en una posición secundaria la oposición en diversos frentes contra los diversos proyectos y reformas aprobadas durante el período. Contra ese relato aquí se acumulan saberes de distintos ámbitos y se propone una interpretación no unidireccional. En el libro se desentierran las raíces ideológicas del Costa regeneracionista que diagnosticó el problema, se resiguen con minuciosidad las comisiones creadas y los latosos debates parlamentarios (también sobre legislación laboral), se analiza la cuestión demográfica (conectada con la España vacía de hoy) o se tiene en cuenta también si la cosecha de un año fue mejor o peor para interpretar el nivel mayor o menor de protesta social.

No es cierto que las reformas desconectasen a los pequeños cultivadores del nuevo régimen. Precisamente ellos serían republicanos en un país donde la política reformista a muchos les parecía poco y a otros demasiado. La decepción la sufrieron las capas más pobres del campo. La tuvieron muy pronto porque costaba implementar cambios desde el gobierno y la pobreza seguía siendo cotidianeidad y motor de radicalización. Lo veía en directo Azaña, lo certifica Robledo. “La creencia de aquellos campesinos andaluces en que la Republica, inexorablemente, les daría la tierra de inmediato y se suprimiría la Guardia Civil iba alimentando la frustración”. Las tensiones con la Guardia Civil, que tantas veces desembocaron en muertos, crearon un clima antirrepublicano que, en sentido opuesto, alimentaron los grandes propietarios. “Patronos dicen que mientras dispongan de la Guardia Civil no cumplirán leyes sociales” se lee en un telegrama enviado desde Sorihuela de Guadalimar. El régimen, más allá de parches y palabras, no tenía fuerza para imponer cambios profundos. “No hay reforma en gran escala, en un país mayoritariamente rural, que no exija algún grado de violencia”. Su monopolio nunca estuvo al servicio de la construcción de un estado democrático.

Portada libro 'La tierra es vuestra. La reforma agraria. Un problema no resuelto. España, 1900-1950', de Ricardo Robledo

La tierra es vuestra 

Ricardo Robledo 
Pasado & Presente, 2022
606 páginas. 35 euros

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Sobre la firma

Jordi Amat

Filólogo hispánico reconvertido en opinador y crítico literario. Los sábados publica reseñas sobre no ficción en Babelia y los domingos una columna buscando las raíces de la actualidad política. Ha estudiado la reconstrucción de la cultura democrática catalana y española, y su último libro es la novela de hechos reales 'El hijo del chofer'.

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