Cómo reunirme con mis amigas en torno a un trozo de cartulina me ha hecho soñar con un 2021 mejor

Se llama ‘vision board’ o tablero de los deseos, y puede ser de gran ayuda para enfocarnos en nuestros objetivos en este nuevo año

We Are / getty

Dan las seis y mis amigas acaban de llegar a casa. En tiempos de pandemia lo mejor es reunirse pronto y con poca gente. Merendamos con un vermut mientras recortamos imágenes de revistas que nos gustaría materializar en 2021: un avión que representa un viaje a París, Nueva York, México... El coche y las joyas simbolizan una economía boyante, las fotografías de grupos de personas felices son la imagen del bienestar, las de parejas envidiables están ahí porque deseamos encontrar el verdadero amor, o algo que se le parezca. Nunca imaginé que un ritual millenial me engancharía tanto.

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Estamos elaborando un ‘vision board’ o tablero de los deseos, una práctica que se puso de moda hace unos años y que se basa en la ley de la atracción (una creencia totalmente pseudocientífica —todo hay que decirlo— de que los pensamientos influyen sobre las vidas de las personas y que cuando deseamos algo con suficiente claridad y perseverancia, la fuerza del universo lo materializa). Mientras recorto y pego esas imágenes que deseo para el nuevo año en una cartulina que yo misma decoré con rotuladores de colores, pienso lo siguiente:”Quiero dejar atrás 2020, muy atrás”. No solo por lo que implica una pandemia mundial (el peligro de morir, la lejanía con los seres amados, otra crisis económica...) sino por la incertidumbre que conlleva para el futuro.

Cada una hace sus propios recortes y los va colocando en la cartulina de distinta manera. Unas hacen una línea del tiempo separando las imágenes por meses. Otras solo las van colocando al azar y sin ningún orden en específico. Alguna otra también le agrega unas líneas en forma de decretos: “Yo soy la salud, yo soy el amor, yo soy el éxito”, y le añade algunos dibujos en forma de corazón o billetes. Otra le pone a la cartulina su perfume favorito, dice que así siente el ritual más íntimo. Cada una, a su manera, pretende representar de forma visual y tangible sus deseos, objetivos y metas tanto a nivel personal como profesional.

No hacen mal porque, en realidad, escribir, plasmar y visualizar nuestros objetivos puede ser algo muy beneficioso, “ley de atracción” y otras excentricidades aparte. Dejando de lado las supuestas implicaciones místicas, numerosos estudios científicos aseguran que, si bien nuestro cerebro es capaz de distinguir cuando se encuentra en un entorno ficticio (una película, por ejemplo) o real (una reunión con amigos), la respuesta cerebral a esos estímulos no es muy diferente. Eso explicaría por qué algunas partes de nuestro cerebro se activan cuando escuchamos determinada música haciéndonos experimentar sensaciones del pasado; el órgano maestro siente lo mismo a pesar de que esa situación ya no exista. Otras investigaciones aseguran que nuestro cerebro dota de verosimilitud cualquier idea si es reiterada constantemente, algo que podríamos tomar a nuestro favor a la hora de plantearnos objetivos y metas.

Las metas pequeñas son las mejores

A medida que voy recortando todas esas imágenes me comienzo a sentir feliz, me imagino a mí misma en esas situaciones y empiezo a pensar qué puedo hacer para lograr todo lo que veo en mi tablero de los deseos y tener un mejor 2021. “Es básico que nuestros objetivos sean claros, pero a la vez preguntarnos: ‘¿Estas metas son realistas en el contexto actual (socioeconómico, político, social y emocional)?’ Así evitamos venirnos abajo cuando nos damos cuenta de que es muy difícil o casi imposible realizar lo que deseamos”, asegura Blanca Villa, psicóloga del Centro de Salud Delicias, en Valladolid.

“Es importante marcarse metas pequeñas, realistas, asequibles y coherentes. Pretender ir al gimnasio todos los días para conseguir un cuerpo envidiable, por ejemplo, no es realista si tomamos en cuenta los deberes laborales o familiares. Lo que sí podríamos comenzar a plantearnos es ir al gimnasio un día o dos por semana. A medida que veamos que podemos conseguir pequeños objetivos nos sentiremos mejor y nos dará más energía para plantearnos otras metas un poco más altas. Lo mismo pasa con el objetivo de dejar de fumar, o el de estudiar o el de conseguir una buena pareja. Se trata de ir en una escalera sin olvidar los objetivos altos, pero centrándonos en los pequeños peldaños”, explica Villa.

“Con los viajes, tan añorados en los tableros de los deseos, debemos pensar en el contexto mundial y de pandemia que estamos viviendo, y aceptar que muchos de ellos no pueden hacerse ahora mismo. Por más que los pongas en el tablero. Sí podemos poner nuestro añorado viaje al otro lado del mundo, pero sabiendo que es a largo plazo y que en ese transcurso podemos hacer cosas que también nos ilusionen. No hay que perder de vista el objetivo final sabiendo que ahora no es el momento”, dice Villa.

Ya son casi las 23:00 horas y el toque de queda se acerca. Mis amigas empiezan a irse a sus hogares con sus respectivos tableros de los deseos. Cada una lo colocará donde lo considere oportuno. Yo, que lo considero algo muy personal, lo colocaré en mi habitación, justo enfrente de mi cama para verlo todos los días al despertar por la mañana. Es una forma de recordarme que, eventualmente, podré realizar ese viaje, conseguir ese trabajo establecer esa relación tan deseada. Mientras, puedo disfrutar del camino y soñar con un 2021 mejor. Eso siempre es posible.

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