Producen dermatitis, pero estas fragancias comunes en perfumes, cremas y productos de limpieza no siempre figuran en la etiqueta

Los dermatólogos lo tienen claro: ningún aroma vale una alergia

angel_nt (Getty Images/iStockphoto)

Al geraniol, el citral, el lyral, el isoeugenol y la Evernia prunastri no los has visto en tu vida, pero los hueles a diario. Sustancias como estas dan sus fragancias a los perfumes, las colonias, la mayoría de los cosméticos y productos de limpieza, detergentes, medicamentos tópicos, productos industriales, de aromaterapia, incluso alimentos y especias. No solo consiguen que el aftershave evoque el olor a mar embravecido, también otorgan a algunos geles de ducha su efecto revitalizante. Pero no siempre son amables: constituyen la segunda causa más frecuente de dermatitis de contacto, por detrás de los metales. Y no siempre figuran en el etiquetado...

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La dermatitis de contacto es una enfermedad que afecta a entre el 1% y el 10% de la población, según María José Sánchez Pujol, del Grupo Español de Investigación en Dermatitis de Contacto y Alergia Cutánea de la Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV). Sus síntomas se desencadenan cuando una sustancia química toca la piel de una persona que se ha sensibilizado a ella. “Aunque la respuesta cutánea depende de la sustancia, la duración, la naturaleza del contacto y la predisposición individual, esta dermatitis se suele manifestar en forma de lesiones de color rojizo con bordes bien definidos —en la zona de contacto—, acompañadas de ampollas o vesículas en los casos agudos. En los cuadros de larga duración también aparece la descamación”.

Las marcas que produce son claras, pero dar con la fragancia causante no es sencillo. Por eso, los especialistas de la AEDV han completado una investigación de 5 años en la que participaron casi 20.000 personas de distintos sexos y edades. Los resultados, que fueron presentados el en el I Congreso Virtual Otoño 2020 de la AEDV y que se obtuvieron con pruebas realizadas en la superficie de la piel (epicutáneas), revelaron que el alérgeno más frecuente entre los hombres es E. prunastri. Este aroma aporta connotaciones a tierra, madera y algas marinas, y está presente en más del 6% de las eau de toilette masculinas. El mayor culpable de dermatitis alérgica por contacto entre las mujeres fue el geraniol, muy empleado en perfumería por su olor a rosa y su efecto vigorizante. Ambas sustancias también fueron las más frecuentes en el grupo de mayores de 65 años, mientras el isoeugenol, que aporta un peculiar toque dulce y picante, fue el principal alérgeno entre los niños.

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Por otra parte, los investigadores analizaron las zonas corporales donde las alergias se manifiestan con mayor frecuencia: las manos, por el uso de cosméticos o productos de uso doméstico y laboral; la cara, donde se aplican productos perfumados directamente; el cuello, por los perfumes; y las axilas, objetivo de los desodorantes. “Otra localización frecuente son las piernas, como consecuencia de la aplicación de medicamentos tópicos en pacientes con úlceras vasculares”, explica la dermatóloga, que añade que el geraniol fue el alérgeno que produjo eccemas con mayor frecuencia en las manos, la cara y las piernas.

Juan Francisco Silvestre, jefe del Servicio de Dermatología del Hospital de Alicante y coordinador del estudio, advierte de la importancia de tener en cuenta la presencia de citral, un alérgeno con un característico aroma a limón que forma parte de la composición habitual de los productos de limpieza doméstica: “De ahí que el contacto con estos productos se asocie con las altas tasas de sensibilización a esta sustancia que observamos en estos tipos de dermatitis”. Si te pica, compra guantes...

Navegando, a ciegas, entre etiquetas incompletas

Las sustancias identificadas en este estudio están incluidas en la lista de los 26 ingredientes alergizantes de declaración obligatoria que, desde 2005, existe en la Unión Europea. Pero para el consumidor pueden ser indetectables, ya que la ley no siempre obliga a incluidas en el etiquetado. Según la legislación vigente, los fabricantes solo están obligados a hacerlo cuando su concentración supera el 0,001% de los productos que no requieren aclarado (hidratantes, protectores solares) y el 0,01% de los restantes, como los champús, geles y limpiadores faciales. De ahí que el nuevo estudio asocie la fragancia E. prunastri a unas altas tasas de sensibilización aunque aparezca en el etiquetado de relativamente pocos productos.

Todo apunta a que hay otras fragancias alergénicas campando a sus anchas, cuando podrían especificarse independientemente de la concentración, según opina el farmacéutico César Pla, máster en Dermofarmacia y experto en formulación y nomenclatura cosmética. “Incluir todos los ingredientes de un producto cosmético puede resultar un poco extenso, pero se podrían definir las sustancias que contiene en un sitio web y referirlo con algún pictograma, como se hace ya en los cosméticos en los que no hay espacio suficiente para especificarlo todo”, sugiere.

Por su parte, los investigadores de la AEDV abogan por un etiquetado completo, y no solo de las 26 fragancias de declaración obligatoria por su concentración. “Esto nos permitiría a los dermatólogos interpretar mejor los resultados de las pruebas epicutáneas, de manera que pudiéramos buscar en los productos que utiliza el paciente la presencia de los alérgenos a los que está sensibilizado”, dice Sánchez Pujol. Para Lorea Bagazgoitia, autora del Blog de Dermatología, este cambio en el etiquetado sería especialmente útil para las personas con dermatitis alérgica de contacto a una fragancia en concreto, permitiéndoles prescindir de los productos que la contengan con total garantía, y sin necesidad de renunciar a todos los perfumados, “algo que resulta muy difícil en la práctica”.

Hasta con el perfume hipoalergénico hay que tener cuidado

Cualquier persona puede sufrir dermatitis de contacto alérgica en algún momento de su vida, por lo que Sánchez Pujol aconseja no bajar la guardia. Y subraya que “ante la aparición de síntomas sospechosos hay que consultar al especialista y someterse a pruebas epicutáneas para identificar el alérgeno responsable”. Si la lista de ingredientes del producto que parece causar la alergia no es completa, las pruebas pueden no ser todo lo aclaratorias que los especialistas quisieran, pero eso no significa que no haya que adquirir el hábito de leer la lista de componentes en el envase de cada producto. La dermatóloga aconseja hacerlo incluso cuando se ha usado anteriormente, ya que los fabricantes pueden incluir nuevos ingredientes en sus formulaciones.

También recuerda, como pauta exprés para identificar las fragancias de riesgo, que estas pueden figurar tanto de forma individual (por ejemplo, geraniol o citral) como genérica (perfume, parfum o fragance). “Hay que evitar adquirir productos sin etiqueta o con un etiquetado incompleto, en el que no se explique su contenido”, dice. Y advierte sobre algunas opciones como los productos “con perfume hipoalergénico” o los “perfumes para alérgicos” que no justifican ese beneficio en su composición.

Lorea Bagazgoitia apuesta por las versiones fragance free, “sin perfume” o “sin fragancia”, siempre que en el etiquetado no figure la palabra “perfume” o similares, ni ninguna de las sustancias de declaración obligatoria. “La finalidad última de incorporar fragancias a la composición es hacer que el producto resulte más agradable o atractivo, así que pueden ser prescindibles en gran parte de los casos sin alterar la efectividad. Tal vez estos productos sin aroma resulten menos atractivos para el consumidor, pero indudablemente son más seguros respecto al riesgo de desarrollar una dermatitis alérgica de contacto u otra reacción alérgica”, concluye.

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