el pleno de investidura

Dos modelos de país sin puntos en común

Urkullu insta a un pacto institucional de reactivación económica Mintegi basa en la soberanía la salida a la crisis

Urkullu saluda a Mintegi tras la votación en el pleno.
Urkullu saluda a Mintegi tras la votación en el pleno.l. rico

La sesión de investidura del próximo lehendakari ha proyectado en el Parlamento vasco los modelos de país tan antagónicos que defienden los dos partidos de la mayoría nacionalista, PNV (27 de 75 parlamentarios) y EH Bildu (21), sin que lleguen a ningún punto en común, ni siquiera al modo de abrazar la soberanía. En la votación, cada una de estas fuerzas ha apoyado a su respectivo candidato y el resto de los grupos, se ha abstenido. Iñigo Urkullu será elegido mañana, jueves, lehendakari por mayoría simple.

En el inicio de la sesión, Laura Mintegi ha aprovechado la oportunidad de difundir el mensaje independentista de EH Bildu, pero sin reducirlo al ámbito identitario para demostrar que ninguna preocupación del ciudadano le es ajena. Así, ha proclamado de entrada que solo un modelo soberanista está en condiciones de aportar soluciones válidas a la crisis y que, a partir de ahí, se puede estructurar un nuevo escenario socioeconómico que rompa con la “dependencia” del actual. La candidata abertzale, proclive a una revisión de la fiscalidad y hasta del Cupo, se ha mostrado muy crítica con la nueva configuración de Kutxabank hasta el punto de reclamar una comisión parlamentaria para estudiar su futuro.

Pero la coalición abertzale quiere ofrecer una imagen de conexión con la realidad más allá de su apuesta inquebrantable por el derecho a decidir, un objetivo, por cierto, que pretende alcanzar en esta legislatura. Por eso, Mintegi urge a una moratoria del TAV para destinar 500 millones del presupuesto de obras de este año a necesidades sociales, reclama también atender “antes a las personas que al déficit público”, reclama una Ley de Vivienda para que Euskadi no sea la única comunidad que no la tiene, y censura intencionadamente al canal público de televisión ETB por “su nula política de apoyo al euskera”.

Hoy, ‘lehendakari’

Iñigo Urkullu será elegido hoy lehendakari por mayoría simple, con el apoyo de los 27 parlamentarios del PNV.

La sesión parlamentaria comenzará a las 10.00 y se centrará exclusivamente en la votación del nuevo presidente del Gobierno vasco, que sustituirá a Patxi López.

La decisión del Parlamento vasco será comunicada por correo electrónico a la Casa del Rey para que la sancione el rey Juan Carlos.

Iñigo Urkullu, una vez elegido lehendakari, jurará su cargo en un acto solemne que tendrá lugar el próximo sábado en la Casa de Juntas de Gernika. El domingo comunicará la composición de su Gobierno.

Lógicamente, el interés radicaba en saber su posición sobre el nuevo escenario de paz, pero la candidata de EH Bildu respetó el guión conocido. Para Mintegi, la Declaración de Aiete y el Acuerdo de Gernika, los pilares del argumentario de la izquierda abertzale para justificar su legalización, son sus guías. En su exposición, ha dicho que hay que cuidar a los presos y a las víctimas, sin mención alguna a ETA y exigiendo a los gobiernos español y francés que negocien. Su objetivo final es la consecución de una “Euskal Herria independiente y socialista” para que los vascos no tengan las manos atadas a la hora de tomar decisiones que impidan a las instituciones, ha recordado, “decidir lo que pagan a sus trabajadores”.

Iñigo Urkullu, que ha intervenido a continuación y solo ha usado 70 de los 90 minutos reglamentados, ha hablado en clave de responsabilidad de gobierno aunque en un tono más enunciativo que preciso. Desde sus primeras palabras, ha dejado claro que la máxima prioridad como lehendakari es alcanzar un acuerdo institucional con las tres Diputaciones, partidos, patronal y agentes sociales encaminado a la reactivación económica, una vez que apruebe los Presupuestos de 2013. Se trata de un ambicioso propósito que Patxi López también ideó como lehendakari, pero que fracasó entonces por la oposición nacionalista. Urkullu lo entiende imprescindible para, a partir de ahí, generar crecimiento y empleo.

Para la conquista de sus objetivos y consciente de su actual debilidad en la Cámara, Urkullu ha reiterado su ofrecimiento al consenso, aunque el resto de los grupos le ha dicho que no le dará “un cheque en blanco”, como apuntó el portavoz socialista, porque ha elegido gobernar en solitario. López le ha afeado que vaya a dirigir el Gobierno con menos apoyo parlamentario de la historia y que no haya llegado revestido de programa, devolviendo así al PNV la acusación más reiterada en el inicio de la etapa socialista. Para no ahondar en la herida después de una legislatura anterior de acento agrio, el candidato nacionalista se ha apoyado para su investidura en un discurso nada hiriente y por eso ha pedido “colaboración y participación de todos”, urgido por la necesidad de “salir de la recesión y lograrlo cuanto antes”.

La consolidación de la paz favorece el progreso del país” Iñigo Urkullu

Una mayor firmeza se da en el decalaje de Urkullu sobre los aspectos relativos a la paz y la convivencia y a la demanda de un nuevo estatus político. Ha sido contundente al recordar que el “principio básico de la dignidad humana” es anteponer “el respeto a la vida” y que “el gran reto de nuestra generación” es “la consolidación definitiva de la paz como motor que favorece el progreso del país”. Y como ejemplos palmarios de su compromiso reafirma su apoyo a la continuidad de la ponencia parlamentaria de la paz y al Instituto de la Memoria.

Y quedaba la apuesta identitaria, en el caso del modelo PNV por la vía de un nuevo estatus político, “sujeto a pacto” entre las distintas sensibilidades representadas en el Parlamento. Una condición, el consenso, que siempre ha advertido Urkullu para conseguir su objetivo en esta legislatura de que “Euskadi sea dueña de su destino”. El candidato jeltzale considera que “existe la oportunidad” de “defender, debatir y acordar el nuevo estatus”, pero en la Cámara vasca puntualiza, consciente de la profundidad de enmarcar el escenario. Todo ello, según el próximo lehendakari, dentro de un nuevo ciclo político de la denominada “transición vasca”.

Egibar, en su salsa

J. M. G.

Joseba Egibar, posiblemente el orador parlamentario más incisivo de la Cámara, se encontró como pez en el agua cuando le tocó rebatir ayer a EH Bildu. Parecía ese alumno al que le brillan los ojos cuando se sabe el tema del examen. El portavoz del PNV tenía la firme pretensión de negar a la coalición abertzale la etiqueta de alternativa de gobierno. Por eso no desaprovechó la oportunidad de recriminar en sede parlamentaria a la coalición abertzale su anterior connivencia con el terrorismo de ETA y su repudio a las vías políticas. Además, como los sufre directamente en su feudo de Gipuzkoa, recordó que la gestión de Bildu en este territorio se reduce a haber multiplicado la deuda por siete. Y, de paso, ridiculizó la petición de Mintegi de revisar el Cupo recordando que la "Diputación de Gipuzkoa está pagando trimestralmente zintzo, zintzo [fielmente]" su aportación.

Desde EH Bildu, el tono más beligerante —Egibar lo tildó de belicoso— correspondió a Julen Arzuaga, portavoz suplente y en una onda de pura ortodoxia. Para Arzuaga, a quien Mintegi hubiera nombrado consejero de Interior, resulta criticable que ante la disposición a la desmilitarización de ETA la respuesta sea “el inmovilismo” y el mantenimiento de que “todo es ETA”.

En este contexto, Arzuaga insistió en que “todas las víctimas merecen reconocimiento”. Al escucharlo, Egibar, que conoce el argumento abertzale, advirtió de que hay que hacer una paz con memoria para que no vuelva a ocurrir”. Mintegi había dicho antes que “pretender que solo haya un relato es negar la realidad”.

Quizá por todo ello, desde UPyD, Gorka Maneiro, centró sus dardos en EH Bildu, a quien “negó legitimidad” para sentarse en el escaño mientras no exija a ETA su disolución.

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