Los partidos piden cambiar las votaciones del Parlament para evitar otro caos

Los grupos del Parlament reclaman más tiempo para pactar y organizar las transacciones

Los portavoces indican a su grupo el sentido del voto.
Los portavoces indican a su grupo el sentido del voto. ALBERT GARCIA

Más de tres horas para votar unas 400 resoluciones sobre el paro juvenil. Esta es la situación que se vivió el pasado jueves en el pleno del Parlament. “Resolución 3, punto 2 letra b” exclamaba la presidenta de la cámara catalana, Núria de Gispert, para la desesperación de la mayoría de los grupos que buscaban sin éxito en sus papeles los textos correspondientes a los artículos citados para intentar saber qué debían votar.

No es la primera vez que el caos se apodera del Parlament en el momento de las votaciones. En el debate de política general de hace dos años, la presidenta tuvo que aplazar la sesión un día por el alto número de resoluciones presentadas y la falta de organización. Precisamente, será un debate como este el que abrirá, el 25 de septiembre, el período de sesiones del próximo curso. Con la vista puesta en esta fecha, los grupos remarcan la necesidad de llevar a cabo cambios en el proceso.

“Tenemos que encontrar un sistema que no nos haga hacer el ridículo a todos” sentencia la portavoz en la cámara de Iniciativa-Esquerra Unida, Dolors Camats. Coincide el convergente Jordi Turull que ayer mostró claramente su enfado durante la votación, “fue un espectáculo dantesco”, apostilla.

En los plenos, primero se debaten las propuestas de resolución presentadas por los partidos y, posteriormente, se procede a votar cada uno de estos textos. Entre el debate y la votación se deja un periodo que el reglamento establece que “no puede ser superior a las veinticuatro horas”, aunque nunca se dedica tanto tiempo. De hecho, habitualmente, solo se destinan unas pocas horas a la negociación de propuestas que permitan hacer transacciones y llegar a acuerdos.

“Casi dedicamos más tiempo a votar que en debatir”, lamenta el portavoz adjunto del PP Santi Rodríguez. La ecosocialista Dolors Camats propone que se habilite un día intermedio para que los grupos negocien. “Deberíamos debatir el miércoles y votar el viernes”, ejemplifica. De esta manera, alega que se podría llegar a más acuerdos y unificar propuestas, con lo que, al final, se ahorraría mucho tiempo.

Aplazar las votaciones es una opción que contemplan todos los grupos, incluso más allá de las 24 horas reglamentarias. Algunos apuntan que se podrían dejar para el pleno siguiente para tener así más días para tomar decisiones.

El formato en el que se presentan las proposiciones es también uno de los motivos que dificultan gravemente la comprensión. Cada grupo puede dividir los puntos de sus resoluciones en diversos apartados. “No hay coherencia en el redactado” se queja el portavoz de Ciutadans Jordi Cañas. “Algunos utilizan números, otros letras, otros números romanos...”, asegura el republicano Oriol Amorós.

Así, cuando se piden votaciones separadas de textos que se han transaccionado, es frecuente que los portavoces tengan que crear un mosaico de papeles para saber qué punto se vota en cada momento. Unos documentos que, además, habitualmente llegan tarde y no dejan tiempo para reflexionar sobre el sentido del voto.

Ante esta situación, una de las opciones planteadas es la reducción del número de propuestas que pueden presentar los partidos como se hace actualmente en el Congreso de los Diputados. Desde CiU no descartan esta acción, pero el resto de grupos se opone ya que creen que limitaría la “iniciativa política” de los partidos.

El portavoz del PSC, Maurici Lucena, señala que quizá se deberían reducir los puntos de las propuestas de resolución presentadas, aunque descarta que esto se haga “por ley”, sino que se inclina por que se aplique de manera voluntaria “por tradición parlamentaria”.

“Es un problema de análisis matemático. Si los temas se conocieran bien y los partidos pasaran a la mesa el sentido de su voto sería más ágil”, comenta Amorós.

Todos coinciden en que la Mesa del Parlament deberá presentar una propuesta de consenso que impida que una situación como la vivida en el pasado pleno pueda volverse a producir.

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