RELEVO EN EL PSOE ANDALUZ

El congreso del nunca visto

Susana Díaz convoca a su partido a recuperar la mayoría absoluta en un conclave de unidad La secretaria general obtiene un respaldo del 98,6% de los delegados Nadie ejerció presiones a la hora de elaborar la ejecutiva

Susana Díaz, tras ser elegida secretaria general de los socialistas andaluces.
Susana Díaz, tras ser elegida secretaria general de los socialistas andaluces.m. zarza

El congreso extraordinario del PSOE de Andalucía es muy raro. Tanto, que nadie recuerda nada igual. “Tal vez”, decía un veterano con dudas, “en las primeras etapas de Felipe González pasó algo así”. Otros, con los mismos trienios, afirmaban categóricos: “Nunca, jamás, ha ocurrido esto”. Es un congreso del 100%. Y eso que este congreso no es algo natural. Se produce por un hecho no pacífico como es la dimisión inesperada de José Antonio Griñán de la presidencia de la Junta, lo que más pronto que tarde implicaba su salida de la secretaría general. En muy poco tiempo, la nueva líder del PSOE, Susana Díaz, ha logrado algo bastante insólito: unir a todo el PSOE detrás de ella, algo que empezó a fraguar en las primarias sin urnas del mes de julio y que ayer se vio con total claridad cuando el 98,6% de los delegados la votaron, esta vez sí en votación individual y secreta, secretaria general del partido.

Díaz va a acumular un aval político impresionante que ni si quiera Manuel Chaves con sus seis victorias electorales a sus espalda ha logrado. Nadie le rechistó cuando ha hecho la ejecutiva. El congreso cierra el ciclo de inestabilidad que se abrió en el PSOE desde la marcha de Chaves en 2009 o desde la llegada de José Antonio Griñán, según el punto de vista con el que se mire.

¿Para qué quiere Susana Díaz esta inmensa y rebosante hucha de apoyos? Como mujer de partido que es sobre todas las demás cosas para “recuperar la amplia mayoría social, sin hipotecas” que el PSOE perdió en las tres últimas elecciones celebradas en Andalucía desde 2011. Es decir, para ganar por mayoría absoluta que le permita gobernar sin Izquierda Unida. De lograrlo, la lanzarían al infinito y más allá. “Hay que ganar bien, para poder ganar en España”, dijo. Ella ya tiene encuestas que dicen que el PSOE sería ahora el partido más votado, “pero no es suficiente”.

Para eso necesita un partido unido, pegado a la calle o dicho con sus palabras, a las agrupaciones. “Voy a ser la secretaria general de las casas del pueblo”, prometió. “Cuando esto se cosa fuerte, no hay nadie que pueda doblegar al PSOE”, aseguró, después de lamentar que el PSOE no debió perder el apoyo social que siempre tuvo tras perder cinco millones de votos en las pasadas elecciones generales. Díaz cree urgente que su partido recupere el pulso a escala federal para “derogar las leyes bárbaras” aprobadas por el PP.

Como es habitual en ella desde que alcanzó la presidencia de la Junta, Díaz dedicó un amplio capítulo a la autocrítica, sin romper con el legado recibido. El primero “el gravísimo error del paro”, con 1,4 millones de desempleados. Díaz afirmó que después de 31 años de gobiernos socialistas “no se ha hecho lo suficiente” para reducir el diferencial de paro con la media española y que su partido “no puede asumir” que esa realidad siga así.

También pidió un análisis autocrítico de los motivos por los que el PSOE perdió las elecciones el 25 de marzo frente a un partido como el PP “tan poco comprometido” con Andalucía.

Otro de los motivos por los que este congreso extraordinario es tan raro es que Díaz se propuso y consiguió que la ejecutiva no se se cerrara de madrugada, como es habitual. La cerró sobre las diez de la noche, hora en la que celebró una cena con Rubalcaba y los secretarios generales provinciales. Nadie le ha pedido explicaciones a la secretaria general de su elección.Tampoco de que no vaya a contar con un número dos clásico como siempre ha ocurrido. El dos no figura en la secuencia numérica de Díaz. Hay un uno, ella, y luego todos los demás. El gaditano Juan Cornejo seguirá ocupando la secretaría de Organización como hasta ahora, es decir, de manera silenciosa y sin ocupar ningún protagonismo.

Algunos advierten que este modelo en cierto modo presidencialista entraña riesgos, porque Díaz asume toda la responsabilidad para lo bueno y para lo malo.

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