CRÍTICA | DANZA
Análisis
Exposición didáctica de ideas, conjeturas o hipótesis, a partir de unos hechos de actualidad comprobados —no necesariamente del día— que se reflejan en el propio texto. Excluye los juicios de valor y se aproxima más al género de opinión, pero se diferencia de él en que no juzga ni pronostica, sino que sólo formula hipótesis, ofrece explicaciones argumentadas y pone en relación datos dispersos

El inevitable rodillo del tiempo

Decouflé muestra los camerinos y las entretelas de la escena, todo tiene un airecillo retro y desenfadado (dentro de un orden) que a veces funciona y otras es embarazante

En Panorama todo es muy francés, muy extremo en el gusto (las americanas homenajean a Thierry Mugler, ramalazo de alta moda imposible que aparece en algún otro traje) y con aquel consciente propósito de epatar a los burgueses, como si eso tuviera validez y no fuera algo de otra época, superado como los propios fragmentos coreográficos revisitados. Lo mejor sigue siendo el aire surrealista que aportan ciertas cosas, como los microbios, y aquí muy presente el aura (espectral y estética) de Nikolais.

Decouflé muestra los camerinos y las entretelas de la escena, todo tiene un airecillo retro y desenfadado (dentro de un orden) que a veces funciona y otras es embarazante; diríase que es la esencia del coreógrafo en estado puro, una cierta banalidad avalada generacionalmente y que en su momento, cumplió, tuvo su efecto y su rol. Pero el tiempo también ha pasado factura aquí y demostrado, cuan frágil y difícil es lograr la atemporalidad. No creo que estos materiales hagan hueso viejo en el repertorio ni que duren más allá de su propia evanescencia y no quiero ni pensar la teoría (francesa) que se articularía dentro de 50 años en torno a lo que, en sí mismo, es circunstancial.

PANORAMA

Compañía DCA (Francia). Coreografía: Philippe Decouflé; música: Kart Biscuit, Hugues de Courzon y otros; vestuario: Philippe Guillotel; luces: Begoña García-Navas. Teatros del Canal. Hasta el 19 de enero.

Los elementos circenses y acrobáticos son bastante simples, al alcance de los bailarines y presentados con maneras y un cierto empaque artístico que los hace pasables, no por ello menos aburridos; en cuanto a los chistes, como decía Voltaire, comprender el humor extranjero es una ciencia ardua (él hablaba del inglés, pero da igual).

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