El actor que interpretó a un cantante

En un recital voluntarioso, Kevin Costner mostró su cara rockera en Pedralbes

Kevin Costner. anoche en su concierto en los jardines de Pedralbes en Barcelona.
Kevin Costner. anoche en su concierto en los jardines de Pedralbes en Barcelona.MASSIMILIANO MINOCRI

Y se hizo carne, allí, a dos palmos del maquillaje y del polo y americana sport. Bien, primero lo hizo la banda sobre el escenario de los Jardines de Pedralbes, pero ellos, anónimos trabajadores, no contaban. Sonaron cuatro acordes y allí estaba, saludando con cara de forzada sorpresa ante los aplausos de la concurrencia, satisfecha de verle tan cerca. Aspecto de anónimo rockero, con tejanos, camisa oscura y botas vaqueras comenzó a cantar las primeras estrofas de Red river y el público, todo y que la canción, como todo el resto del repertorio, es casi desconocida, reaccionó, comedidamente, como si se tratase de un éxito muchas veces tarareado. Es lo que tiene la popularidad, una parte de la estrella puede ser anónima pero la otra ilumina el rincón más oscuro y oculto. Cosas de ser una star de Hollywood.

Pues sí, era Kevin Costner recién descendido de la pantalla para cantar en el primer concierto de su corta gira europea, único en España. Una banda de seis músicos le acompañaba, uno de ellos violinista para acentuar los tonos campestres del repertorio y los otros cinco para mantener la estructura típica de banda de rock. A todo eso tres de ellos hacían refuerzo de voces, algo bastante necesario considerando las limitadas condiciones vocales de Kevin, a quien la naturaleza no ha dotado de una voz competente. Tampoco es mala en el sentido estricto, todo sea dicho, y además ya se sabe que desde el punk no hace falta saber cantar, ni tan siquiera tocar, para triunfar en esto del rock.

Y allí, plantado como un cactus en medio del desierto de Sonora, Kevin comenzó a lidiar con su repertorio, mayormente escorado hacia el rock con detalles country. Ashes turn to storm y 90 miles an hour fueron los primeros temas, tras los cuales con Turn it on, un tema apreciable que se puede tararear casi sin sabérselo, subió el calor de la noche, a todo esto asaeteada por una brisa nada cálida. Las damas movían sus manos respondiendo a los saludos que Kevin les dedicaba desde escena, atento caballero. La primera balada, Down in Nogales, evidenció que la estrella tiene un rinconcito tierno, que luego se volvió baboso con otra balada, esta letal, Never losing you, cantada para más desatino sin intención alguna, como si estuviese representando un papel de baladista pelín afónico que no repara en la limitación de su garganta.

Porque al fin y a la postre, y en lo que parece un sinsentido, lo más frágil en Kevin es que no sabe interpretar las canciones que canta. Las canta, pero no las hace suyas, pasando por sus estrofas tal y como lo haría un mal actor al que solicitan haga de cantante. No es que como actor sea un lince, pero es que como intérprete musical pareció aún más limitado. En su haber hay que considerar las ganas que tenía de explicarse, pero incluso eso se volvió en su contra, ya que no todas las canciones precisan una prolija presentación, en especial si se usa para decir que Estados Unidos es un país muy joven o que su padre le dijo que cómo se iba a ganar la vida queriendo ser actor.

De esta manera pasó la noche de Kevin en Barcelona, "una ciudad legendaria en el mundo moderno", sentenció categórico. Diecisiete temas dieron forma a un concierto iluminado por Hollywood en el que hubo estilo, sonido decoroso, cierto nervio, ganas de gustar y pocas canciones recordables. El público no se volvió loco, se levantó de sus asientos solo en la última canción antes de los bises, pero a cambio pudo aplaudir como no puede hacerlo en el cine. Como despedida, una versión de Mr Tambourine men fijó las bases de la música de un actor que no sabe interpretar como cantante.

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