Un café para adoptar un gato

La Gatoteca convierte su ‘cat café’ en un hogar provisional para felinos abandonados

Eva Aznar, con tres de los 'inquilinos' de la Gatoteca.
Eva Aznar, con tres de los 'inquilinos' de la Gatoteca.samuel sánchez

Media hora con un café mientras se acaricia a un gato cuesta cuatro euros. Y si entre maullido y maullido surge el amor a primera vista y el cliente decide adoptarlo, mejor. La Gatoteca (Argumosa, 28), el único cat café que hay en Madrid, acaba de celebrar su primer aniversario como punto de referencia para los amantes de los felinos y hogar provisional para aquellos gatos abandonados que no consiguen encontrar una nueva familia.

Las dos plantas del local, en Lavapiés, son territorio conquistado por los 14 gatos que componen la colonia. Los animales se mueven a su gusto entre sofás, estanterías y tazas de café, las de los clientes que se acercan hasta allí a pasar un rato entre felinos. Pero el concepto de cat café, muy arraigado en Japón —donde hay unos 200 negocios de este tipo—, es diferente en La Gatoteca. "No queríamos que fuera simplemente un establecimiento hostelero con gatos", explica su responsable, Eva Aznar. Por eso es la sede de la Asociación Benéfica por el Rescate e Inserción de Gatos en Adopción (ABRIGA). Reciben gatos adultos, abandonados y especialmente difíciles de dar en adopción que llegan desde otras asociaciones y refugios con los que colaboran. En su primer año han conseguido que 24 sean adoptados.

La colonia de La Gatoteca espera a su nueva compañera, la número 15, una gata aún sin nombre, que encontraron abandonada en un patio de luces. Llevaba tres meses aguardando una plaza para entrar en La Gatoteca, que suele tener en lista de espera unos 15 felinos. En este primer año de vida, sus 25 voluntarios han aprendido de sus errores. "Al principio atendíamos casos particulares, de personas que ya no podían ocuparse de su mascota", cuenta Aznar, "pero los gatos que se han criado como hijos únicos no se integran bien en la colonia". Los que sí lo consiguen necesitan unas dos semanas para adaptarse.

Jack y Penny han sido los últimos en abandonar el grupo. Llegaron juntos a La Gatoteca y se fueron juntos. “Intentamos que la adopción sea personalizada, no solo porque alguien viene y uno de los gatos le parece bonito”, asegura Aznar. Para adoptar es necesario hacerse socio de ABRIGA —la cuota anual es de 50 euros— y apuntarse a lo que en la Gatoteca llaman el curso básico del gato. "Ayudamos a animales sin hogar, pero también a los que ya tienen. Muchos dueños no saben cómo tratarlos correctamente", explica Aznar, mientras dos clientas se sientan en uno de los sofás a tomar un café. Abel las mira y deja que acaricien su pelaje negro unos segundos, antes de saltar al siguiente sofá.

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