El soberanismo descose a ICV

La marcha de Romeva culmina la tensión interna de una formación en la que cohabitan una mayoría federalista con una minoría independentista

Joan Herrera, en el centro, durante la covención de Iniciativa
Joan Herrera, en el centro, durante la covención de IniciativaCristóbal Castro

Las costuras internas de Iniciativa per Catalunya Verds han soportado el proceso soberanista con más o menos tensión durante más de dos años, hasta que se han descosido con la marcha de Raül Romeva, eurodiputado de la formación de 2004 a 2014. La dirección asegura se trata de un caso aislado y que no habrá más deserciones, pero lo cierto es que en el seno de ICV cohabitan desde hace tiempo una mayoría federalista con una minoría independentista y que eso ha provocado no pocas tensiones internas, hasta ahora sin trascendencia pública.

La convención del pasado fin de semana celebrada en Sabadell apuesta porque Cataluña no rompa con España y se inicie un proceso de negociación para lograr ser un Estado soberano que tenga una relación de biteralidad y unas competencias exclusivas en la mayoría de las materias. Con todo, el texto aprobado no cierra la puerta a la independencia en caso de que esa vía se muestre inviable, aunque no se pone fecha sobre cuándo debería reabrirse ese debate político. En la práctica se está fiando la apuesta a la configuración de un nuevo escenario político en España, pues con el Gobierno del PP está descartada la negociación.

Romeva, que siempre estuvo alineado con el sector más soberanista, dijo no sentirse representado por la resolución, respaldada por casi un 80%. Su deserción no ha sido secundada, por ahora, por otros cuadros del partido, aunque han salido voces críticas en el mismo sentido, como la de Teresa Mira. La solución para contentar a ese sector podría pasar por la creación de una corriente interna, en la que se encuadraría con toda seguridad el diputado en el Parlament Jaume Bosch, la cara más visible del sector independentista.

La creación de corrientes internas está permitida en los estatutos de ICV y sería la manera de reconocer a esa minoría, que hasta ahora se articulaba en el llamado “ámbito nacional”, el equivalente a una secretaría.

Los sectores más soberanistas  de la formación ecosocialista podrían crear una corriente interna de opinión

Todos los sectores coinciden en que la escisión no se producirá y que Iniciativa no es el PSC, partido que ha vivido dos procesos de disgregación desde que se inició el proceso soberanista: primero con la marcha de Joan Ignasi Elena y la creación de Avancem y posteriormente con la de Marina Geli, Núria Ventura y otros cuadros y cargos públicos que acabaron encuadrados en el movimiento MES. En ambos casos, los escindidos del socialismo catalán han iniciado o culminado ya procesos de acercamiento a Esquerra Republicana, como el del actual eurodiputado Ernest Maragall.

La dirección de ICV reprocha a Romeva las formas y el momento que ha escogido para dar portazo a las que han sido sus siglas durante años. Joan Herrera, coordinador de la formación, se enteró por los medios de comunicación de la baja del que fuera eurodiputado, que poco antes le había remitido un correo electrónico comunicándole la decisión. Romeva, además, no participó en la convención de Sabadell ni en los debates previos, y decidió romper el carnet del partido al día siguiente de que se aprobara una resolución política que acababa con la ambigüedad.

Salvador Milà, exconsejero de la Generalitat y diputado en el Parlament, se abstuvo en aquella votación, pero valora el paso dado con ese posicionamiento y no esconde su malestar porque Romeva se marchara “precisamente cuando se ha superado la ambigüedad” de los últimos meses. Con todo, Milà entiende que el posicionamiento del partido llega tarde. “Se debería haber hecho cuando se acordó la fecha y la pregunta de la consulta”, asegura, aunque admite que “es lo máximo que podían aceptar los federalistas”.

La dirección, por su parte, se felicita del amplio consenso alcanzado, que sella el debate por un tiempo y a las puertas de unas elecciones municipales en las que, se quiera o no, se acabará hablando del proceso soberanista. El acuerdo, dicen, permite también “huir de la lógica plebiscitaria” que pretenden CiU y Esquerra con las elecciones autonómicas del 27 de septiembre.

La bicefalia que gobierna ICV es un ejemplo de la cohabitación del partido, pues es sabido que Herrera votó sí-no en la consulta del 9 de noviembre mientras que Dolors Camats, también diputada en el Parlament, apostó por el sí-sí. Es decir, que Cataluña se convierta en un Estado y que sea independiente.

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