Expoliadores de arrecifes

La pesca furtiva y la joyería amenazan la supervivencia de las grandes colonias de coral rojo mediterráneo

Coral rojo (corallium rubrum) en Mallorca.FERNANDO GARCELLA | EPVundefined

La científica Cristina Linares, una de las mayores expertas en el estudio de las poblaciones coralígenas del Mediterráneo, alarma sobre la desaparición de los grandes bosques del Mare Nostrum debido, fundamentalmente, a la pesca furtiva: “Entre el 80 y 90% de las colonias tienen ya menos de un centímetro”, dice. El coral que antes no se consideraba apto para vender por ser demasiado pequeño, ahora tiene compradores que lo transforman en pasta para hacer joyas de menor calidad. “Al no haber grandes ramas, cualquier trozo vale”, explica por teléfono desde la Universidad de Hawái, donde realiza una estancia para investigar cómo afecta la presión humana a la biodiversidad marina. 

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En el Mediterráneo, las zonas de pesca furtiva se concentran desde la Costa Brava hasta Francia. Su zona preferida es el Parque Natural Cap de Creus (Girona), donde el coral, según los expertos, "es de una gran calidad debido a su dureza y densidad". Victoria Riera, directora del parque, explica que “la actividad de los furtivos supone un impacto medioambiental importante porque extraen tallas con un diámetro menor de 7 milímetros en el tronco, el mínimo legal”.

Los ecologistas denuncian “la ineficacia” de las medidas para combatir la pesca irregular en la costa catalana y la impunidad de los furtivos. “Hay que aumentar las sanciones”, dice Jaume Grau, biólogo de Ecologistas en Acción. La solución para el ecologista pasa por declarar una veda de 10 años de la pesca legal. “Los pescadores con licencia tienen que concienciarse de que si no se para ahora, dentro de unos años ya no habrá nada. Es por su bien”, afirma.

En Cataluña, la captura legal la regula un real decreto de 2014 que otorga 22 licencias para su captura en aguas interiores y exteriores. Además, establece un límite: un coralero solo puede pescar 300 kilos por temporada (de mayo a octubre). “La situación es claramente de sobrepesca”, dice Sergi Tudela, director general de Pesca de la Generalitat. Tudela explica que durante los últimos años, en parte a raíz de la crisis económica, en Cataluña ha habido un aumento significativo de la pesca furtiva. “Hay un dispositivo de los Mossos y la Guardia Civil para evitar el furtivismo y otras prácticas, como la de los pescadores con licencia que extraen tallas ilegales”, añade. Desde el 2006, en Cataluña se han abierto 41 expedientes sancionadores. 

Toni Grau, jefe de recursos marinos de la Dirección General de Pesca de Baleares, opina sin embargo que los furtivos, al menos en Baleares, no representan la mayor amenaza: “Las licencias se dan por comunidades, pero si un pescador con licencia en Baleares captura el coral en Cataluña y luego lo desembarca en las islas, es muy difícil pillarle”, dice.

Aquí el mejor coral está a partir de 80 metros”

Una de las pocas zonas donde aún se puede extraer coral en el Mediterráneo es en el norte de Mallorca (bahías de Pollença y Alcúdia) y el canal de Menorca. “Aquí el mejor coral está a 80 metros”, explica Luís Rodríguez, hijo de Quino Rodríguez, un coralero profesional que denunció durante más de 25 años lo que él definió como "la mafia del coral", una trama formada supuestamente por funcionarios y armadores italianos y almerienses que en los ochenta explotaron la extracción arrastrando toneladas de hierro y cadenas en el Mar de Alborán. “Mi padre cuidaba el coral hasta que la rama se hiciese, pero el arrastre lo destruyó todo”, cuenta el hijo del mítico coralero, que falleció en 2007 tras realizar una inmersión a 92 metros.

La escasez en el mar se traslada también a los escaparates. En el centro de Palma, la mayoría de joyerías ya no venden piezas hechas con coral rojo bruto. En la joyería Piña Grau, una de las más antiguas de Palma, una vendedora explica que la oferta “ha bajado progresivamente los últimos años” porque esta especie, asegura, “está prácticamente extinguida”. Otra dependienta de una joyería aledaña tampoco dispone de este tipo de piezas en la tienda donde trabaja. Pero sí de un negocio familiar que regentó en los noventa. Cuando la joyería se vacía de turistas, y tras asegurarse de que su jefe no merodea cerca, la vendedora susurra: “No sé si puedo hacer esto ahora... pero en casa tengo guardado varios collares tallados con colar mediterráneo. Son muy bonitos, muy rojos, intensos. Pásame tu teléfono y esta noche te envío las fotos. Pero te aviso: no bajo de los 1.600...".

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