Los cineastas Dardenne defienden que Europa “pese a todo” es el mejor marco

Se estrena ‘La chica desconocida’, la última película de los hermanos belgas

Los cineastas Luc y Jean-Pierre Dardenne en la Filmoteca de Cataluña.
Los cineastas Luc y Jean-Pierre Dardenne en la Filmoteca de Cataluña.ALBERT GARCÍA

Llevan más de 20 años haciendo una crítica dura y sin paliativos a Europa en sus películas, cuestionando sus políticas laborales, sociales y poniendo el acento en el maltrato que se dispensa a la inmigración. Lo hicieron en La promesse (1996), donde el joven protagonista descubre que su padre es un explotador de trabajadores inmigrantes, lo repitieron, también con el trasfondo de la inmigración, en El silencio de Norma (2008), una trama para la obtención de la nacionalidad belga para sin papeles, y, ahora, vuelven a la carga con su nueva cinta, La chica desconocida, que gira en torno al sentimiento de culpa de una doctora (protagonizada por Adèle Haenel) que cree que podría haber evitado una muerte de una mujer sin papeles.

Los hermanos belgas Jean-Pierre y Luc Dardenne, referentes europeos del cine de autor, opinan que “pese a todo” Europa sigue siendo el mejor marco: “queramos o no somos europeos, tenemos un destino común aunque con claroscuros. Las democracias europeas no serán perfectas pero por lo menos no siempre que llaman a la puerta es la policía que te viene a buscar”. Eso sí, con defectos que persisten y se agravan: “Si hace 20 años la cuestión de la inmigración era importante, ahora lo es más que nunca”, explican en una conversación mantenida con El PAÍS.

Tienen claro que seguirán tratando el tema a su manera: “La crisis de la llegada de miles de refugiados la deben abordar otros cineastas, nosotros no lo haremos”. Probablemente porque, como dicen ellos, sus películas parten de personajes con historias concretas. Y La chica desconocida —que se estrena este viernes en los cines— responde a ese esquema. La doctora (Jenny) trabaja en una consulta pública —a pie de autopista en un sitio inhóspito— y una tarde, cuando ya ha terminado el horario, llama una mujer. No abre la puerta y al día siguiente la mujer aparece muerta muy cerca del consultorio. Obsesionada con que podría haber evitado la muerte, emprende una investigación—en parte a través de sus propios pacientes — para conocer la identidad de la mujer que ejercía la prostitución.

La Filmoteca organiza una retrospectiva sobre la obra de los autores belgas

“Es evidente que no la habríamos hecho así si no hubiera existido la cuestión de la inmigración hoy en día”, apunta Jean-Pierre. Un ambiente urbano pobre, con puentes, autopistas y locutorios son los escenarios de la cinta que como muchas otras de los cineastas está rodada en Lieja. “Es la ciudad y toda la región que conocemos desde jóvenes. Está muy ligada a nuestra vida y también es una ciudad que ejemplifica lo que ha pasado en el siglo XX con las deslocalizaciones, las desindustrializaciones, los movimientos obreros, la solidaridad durante un tiempo y la falta total de solidaridad. El tránsito de lo que fue, una ciudad muy viva y después muy abandonada. Empezamos en Lieja hacer nuestros documentales y se ha convertido en algo parecido a nuestro estudio. Es un marco ideal para nuestras historias”.

Unas películas que han obtenido múltiples reconocimientos de crítica y premios, como dos Palmas de Oro de Cannes, con una carga moral notable que no suelen ser violentas explícitamente pero que sitúan a sus personajes en otro tipo de violencia vital. Sufría hasta lo indecible Marion Cotillart en Dos días y una noche cuando iba de casa en casa de sus compañeros para evitar ser despedida y sufre visiblemente Jenny —dan fé de ello unos largos primeros planos— en su recorrido hasta conocer quién era la mujer en La chica desconocida. Una cinta que parece una mixtura de denuncia social porque nadie quiere implicarse y mira para otro lado ante las preguntas de la doctora y thriller, por la investigación real. “Nos gusta mucho el cine negro pero no hemos querido hacer una película de género. Además, la doctora no interroga como la policía, de hecho es casi naíf”, apuntan.

La película se preestrenó el miércoles en la Filmoteca de Cataluña que realiza una retrospectiva completa sobre su obra: Germans Dardenne, el que queda d'Europa en la que se exhibirán 17 de los trabajos de los cineastas. Ellos se definen como “un solo director con cuatro ojos” aunque tienen completamente repartidas sus funciones a la hora de afrontar un proyecto —y hasta las respuestas a las preguntas—.

Los hermanos Dardenne defienden que su cine de autor no es “en absoluto pretencioso. Sencillamente nuestras películas forman parte de Europa porque la retratan”. Y sostienen que de la misma forma que existe el cine comercial, el denominado cine de autor es el que “remueve algo cuando lo ves. Es el que te hace descubrir cosas o soñar como pasa con las películas de Rosellini o Buñuel”.

La retrospectiva de la Filmoteca engloba películas de los cineastas y también documentales —menos conocidos en España— que retrataron las crisis laborales desde los 70 hasta su primer largo, Falsch (1987): “Los documentales abordan más la historia sobre todo del movimiento obrero, de la Polonia de Jaruzelski o de las huelgas de Francia. Las películas es otra cosa, el personaje es lo más importante y construyes la historia. Además, es un placer trabajar con actores”.

Sobre la firma

Blanca Cia

Redactora de la edición de EL PAÍS de Cataluña, en la que ha desarrollado la mayor parte de su carrera profesional en diferentes secciones, entre ellas información judicial, local, cultural y política. Licenciada en Periodismo por la Universidad Autónoma de Barcelona.

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