El último artesano

El Centre Cultural Bancaixa dedica una retrospectiva al escultor Vicente Ortí comisariada por el escritor Martí Domínguez.

Exposición de Vicente Ortí en la Fundación Bancaja.
Exposición de Vicente Ortí en la Fundación Bancaja.

Cuando el escritor y biólogo Martí Domínguez (Madrid, 1966) se encontró con el escultor Vicente Ortí (Torrent, 1947) aunque no lo anotó ningún sismógrafo se produjo un pequeño big bang emocional: el conocimiento de un hombre que había derrotado su destino señalado de antemano. “Por un lado - señala Martí Domínguez- estaba la fuerza de su obra artística, el descubrimiento de su universo plástico, pero por otro lado estaba su propia biografía personal”. “Afectado por una sordera desde la infancia a causa de una meningitis, criado en un ambiente humilde en plena postguerra, señalado socialmente a causa de este defecto físico, su futuro parecía estar ya escrito previamente, trazado, sin embargo su historia es la crónica de una superación, de luchar contra la adversidad, contra una serie de barreras y vencerlas”.

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Bajo el titulo de L’intèrpret de la matèria el Centre Cultural Bancaixa presenta la primera gran retrospectiva dedicada al escultor comisariada por Martí Domínguez. “He querido que la exposición además de ofrecer un recorrido por la obra de Vicente Ortí, de visualizar su forma prodigiosa de relacionarse con la materia, reflejara también su mundo más íntimo, su espacio más secreto o menos conocido, este ámbito creativo que envuelve al artista en medio de un caos donde extrae su fuerza, sus energías”.

La exposición puntúa el trabajo creativo del escultor a lo largo de más de cuatro décadas forjado y construido en materiales como la madera, la piedra, el mármol. “Unos de los aspectos que resultan más llamativos es su cualidad de artesano, su trabajo con la piedra por poner un ejemplo, pero lo mismo podríamos decir de la madera u otros materiales, es como si lo estuviera realizando un picapedrero del siglo XIV”.

“Todos sabemos como se trabaja en muchos de los grandes talleres escultóricos, casi con un funcionamiento llamémosle industrial, pero no es este su caso, el suyo es un trabajo artesanal, a mí me gusta emplear para referirme a él la palabra “torsimany”, el intérprete de esta materia que alude el titulo de la exposición”. “El haber trabajado como aprendiz en una carpintería, este primer contacto con la madera como materia moldeable, sin duda contribuyó a esa conexión íntima”.

“Cuando uno entra en su estudio es como un shock, un impacto ante todo ese paisaje o mundo de objetos, de tótems, de objetos diversos, fetiches, extraídos o encontrados de la misma naturaleza, de un paseo por el campo o hallados entre cosas abandonadas”. “Haber tenido una infancia difícil, esta sordera que le empujaba a una cierta marginalidad o aislamiento contribuyó a potenciar esa faceta de coleccionista, de creación de su propio mundo que nunca ha abandonado.”.

“Creo que la exposición es también un acto de justicia sobre él y su obra” comenta Martí Domínguez. “Quizás por su propia personalidad discreta, sin duda también por las propias barreras físicas, y por otro lado, por el funcionamiento del propio mercado artístico, el mundo de las galerías, no ha merecido el reconocimiento que debería”. “Sin embargo, en su experiencia como docente, como profesor de Bellas Artes, ha creado en todos estos años un fuerte vínculo con todos los alumnos que han pasado por sus clases, sin duda seducidos por la fascinación que produce encontrarse con un artista que está creando directamente desde la materia”.

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