Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

La ruptura de Barcelona, un error nacional

Catalunya en Comú puede acabar pareciendo la solitaria cola del cometa unilateralista

Jaume Collboni y Ada Colau.
Jaume Collboni y Ada Colau.Albert Garcia

La ruptura del pacto municipal en Barcelona es un error estratégico. Es un error por el momento, ya que la ruptura parece el disparo de salida de la campaña electoral; un error por estrategia, ya que difícilmente se puede excluir a los socialistas de las amplias mayorías, y CatComú puede acabar pareciendo la solitaria cola del cometa unilateralista; un error por coherencia, porque si unos tienen el pecado del 155, los otros tienen el de la DUI. La DUI ha provocado, no solo el 155, sino también la desproporcionada decisión judicial de la prisión preventiva de los consellers.

Mientras para afrontar los grandes dilemas de país se buscan mayorías del 80%, un exiguo apoyo del 54% frente a un 45% ha bastado para romper el gobierno de la capital de Catalunya. Lamentablemente, las razones para la ruptura no eran el gobierno municipal de Barcelona sino el apoyo de los de Iceta al 155. Sin embargo, el Ayuntamiento barcelonés es la joya de los Comunes, no un Ayuntamiento más, por lo que el resultado de la consulta puede hacer temblar muchos pactos municipales, especialmente de la izquierda metropolitana. Puede significar abrir la puerta a la ERC unilateralista en Barcelona, pero también a Ciudadanos en el gobierno de históricos Ayuntamientos de la izquierda en el cinturón.

“Ada Colau ha roto con los socialistas”, oí en una conversación en el autobús de Viladecans a Sant Boi. “Lógico, es casi independentista”, contestó alguien. Ese, en pocas palabras, es el efecto en la imagen popular de Ada Colau al cambiar el abrazo con el voto socialista de los barrios populares por el abrazo del voto de las clases medias independentistas. Ese cambio le dificultará los guiños que a menudo le reconcilian con el núcleo duro de su electorado, lo que Raimon llama clases subalternas. Será difícil oír pregones como el de Javier Pérez Andújar en ese clima de cielo estelado que anuncian los pronósticos del tiempo para el consistorio barcelonés post 155.

Ada Colau y Xavier Domènech deberían ser conscientes de que romper con los socialistas por motivos extramunicipales no solo reduce el foco de la alcaldesa en su ciudad, sino que afecta de lleno a la identidad de los Comunes. Lo han votado las bases pero los mensajes que las cúspide han emitido sobre el PSC antes y durante la Asamblea no solo no fueron neutrales, sino que convirtieron el voto del 45% en prácticamente un acto de indisciplina colectiva.

El discurso de los Comunes pidiendo amnistía y libertad para los presos políticos con el lazo amarillo en la solapa parece atrapado por el relato unilateral. Sin entrar en honduras el mismo adjetivo no puede designar la situación de Oriol Junqueras y la de Miguel Núñez, el madrileño del PSUC, torturado y encarcelado en los calabozos de Franco.

La demonización de los socialistas afecta más allá del 21-D, cuando el 155 sea un amargo recuerdo. Nuestro laberinto nacional necesita la construcción de amplias mayorías en Cataluña y en España. Hay una España que se mira, como dice Antoni Puigverd, en el espejo del centralismo de la nación francesa, que vive el plurilingüismo como un partido vive una escisión y hay otra que quiere llegar a ser la nación de naciones que sugiere aunque no concreta la Constitución de las nacionalidades y las regiones, y que cree que el plurilingüismo nos enriquece culturalmente.

¿Con qué alianzas se puede hacer avanzar esa España alternativa para modificar la constitución y el estatus de Cataluña, para impulsar un diálogo político y acordar un indulto, si fuera preciso? Por mucho que le demos vueltas, en cualquier amplia alianza, también en España, hay dos fuerzas políticas imprescindibles. Precisamente las dos que hasta ahora gobernaban Barcelona.

José Luis Atienza, coportavoz del espacio Comuns Federalistes.

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