El temor a otro bloqueo tras el 21-D moviliza a todos los partidos

El empresariado urge a generar un “clima de estabilidad institucional”

Los candidatos a la Generalitat de Cataluña antes del debate del jueves.
Los candidatos a la Generalitat de Cataluña antes del debate del jueves. Quique García (EFE)

La perspectiva de que el panorama político del 22 de diciembre sea igual o incluso más endiablado que el actual mantiene en vilo a los partidos y al mundo económico. La primera semana de campaña ha constatado el enroque del independentismo en continuar con el procés mientras las encuestas no otorgan mayoría a los constitucionalistas pese a las subidas de Ciudadanos y del PSC. Ante esta situación el empresariado urge a generar un “clima de estabilidad institucional”.

Todos los partidos tienen claro que la única forma de pasar página del actual clima político es que se dispare la participación. Pero para que esto ocurra tienen que seguir agitando hasta el límite a sus respectivos electorados potenciales para evitar que nadie se quede en casa, lo que es complicado cuando la participación de 2015 ya rozó el 75%. La forma de los independentistas de mantener la movilización es reduciendo el discurso a una apelación constante a votar para “sacar de la prisión” a los dirigentes que siguen encarcelados como si ello dependiera de un resultado electoral y no de una decisión judicial. Esta apelación emocional la suman a llamadas constantes a “derrotar el bloque del 155”, al que acusan de querer “arrasar” las instituciones catalanas.

Los separatistas siguen sin dar detalles de qué van a hacer para continuar con el proceso independentista. Se limitan a pedir grandes mayorías. En el caso del Junts per Catalunya, la lista de Carles Puigdemont, para “restituir al Gobierno legítimo”. En el caso de Esquerra, para “consolidar la República”, sin decir nunca qué significa esto.

“Volverá a mandar la CUP”

El bloque constitucionalista ha centrado su discurso en dejar atrás el procés. Ayer, Mariano Rajoy, de visita a Lleida, llamó a abrir “una nueva etapa en la que se dejen de lado las ensoñaciones y las quimeras de algunos dirigentes políticos”. En el caso de Inés Arrimadas, de Ciudadanos, su mensaje monolítico va dirigido a concentrar todos los apoyos para dejar atrás el procés. Y a no confiar en los socialistas, a los que, como dijo ayer, considera una “vía indirecta” para alargar el proceso independentista. El líder del PSC, Miquel Iceta, niega estas acusaciones y prefiere presentarse como el candidato que busca pacificar Cataluña tras la batalla de los últimos meses. “Si vuelven a ganar los independentistas, la ruina de Cataluña será total y completa. Y volverá a mandar la CUP, volveremos a salir de la legalidad y estaremos cuatro años más hablando del artículo 155 y la crónica judicial”.

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El problema de estos primeros días de campaña es que cuesta ver grietas que acaben con el empate eterno entre independentistas y no independentistas. Las encuestas reflejan que el bloque secesionista flojea pero no tanto como para sumar menos escaños que el constitucionalista. Y, este último, a su vez, tiene grandes rivalidades internas que hacen peligrar cualquier pacto entre Ciudadanos, los socialistas y el PP.

De momento, la única vía de pacto entre formaciones que no sean estrictamente del mismo bloque es la que, de forma más o menos indisimulada, propugna ERC: un acuerdo con todas las formaciones que defienden un referéndum, lo que incluiría a Catalunya en Comú-Podem. La candidatura de Xavier Domènech coquetea con la idea, pero intenta no dejarse atrapar: “Quienes nos han llevado hasta este punto de bloqueo no son los que nos pueden sacar de él. El 21 de diciembre los catalanes deben apostar por superar el bloqueo y no por seguir atrapados en el pasado”, repite.

Hartos de provisionalidad y de legislaturas fallidas —ya van tres— los sectores económicos y sociales catalanes no se cansan de llamar a un cambio de ciclo. La patronal Fomento abogó esta semana por “generar un clima de estabilidad institucional y seguridad jurídica como requisitos indispensables para garantizar el crecimiento económico”.

El miedo de los empresarios es que el 21-D se repita el empate y ello conduzca a nuevas elecciones. Pimec, la patronal de la mediana empresa próxima al soberanismo, no es ajena a este temor. “Hemos tenido cuatro convocatorias electorales en siete años (...) los partidos tienen que hacer una lectura constructiva del 21-D e invertir los máximos esfuerzos para alcanzar acuerdos que garanticen la gobernabilidad”, insiste. El cansancio por tanta inestabilidad llega a todos los rincones.

Sobre la firma

Miquel Noguer

Es director de la edición Cataluña de EL PAÍS, donde ha desarrollado la mayor parte de su carrera profesional. Licenciado en Periodismo por la Universidad Autónoma de Barcelona, ha trabajado en la redacción de Barcelona en Sociedad y Política, posición desde la que ha cubierto buena parte de los acontecimientos del proceso soberanista.

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