Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Tercer recambio de la derecha

El conservadurismo encuentra ahora en Ciudadanos la opción que le permite castigar al PP sin favorecer a la izquierda

Albert Rivera e Inés Arrimadas, en un acto de Societat Civil Catalana.
Albert Rivera e Inés Arrimadas, en un acto de Societat Civil Catalana. Massimiliano Minocri

La derecha española vive tiempos de mudanza. Todos los indicadores coinciden en señalar que el partido gobernante en España pierde apoyos a raudales. La pérdida se produce en beneficio de Ciudadanos, que en algunos sondeos se sitúa ya en torno a diez puntos porcentuales por encima del Partido Popular (PP). Si esta expectativa se materializa, en las próximas elecciones generales se producirá la tercera sustitución, el tercer recambio, en la representación de los intereses de la derecha desde la muerte de Franco.

El conservadurismo había vivido cómodamente instalado en el franquismo y, al final de la dictadura, el electorado de centro derecha se decantó masivamente por la Unión de Centro Democrático (UCD) creada por Adolfo Suárez, en vez de hacerlo por la Alianza Popular (PP) de Manuel Fraga, que se presentaba a sí misma como la heredera más genuina de la etapa anterior. Se produjo entonces la primera gran sustitución al frente del bloque social conservador. Se adaptaba así a la nueva situación democrática sin merma para sus intereses generales.

La UCD, sin embargo, era un partido organizativamente frágil y tardó poco en entrar en crisis, de manera que ya en 1982, con la llegada del PSOE de Felipe González al Gobierno, se abrió la expectativa de una nueva sustitución en la representación del conservadurismo. Esa etapa resultó ser bastante larga, 14 años, durante los que el partido de Fraga tuvo que ganarse las credenciales de oposición democrática. La sustitución de la UCD por otro equipo al frente de la derecha española requirió un cambio de nombre y de liderazgos en la vieja AP, hasta que en 1996, ya con la marca PP, su nuevo líder, José María Aznar, se atreviera a reclamar para sí y para su partido la herencia de un conservadurismo “sin complejos” por sus orígenes.

La paralela consolidación del PSOE como polo progresista y del PP como polo conservador del sistema español de partidos entró en crisis en las elecciones europeas de 2014 con la aparición de dos nuevos partidos, Podemos y Ciudadanos. El primero, por el flanco de la izquierda; el segundo, por el de la derecha. La crisis económica que estalló en 2008 hizo emerger un profundo malestar social y un gran descontento político por el funcionamiento del sistema de partidos, hasta el extremo de facilitar el asentamiento de estas dos nuevas formaciones dirigidas, respectivamente, por Pablo Iglesias y Albert Rivera. Pero ni los nuevos partidos ni el PSOE han sido capaces de poner en jaque a los sucesivos gobiernos del PP presididos por Mariano Rajoy en esta etapa hasta que a los estragos de la crisis económica se les han sumado los efectos de otras dos crisis, de naturaleza bien distinta. Una es la provocada por la inaudita e inacabable serie de casos de corrupción destapados en la última década. La otra es la provocada por el inesperado resurgir y enquistamiento de un conflicto en torno al encaje constitucional de Cataluña.

Aunque ha habido también sonoros casos de corrupción que han afectado de lleno al PSOE en Andalucía y a Convergència en Cataluña, los escándalos que han afectado al PP en las comunidades de Madrid, Valencia, Baleares y Murcia, y a figuras muy relevantes de su núcleo dirigente han alcanzado cotas insoportables, según se está viendo en los sondeos, incluso para el sector más conservador del electorado.

Ciudadanos nació en Cataluña por el impulso de una serie de plataformas dedicadas a combatir la implantación de la lengua catalana en el sistema escolar público. En su fundación se definió como un partido socialdemócrata con tintes liberales. La potente emergencia de Podemos en 2014 como principal foco de protesta por los estragos de la crisis económica puso de manifiesto la inexistencia de una alternativa en el flanco de la derecha. Cuando el banquero Josep Oliu dijo que “necesitamos un Podemos de derechas”, Albert Rivera vio su oportunidad. En su siguiente congreso Ciudadanos abjuró de la socialdemocracia y abrazó el liberalismo. Se configuró así una alternativa política para la tercera gran sustitución en el ámbito del centro derecha español desde el fin de la dictadura.

El conservadurismo que se adaptó desde el franquismo a la democracia votando a UCD en 1977 y que luego se pasó en masa de UCD al PP en 1996 encuentra ahora en Ciudadanos la opción que le permite castigar al PP sin favorecer a la izquierda.

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