La primera obra maestra de Dalí

El Teatro Museo de Figueres expone ‘Galarina’, inspirada en ‘La Fornarina’ de Rafael, para rendir homenaje al gran pintor renacentista

'Galarina' de Dalí (1945) y 'La Fornarina' de Rafael, de 1520.
'Galarina' de Dalí (1945) y 'La Fornarina' de Rafael, de 1520.

El gran pintor Rafael siempre le dio dolores de cabeza a Salvador Dalí. No solo porque le costó su expulsión de la Academia de Bellas Artes de San Fernando en 1926 cuando, tras sacar la bola del tema para su examen Rafael, pintor del Renacimiento, se enfrentó con el tribunal al grito de: “Yo sé más de Rafael que ustedes tres juntos. Me niego a contestar”. También, porque para Dalí el gran pintor de madonas del Renacimiento era uno de los más grandes —después de su estimado Vermeer, pero por delante de Velázquez y Leonardo—, y lo convirtió en una gran fuente de inspiración: “Necesito el localismo de Portlligat como Rafael el de Urbino, para llegar a lo universal por el camino de lo particular”, dijo en 1950. Más tarde, en 1958, pese a su ego manifiesto, no le costó reconocer: “Soy un mal pintor. Si comparo mis telas con las del Renacimiento, con las de Rafael por ejemplo, me doy cuenta del desastre total de mi obra. Pero esto no impide que sea, gracias a mi estilo, uno de los mejores artistas actuales”. Todo eso, cómo no, acabó reflejado en obras como Galarina,el bello y sensual retrato de su amada Gala que vio la luz en 1945, del cual nunca se desprendió y que se conserva su museo de Figueres.

Fotografía de Gala posando para Dalí y uno de los dibujos preparatorios de 1943 para 'Galarina'.
Fotografía de Gala posando para Dalí y uno de los dibujos preparatorios de 1943 para 'Galarina'.Fundació Gala-Salvador Dalí

La obra, inspirada en La Fornarina, que el de Urbino pintó alrededor de 1520, es el segundo capítulo del homenaje que el Teatro Museo de Figueres rinde a la admiración de Dalí a Rafael en los 500 años de la muerte del italiano, tras reunir La ascensión de Santa Cecília, de 1955, junto a La Virgen de la rosa, de Rafael, de 1517, en la exposición Dalí-Rafael. Un ensueño prolongado, que estará abierta hasta el 31 de diciembre.

“Dalí esboza el proyecto de un retrato de Gala, al que llama Galarina en recuerdo de La Fornarina de Rafael. Este dibujo figurará en la exposición, pero el cuadro no se terminará hasta dentro de un año, pues Dalí piensa trabajar en él por lo menos durante este tiempo con el fin de realizar lo que llama ya ‘mi primer ensayo de obra maestra”, escribió Dalí (en tercera persona) en 1944, para explicar sus intenciones con este retrato de 64 por 50 centímetros. “El manuscrito, muy poco conocido, nos remite a la obsesión de Dalí por llegar a la perfección de los maestros del pasado, como demuestra esta obra”, explica Montse Aguer, directora de los Museos Dalí. En el óleo de Dalí, su musa y compañera aparece con los brazos cruzados y con el pecho desnudo; la amante de Rafael, hija de un panadero del Trastevere, se toca su pecho izquierdo con la mano contraria. Las dos miran de forma hierática al espectador.

En la muestra pueden verse no solo la obra de Dalí en una nueva ubicación, la Sala de las Logias. También, la obra de Rafael aunque a diferencia de la primera exposición, en la que el Prado dejó prestada su Virgen, ahora el visitante se ha de conformar con una reproducción de la pintura renacentista que no ha viajado desde la Galeria de Arte Antiguo de Roma. Junto a ellas se expone la fotografía en la que Dalí copió su pintura y uno de los dibujos preparatorios de 1943 (se conocen, al menos, otros dos de 1941 en los que el pintor cambia la postura de brazos y manos y, sobre todo, el peinado). La mini exposición se completa con dos fotografías de Dalí y Gala en 1943 en la Knoedler Gallery de Nueva York junto al dibujo preparatorio.

‘Cesta de pan’

La comparación entre la fotografía y la obra final permite ver la técnica usada por Dalí, para este y muchos de sus grandes obras. En el dibujo se puede comprobar cómo Dalí quiso incorporar elementos como un gran colgante del cuello de Gala. “Al final decidió concentrar la atención del espectador en el rostro y, sobre todo, el pecho de Gala”, resalta Aguer que explica que el brazalete es “un uroboro, una serpiente de la cultura egipcia y griega que habla de unidad material, espiritual, creación e inmortalidad”. Al parecer, “Dalí decía que era una pieza de Fabergé, pero nos hemos puesto en contacto con ellos y aseguran que no es Fabergé”. Brazalete y colgante están desaparecidos. “Antes de regresar la pareja en 1948, tras casi 10 años en Estados Unidos, Dalí denunció el robo de unas joyas, pero no tenemos constancia de qué sean estas”, dice.

El 20 de noviembre de 1945 se inauguró la exposición con sus últimas obras en la Bignou Gallery de Nueva York y Dalí escribe en el catálogo: “He titulado esta pintura Galarina porque Gala es para mí lo que la Fornarina para Rafael. Y sin premeditación, aquí tenemos nuevamente...¡el pan! Un análisis riguroso y perspicaz mostrará que los brazos cruzados de Gala semejan el entrelazado de la cesta, y su pecho, el canto del pan”. Por suerte, otra de sus grandes obras, Cesta de pan, puede verse cerca, en otra de las salas del museo de Figueres, porque Dalí y Gala, siempre la conservaron.

Sobre la firma

José Ángel Montañés

Redactor de Cultura de EL PAÍS en Cataluña, donde hace el seguimiento de los temas de Arte y Patrimonio. Es licenciado en Prehistoria e Historia Antigua y diplomado en Restauración de Bienes Culturales y autor de libros como 'El niño secreto de los Dalí', publicado en 2020.

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