Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Pequeños pasos que pueden llevar lejos

El acercamiento entre los partidos de izquierda para aprobar presupuestos y facilitar la gobernabilidad prefigura un cambio de alianzas políticas

Reunión de negociación para formar el gobierno español entre ERC y PSOE.
Reunión de negociación para formar el gobierno español entre ERC y PSOE.MASSIMILIANO MINOCRI

Las izquierdas están siguiendo en las últimas semanas una política de pequeños pasos que sirve, de momento, para abrir un camino. Les vale también para demostrarse a sí mismos dos cosas: primera, que son capaces de hacerlo, algo que hace medio año no ocurrió y provocó el adelanto electoral que acarreó retrocesos para todos y cada uno de ellos; segunda, comprobar que la cooperación puede llevarles a otros acuerdos más sustanciales. Siguen el refrán italiano: Piano piano si va lontano.

Los primeros pequeños pasos han abierto la posibilidad de que el Ayuntamiento de Barcelona tenga un presupuesto para 2020 apoyado por la mayoría municipal de izquierdas. Los tres partidos que en mayo fueron incapaces de pactar la alcaldía están fraguando ahora un acuerdo presupuestario. Los concejales barceloneses de los Comuns y del PSC han sabido ponerse de acuerdo esta vez con los de ERC. De inmediato, casi en paralelo, el grupo de los Comuns en el Parlament y el consejero de Economía del Gobierno de Quim Torra, Pere Aragonès, que es la principal figura de ERC fuera de la cárcel, han andado unos segundos pequeños pasos, los que les han de llevar a aprobar los presupuestos de la Generalitat para 2020.

Esto sucede mientras sendas delegaciones del PSOE y de ERC negocian la investidura del candidato socialista a la presidencia del Gobierno, Pedro Sánchez. A nadie se le escapa que ese eventual tercer acuerdo debiera aportar también una garantía de estabilidad durante la legislatura. La primera prueba será el debate de los presupuestos generales del Estado para 2020. Partes muy relevantes, esenciales, de los presupuestos de la Generalitat y del Ayuntamiento de Barcelona dependen, en última instancia, de los presupuestos generales del Estado. Sucede entonces que cada paso para asegurar los presupuestos donde gobierna cada uno de estos partidos —el de Ada Colau en el Ayuntamiento, el de Aragonès en la Generalitat, los socialistas de Sánchez y Miquel Iceta en el Gobierno de España— sirve también para desbloquear los presupuestos de los otros. Así es como las izquierdas están dibujando un círculo virtuoso allí donde hasta hace solo medio año se impuso una implacable y a fin de cuentas estéril competencia de todos contra todos. La alarma con que el ala derecha de Junts x Cat ha acogido los acuerdos presupuestarios es un indicio claro de que el acercamiento entre las izquierdas tiene un gran potencial político. A los portavoces de la derecha nacionalista catalana les ha faltado tiempo para agitar el fantasma de la subida general de impuestos. Tratándose como se trata de un modesto incremento para la franja más alta de las rentas, es fácil advertir que lo que les alarma de verdad es que el acercamiento entre las izquierdas pueda continuar hasta la configuración de un nuevo escenario para la política de alianzas.

La derecha catalana observa con inquietud justificada y apenas disimulada el lento desapego de ERC respecto de la coalición independentista encabezada no se sabe con certeza si por Carles Puigdemont, Quim Torra o David Bonvehí. Esa inquietud crece en la misma medida en que los postconvergentes comprueban que su conversión al independentismo les ha llevado a recortar su espacio electoral a beneficio de ERC. En las elecciones del 10-N, ERC ha logrado arrebatar a los postconvergentes el papel de bisagra en la articulación de la mayoría parlamentaria en España y la correspondiente investidura de un presidente de Gobierno. El que fue poderoso kingmakerJordi Pujol en los tiempos de Felipe González y José María Aznar es en la actualidad un presidiario llamado Oriol Junqueras, presidente de ERC. Pero si lograr la investidura de Sánchez es ahora para los socialistas el primer objetivo, para los republicanos la prioridad es sacar a los presos independentistas de la cárcel. Y eso es algo que solo puede llegar después de que unos cuantos pasos como estos, pequeños o grandes, hayan logrado desescalar el conflicto constitucional heredado de la etapa de los gobiernos del PP.

La política de pequeños pasos está preñada de implicaciones y una de ellas es que, poco a poco, puede dejar sin sentido la coalición de ERC con los postconvergentes. ¿Para qué mantenerla, si resulta que ERC no la necesita para participar en la mayoría de gobierno de España, en la del Ayuntamiento de Barcelona y, eventualmente, claro, para un gobierno de la Generalitat en una futura legislatura con mayoría parlamentaria de izquierdas? La interdependencia de todas las izquierdas crea su propia dinámica, responde a unas coincidencias ideológicas de fondo que, superada la fiebre independentista, emergen. Siguen aquí. No se han ido.

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