Crítica
Género de opinión que describe, elogia o censura, en todo o en parte, una obra cultural o de entretenimiento. Siempre debe escribirla un experto en la materia

Daniel Abreu cautiva con ‘La desnudez’ en el Mercat de les Flors

La coreografía del artista canario obtuvo tres premios Max en 2018

Daniel Abreu y Dácil González. MARCOSGPUNTO
Daniel Abreu y Dácil González. MARCOSGPUNTOMARCOSGPUNTO

Hipnótico, hermoso, elegante, magníficamente interpretado y con un vocabulario coreográfico ágil y fértil, además de destilar una fuerte personalidad resultó el dúo titulado La desnudez, que Daniel Abreu (Tenerife, 1976) presentó la noche del viernes en la Sala OM del Mercat de les Flors de Barcelona. Una actuación que había despertado gran expectación ya que se trataba de un bailarín y coreógrafo muy galardonado: Premio Nacional de Danza 2014 y la pieza había recibido tres premios Max en la edición de 2018, por mejor coreografía, mejor espectáculo y mejor intérprete de danza. El espectáculo no defraudó. 

El espectáculo interpretado por el propio Abreu junto a la magnífica bailarina Dácil González recrea el amor con mayúscula en sus diferentes etapas a lo largo de la vida de una pareja. El dúo que dura 70 minutos logra apresar la retina del espectador en todo momento por la belleza de las escenas, la sinceridad de los sentimientos que se expresan y el espacio escénico donde se desarrolla la acción. Un espacio escénico formado por palos y telas que se convierten en morada, escondite o sepultura de los intensos sentimientos que destila la obra. Una escenografía sencilla que resulta muy efectiva visualmente.

La desnudez

Dirección, coreografía y espacio escénico de Daniel Abreu; Interpretación de Dácil González y Daniel Abreu; Músico: Hugo Portas; Música de Tarquinio Merula, Claudio Monteverdi; Gabriel Fauré y Henry Purcell; Iluminación de Irene Cantero; Mercat de les Flors. Sala OM. Barcelona 31 de enero

La calidad del baile de esta pareja es íntimo y poético y combina lo sublime con lo vital logrando un movimiento ondulante y expresivo. Un baile que se construye y se desmorona, se desnuda y se viste, como su voluptuoso amor. Ambos intérpretes hacen gala de un gran dominio del cuerpo y del gesto. Su madurez interpretativa se apodera de la escena en cada instante. El movimiento de brazos de Dácil González es hipnótico al igual que el quiebro de su sensual cintura, mientras que Daniel Abreu con su elegante gesto intenta sucumbir o resistir según el momento al hechizo de su compañera. La solidez y magnetismo del trazo coreográfico de Abreu le ha convertido en uno de los mejores creadores del panorama contemporáneo español.

En cuanto a la música, es un acertado collage en que se mezclan partituras de Tarquinio Merula, Claudio Monteverdi, Gabriel Fauré y Henry Purcell. Muy acertado la presencia en escena del músico, Hugo Portas con su trombón. Su sólida presencia en escena es de una gran fuerza cuando está en silencio. Y cuando toca, el frío sonido del metal crea un interesante contrasta con la calidez y pasión que emana del baile de la pareja.

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