Sin importar la opción, los votantes del plebiscito por una nueva Constitución en Chile creen que van a ganar

En las largas y expeditas filas para sufragar solo hay optimismo y esperanza. Los que rechazan, confían en las encuestas, y los que aprueban, en la calle

La largas filas de votantes en el interior de un colegio electoral en Santiago de Chile, 4 de septiembre de 2022.
La largas filas de votantes en el interior de un colegio electoral en Santiago de Chile, 4 de septiembre de 2022.PABLO SANHUEZA (REUTERS)

Con la pandemia en retirada y la primavera a la vuelta de la esquina, millones de chilenos han salido este domingo a votar en el plebiscito constitucional. En distintos puntos de Chile se han registrado kilométricas filas que avanzan a un ritmo ágil. A diferencia de elecciones con papeletas más complejas, como las de diputados o alcaldes, aquí solo existen dos alternativas: apruebo o rechazo. Desde ancianos en sillas de ruedas hasta jóvenes que debutan como sufragistas han protagonizado las imágenes de la primera mitad de la jornada electoral. Uno de los aspectos más llamativos es que, hombres y mujeres, independiente de su nivel socio económico y de su tendencia política, tienen algo en común: el convencimiento de que su opción será la ganadora.

Los que van por el rechazo están confiados en las encuestas, que desde hace dos semanas dejaron de publicar resultados, ya que la ley lo prohíbe. Sin embargo, durante meses los sondeos dieron un holgado triunfo a la opción de desechar la propuesta constitucional, con una ventaja de entre ocho y 11 puntos. “Estoy feliz, de buen ánimo. A diferencia del primer plebiscito [de 2020, cuando el 80% votó a favor de redactar una nueva Constitución], creo que esta vez mi opción sí va a ganar”, comenta María Cecilia, de 76 años, en el centro de votación de Campus Oriente de la Universidad Católica, en el municipio de Providencia, el quinto más rico de Chile.

Como varios que comparten su opción, María Cecilia apoya una nueva Carta Fundamental, pero no la escrita por la convención. La ingeniera Ana María Alarcón, de 56, asegura que lo ideal es que un equipo de expertos y legisladores sean los que redacten un nuevo texto. “Uno que una a la sociedad”, donde la gente tenga “más libertad” y no “tanto derechos”. Votante del apruebo en el referéndum de entrada, Alarcón lamenta que “desde que comenzó el proceso se fue polarizando y no primó el bien común”.

La misma seguridad y optimismo de las mujeres, las comparte Mario Espinoza, de 30 años, un joven que participó intensamente en las revueltas de 2019 y que marcó apruebo. “Estoy muy esperanzado. Hoy el resultado debería ir contra todo pronóstico y ganar el apruebo. Tenemos una concentración de medios que dificulta conocer ese resultado, pero así será, los multitudinarios eventos en la calle dan cuenta de ello”, sostiene el consultor en el Instituto Superior Frei Montalva, ubicado en el centro de Santiago. “El proceso, que siempre estuvo en el barro, me pareció virtuoso porque abrió las puertas a discusiones que antes no tenían espacio: derechos, salud, educación”, agrega, tras hacer una fila que se extendía por dos calles.

Los expertos electorales calculan que con un 30% del escrutinio se podría marcar tendencia, siempre que la diferencia sea amplia. Si es muy estrecho el margen entre ambas opciones, recomiendan esperar hasta contar con, al menos, la mitad de los votos.

Si bien ha primado la esperanza entre los votantes, ha habido quienes marcaron la papeleta con los ojos cerrados. Ana Belén Soto, de 19 años, salió de la urna “súper abrumada”. Quería votar por el apruebo, pero finalmente se decantó por el rechazo dando prioridad al “bien común”. Camila, psicóloga de 37 años que, hasta el último minuto no tenía decidido qué hacer, pero “lamentablemente” se decantó por el rechazo. Según las encuestas, la ventaja del rechazo es mayor entre quienes no votaron en los procesos anteriores: 2 a 1.

Las extensas filas desde primera hora de la mañana dan algunas pistas de una participación récord. Por primera vez en la historia de Chile, se ha utilizado un sistema de inscripción automática y voto obligatorio en un padrón electoral de 15,1 millones. Algo inédito de la jornada también ha sido el voto de presos con condenas menores a tres años. Estaba previsto que unos 900 imputados participaran de las elecciones.

A pesar del evidente entusiasmo, también se vieron decenas de personas esperando excusarse afuera de distintos Juzgados de Policía Local a lo largo del país. Los expertos calculaban que cerca de un millón de ciudadanos no asistirán a sufragar por los motivos que permite el Servicio Electoral (Servel): licencia médica, encontrarse fuera o a más de 200 kilómetros del lugar de votación u otro impedimento grave. Los que no se excusaron deberán pagar una multa de hasta 190 dólares.

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