Plebiscito constitucional
Columna
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Boric y la hora de ajustar todos sus sueños

El joven presidente de Chile está frente a una encrucijada dolorosa después de que el rechazo se impusiera en todas las regiones y en las principales comunas

El Presidente de Chile, Gabriel Boric, pronuncia un discurso a la nación, en Santiago, el 4 de septiembre de 2022.
El Presidente de Chile, Gabriel Boric, pronuncia un discurso a la nación, en Santiago, el 4 de septiembre de 2022.PRESIDENCIA DE CHILE (Getty Images)

Gabriel Boric está frente a una tarea muy desafiante. Tendrá que rescatar su proyecto político, amenazado por la nueva configuración de poder que surgirá del aplastante triunfo del Rechazo a la nueva Constitución. Esa victoria era previsible. Pero no en la magnitud con que se presentó: una diferencia de casi 24 puntos porcentuales a favor de los que no quisieron el texto reformado. Votaron alrededor de 13 millones de personas, un nivel de participación que no se registra en Chile desde los años 90, cuando el voto era obligatorio. Para tener una referencia: en la segunda vuelta presidencial de 2021 votaron 8.349.386 ciudadanos. El Rechazo se impuso en todas las regiones y en las principales comunas. En la segunda vuelta que, en 2021, le llevó a la Presidencia, Boric obtuvo 4.620.890 votos. Ayer el Rechazo consiguió 7.881.073.

La aritmética ofrece otra comparación. Cuando se puso a consideración abrir el proceso de reforma de la Constitución, el Apruebo triunfó con 5.892.832 votos. Quiere decir que, en sólo dos años, la actitud de la sociedad frente a su sistema institucional experimentó un cambio llamativo. Es razonable que haya sido así. Más allá de que la reforma constitucional ha sido un anhelo de una franja importante de la dirigencia política chilena desde mucho tiempo atrás, esta modificación a la que ayer se le dijo que no fue la salida desesperada de una elite acorralada por manifestaciones de protesta con arrebatos de furia. Es bastante comprensible que ese clima, a la larga, se atenuaría. Y con él las preferencias del electorado respecto de los cambios deseables.

La Constituyente que elaboró el nuevo texto constitucional hacía juego con aquel brote de ira contra la dirigencia en su conjunto que, hacia octubre de 2019, casi derrumba a Sebastián Piñera. Fue una asamblea que, en su composición, resultó bastante ajena a la dirigencia clásica, contra la que habían marchado las multitudes revoltosas. También su agenda fue, quedó demostrado en el plebiscito de ayer, demasiado rupturista: suponía una remodelación completa del Estado chileno y de sus relaciones con la sociedad. Algunas de sus propuestas más revolucionarias quedaron desairadas de manera llamativa. Por ejemplo: el Rechazo obtuvo 75% en las 10 comunas con mayor presencia mapuche, aun cuando esa comunidad obtenía en la Constitución recusada niveles de autonomía jamás imaginados.

Sería un error, sin embargo, confundir este desfasaje entre las ensoñaciones maximalistas de los constituyentes y las pretensiones menos radicalizadas de la mayoría de la sociedad, con una regresión política y moral. Es el error que cometió el presidente de Colombia, Gustavo Petro, cuando ayer diagnosticó los resultados como un regreso de Augusto Pinochet.

Boric y la coalición gobernante, que lleva en su nombre la palabra Apruebo, se identificó con la aceptación del nuevo texto. Por eso ayer resultaron derrotados. El Presidente se dispone a contestar al impactante revés de los votantes. El vaticinio de los que, durante semanas, conjeturaban las consecuencias de un éxito del Rechazo, está a punto de verificarse. Habrá un cambio de gabinete que se cobrará dos cabezas que condensan el estilo, el gesto, de Apruebo Dignidad. Su compañero de todas las luchas, Giorgio Jackson, es el candidato inevitable a un desplazamiento en todas las proyecciones. De la Secretaría General podría pasar a un ministerio técnico. Nadie cree que Boric prescindirá de él. Izkia Siches, la ministra del Interior y Seguridad Pública, quien fuera jefa de campaña del Presidente, es la otra figura icónica que, casi con seguridad, pase a segunda fila.

Boric está obligado a abrir su esquema de poder hacia fracciones de la política chilena a las que él y sus aliados venían a desalojar. Ahora deberá incorporar a personalidades de la vieja Concertación. Pasar de las conversaciones a los compromisos. El expresidente Ricardo Lagos y Luis Maira, dos figuras consulares del socialismo, van a ser cruciales en esta jugada.

Si su gestión ya debía registrar el severo límite que presentaba la derecha en el Congreso, después del resultado de ayer Boric tendrá que evaluar de nuevo sus prioridades programáticas. Las iniciativas por venir sólo tendrán éxito si se conversa antes con esa oposición. Comienzan a pesar grandes signos de interrogación, entonces, sobre propuestas como la reforma tributaria, una de las banderas más preciadas del Gobierno.

El joven presidente de Chile está frente a una encrucijada dolorosa. Obtendrá gobernabilidad a cambio de una pasable esterilidad. Los ajustes programáticos que deba realizar abrirán otro frente de tensiones hacia el interior de la propia coalición. La relación siempre difícil con los socios comunistas volverá a ponerse a prueba. Es un comunismo también debilitado, que ayer salió derrotado en sus cinco plazas principales.

Estas dificultades políticas se recortan sobre un paisaje económico plagado de incógnitas. La inflación, signo de los tiempos, es la mayor desde 1994: 13,1% interanual. Se combina con una caída en el nivel de actividad que amenaza al país con una recesión. Boric está ahora destinado a navegar por este oleaje, sometido a la cura de humildad que entraña siempre una pérdida de poder. Obligado a frustrar a los propios e inclinarse frente a los ajenos.

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