Álvaro Elizalde: “La Constitución actual está vigente en Chile, pero se encuentra política y socialmente derogada”

El dirigente socialista y presidente del Senado chileno espera que la derecha cumpla con su compromiso de avanzar en un nuevo proceso de reforma constitucional

El presidente del Senado chileno, el socialista Álvaro Elizalde, posa en la exse de la Cámara Alta, en marzo pasado.
El presidente del Senado chileno, el socialista Álvaro Elizalde, posa en la exse de la Cámara Alta, en marzo pasado.Cristian Soto Quiroz

Álvaro Elizalde (Talca, 52 años) cumple seis meses como presidente del Senado chileno. Tras el triunfo del rechazo a la nueva Constitución en el referendo del 4 de septiembre, tiene en sus manos la responsabilidad de negociar con todas las fuerzas políticas del Congreso la continuidad del proceso constituyente. Atribuye la derrota del apruebo a “la falta de diálogo para incorporar distintas miradas” y a cierto “tono paternalista” en el texto. El dirigente socialista dice que no tiene dudas de que el presidente, Gabriel Boric, pondrá su firma en una nueva Constitución antes de terminar su mandato en 2026.

Pregunta. ¿Por qué ganó el rechazo en Chile?

Respuesta. La Convención elaboró un texto y se consultó si satisfacía las expectativas de la ciudadanía y la respuesta fue categóricamente en contra. Corresponde analizar cuáles fueron las razones. Faltó voluntad de diálogo para incorporar distintas miradas, que permitieran una base de apoyo al texto. Hubo también una serie de materias que generaron temor y dudas en sectores de la sociedad chilena.

P. ¿Y cuáles fueron esas materias?

R. La conducta de los convencionales, la forma en la cual se desarrollaron los debates, incluso ciertos episodios pintorescos generaron un manto de duda respecto de la calidad del trabajo. Y eso le dio connotación a determinadas palabras o definiciones más allá de lo que realmente se había establecido. Adicionalmente, los sectores conservadores utilizaron esto como herramienta de campaña. Los sectores más desposeídos votaron rechazo. Los sectores medios y medios altos tuvieron mayor apoyo proporcional al apruebo, lo que da cierta lógica paternalista del texto.

P. ¿A qué se refiere con “paternalista”?

R. Las comunas con mayor población indígena tuvieron un importante nivel de apoyo al rechazo y las comunas donde existe más pobreza también. La pregunta es si se escuchó a ese sector de la sociedad para plasmar en el texto esas demandas, o más bien una élite intentó interpretar lo que el pueblo quería o lo que querían los pueblos indígenas. De todas formas, hay cosas destacables en el texto.

P. ¿Por ejemplo?

R. La paridad y el Estado social y democrático de derecho.

P. El proceso ha quedado en manos del Congreso. ¿Qué sigue ahora?

R. Desde el punto de vista formal, la actual Constitución sigue vigente, pero hay un mandato ciudadano para reemplazarla. La campaña del rechazo consistió en un compromiso para avanzar hacia una nueva Constitución que se expresó en el lema ‘ni la una ni la otra’. Ahora corresponde que el Congreso apruebe una reforma constitucional que habilite continuar con el proceso constituyente. El debate se ha generado respecto del mecanismo más idóneo.

P. ¿Y cuál considera usted que es ese mecanismo?

R. Para que el nuevo texto tenga legitimidad la voz del pueblo debe ser respetada y escuchada. Y debemos tener un diálogo inclusivo para incorporar distintas miradas, porque una Constitución es una ley base que requiere amplio nivel de apoyo en el órgano constituyente, pero sobre todo en la sociedad.

P. ¿Qué le critica a la Constitución vigente?

R. Que fue concebida bajo una ideología que declara inconstitucionales las ideas de una parte importante de la sociedad. Las reformas socialdemócratas que impulsó Michelle Bachelet fueron declaradas inconstitucionales. Pese a la reforma de 2005 impulsada por el presidente Ricardo Lagos, todavía no es plenamente democrática. Existe un marco conceptual que consagra esta visión del Estado subsidiario y la lógica neoliberal. Son ideas legítimas, pero no pueden imponerse a través de la Constitución.

P. ¿Las discusiones deben partir de una hoja en blanco o desde un texto ya escrito?

R. La hoja en blanco es fundamental, implica que todo lo que se va a incorporar a la Constitución debe tener el acuerdo necesario para que se incorpore. Si no hay hoja en blanco, uno parte de un texto impuesto por anterioridad y el quórum es para reformar o eliminar lo que dice ese texto. ¿Cuál texto vamos a utilizar? ¿La norma actual? Cosa distinta es que el debate constituyente deba hacerse sobre la base de insumos como las constituciones previas, la trayectoria constitucional chilena o el debate que se realizó dentro de la Convención.

P. ¿Cuál debería ser la función del Gobierno de Boric en el proceso?

R. El presidente tiene un compromiso claro con el cambio de la Constitución, es parte de su ADN. Ahora, el Gobierno ha tomado la decisión de acompañar este proceso, pero radicando en el Congreso la responsabilidad de arribar a un acuerdo. La Constitución actual está jurídicamente vigente, pero se encuentra política y socialmente derogada.

P. ¿Por qué la derecha se ha avenido a redactar una nueva Constitución?

R. Hay sectores de la derecha, más jóvenes, que tienen más vocación democrática, y que incluso se la jugaron por entero con el voto por el apruebo en el primer plebiscito. Espero que esas tesis primen, porque eso va a facilitar un entendimiento. La crisis del estallido no ha sido superada, si no hacemos los cambios a tiempo vamos a poner en riesgo la paz social en el largo plazo.

P. ¿No teme que la derecha quiera hacer valer en las negociaciones el triunfo abrumador del rechazo?

R. Cuando se produjo el estallido muchos dijeron ‘no lo vimos venir’. Sería un error pasar ahora al ‘aquí no ha pasado nada’. También hay sectores de la derecha que son conscientes de que esta vez hay que dar una respuesta que permita los cambios. Sería un error interpretar el 62% del rechazo como un voto a la derecha.

P. ¿Qué lectura hace de las nuevas manifestaciones de estudiantes?

R. Es pronto para saber si estamos en una situación similar a la de 2019 o no. Uno podría decir que ahora el cuadro es distinto, pero hay que estar atento y no hay que tentar a la suerte.

P. ¿Boric podrá firmar una nueva Constitución antes del cambio de Gobierno, en 2026?

R. De eso no me cabe duda. Se ha puesto sobre la mesa la necesidad de que el proceso concluya con suficiente distancia de las elecciones municipales, que son un año antes que las presidenciales. En general, todos los sectores quieren distanciar el trabajo de los procesos electorales.

P. ¿Cómo avanzará el Gobierno en sus reformas mientras convive con el proceso constituyente?

R. El presidente Boric tomó la decisión de radicar el proceso en el Congreso y de esa manera concentrarse en los desafíos que tiene. Tiene que abordar dos urgencias: la situación económica y su cuadro inflacionario y la situación de seguridad pública. El presidente tiene la convicción de que el proceso constituyente es necesario, pero su mayor esfuerzo estará en gobernar.

P. ¿Este Gobierno es más de centro que el que asumió?

R. Es un Gobierno que mantiene su densidad transformadora. Las decisiones que ha adoptado el presidente son para mantener esa densidad, pero sobre la base del Chile real. Aquellos que tiene una posición radical se equivocan, porque esa retórica no se traduce en cambios concretos.

P. ¿Cómo describiría estos primeros seis meses de Gobierno? ¿Cómo de aprendizaje?

R. Hay una nueva generación que ha venido a refrescar la forma de hacer política y subvaloró la tarea de la generación anterior. Ante el desafío de gobernar ha tenido un aprendizaje muy rápido. Boric se caracteriza por ser muy reflexivo y su curiosidad intelectual lo lleva a preguntar siempre a quien piensa distinto a sus razones.

P. El presidente Colombia, Gustavo Petro, dijo que con el triunfo del rechazo “revivió Pinochet”. ¿Qué piensa?

R. Petro no conoce la realidad chilena. Los chilenos ya se pronunciaron en contra de la Constitución de Pinochet y ahora contra el texto propuesto por la Convención. No toma en cuenta cuán difícil ha sido recuperar la democracia en nuestro país. El factor Pinochet es minoritario en la sociedad chilena.

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