Sin luna de miel: por qué la popularidad de Gabriel Boric está por debajo del 30% en Chile

El presidente de izquierdas suma un 65% desaprobación en los sondeos a poco más de siete meses de asumir el cargo

El presidente de Chile, Gabriel Boric, ofrece declaraciones en La Moneda, la sede del Gobierno en Santiago, el 18 de octubre de 2022.
El presidente de Chile, Gabriel Boric, ofrece declaraciones en La Moneda, la sede del Gobierno en Santiago, el 18 de octubre de 2022.Presidencia de Chile

El presidente Gabriel Boric, que llegó a La Moneda en marzo pasado como punta de lanza de una nueva generación de izquierdas, sufre de baja popularidad. A solo siete meses del comienzo de su mandato, que se prolongará hasta marzo de 2026, solo un 27% de la opinión pública lo aprueba, mientras un 65% lo desaprueba, de acuerdo al último sondeo semanal de la encuestadora Cadem.

Los bajos índices de apoyo rompen con una tendencia de los presidentes desde el regreso a la democracia en 1990, una especie de luna de miel con su electorado al menos durante el primer año de Gobierno. Cuando la política chilena enfrenta una crisis compleja –el estallido social de 2019 inauguró un proceso constituyente que todavía se encuentra abierto–, existen múltiples razones que explican la baja aprobación a Boric y a su gestión, algunas estructurales y otras, directamente, relacionadas a los errores cometidos en los primeros meses de mandato.

Existen problemas de fondo que hacen difícil gobernar actualmente en Chile. El cientista político Juan Pablo Luna, una voz escuchada en el Frente Amplio de Gabriel Boric y por el propio presidente, explica que, junto con una crisis de la política, Chile enfrenta una crisis de su modelo de desarrollo y otra del Estado y de su institucionalidad. “Esto explica en parte que en Chile, la mejor forma de perder poder sea ganando una elección. Uno gana una elección e, inmediatamente, pierde poder. Y eso no solo sucede por la debilidad del liderazgo político y el tipo de política que tenemos, sino porque el Estado como herramienta de transformación social y de incorporación aparece disparejo en términos territoriales, socioeconómicos, funcionales. Tiene múltiples falencias que hacen que la política no pueda resolver los problemas que a la gente le complican la vida cotidiana”, explica el autor de obras como La chusma inconsciente.

Pero Luna no le quita responsabilidad al aterrizaje en el poder de Boric y sus compañeros de ruta. “Lo que le pasa a este Gobierno tiene que ver con el trasfondo estructural del que hablamos y con una sobreestimación de la capacidad del liderazgo de operar sobre esa estructura. El Gobierno actual y sus cuadros tenían la ilusión de que parte importante del problema tenía que ver con un recambio de élites, cuando el problema de la política tiene relación con la desconexión y desarraigo social que el Frente Amplio comparte con los partidos a los que critica. Hay una visión bastante naif del recambio y la superioridad moral con que estos nuevos liderazgos llegan a La Moneda”, opina Luna, profesor de la Escuela de Gobierno de la Universidad Católica.

En una entrevista este viernes, Luna aseguró que el plebiscito de salida del proceso constituyente, donde se rechazó la propuesta constitucional de la convención por un 62%, “fue el fin del gobierno de Boric, como el estallido lo fue para Piñera”, en referencia a la ola de protestas de octubre de 2019 que terminaron simbólicamente con la Administración de derecha en la mitad de su mandato. Para el investigador, sin embargo, no se trata de un problema en su diagnóstico de la sociedad: “El diagnóstico sociológico respecto al malestar y a la estructura de ese descontento es tan válido como antes [del plebiscito]. El déficit del Gobierno, que es también el de todo el sistema político, tiene más que ver con una visión superficial y poco densa sobre cómo operar sobre ese malestar. Esta no es una sociedad que pueda gobernarse por Twitter o por redes sociales. Y no es una sociedad que pueda volver a gobernarse meramente desde arriba con operaciones comunicacionales en torno al envío de proyectos de ley”.

Luego del referéndum, el presidente tuvo que cambiar las principales piezas de su Gobierno, a sus ministros de confianza y decidió integrar con mayor fuerza al socialismo, que no forma parte de su coalición original. Como ministra del Interior asumió Carolina Tohá, una histórica dirigente de los gobiernos de centroizquierda, con amplia experiencia. “Boric está entendiendo que la gradualidad es importante para darle legitimidad a los cambios profundos”, aseguró entonces el expresidente Ricardo Lagos (2000-2006) en una entrevista con EL PAÍS.

El escenario externo

La politóloga Claudia Heiss, jefa de la carrera de Ciencia Política de la Facultad de Gobierno de la Universidad de Chile, asegura que “Boric tiene un escenario internacional adverso, porque la crisis por la guerra en Ucrania y el aumento de la inflación en el mundo golpean fuertemente a una economía como la chilena”, que hoy tiene un 13,7% de inflación anual, inédita en las últimas tres décadas. En septiembre, el 90% de los productos que componen la canasta básica subieron de precio y por primera vez sobrepasan el equivalente a los 62 dólares. “Siempre el apoyo al Gobierno baja con las crisis económica”, explica Heiss. Destaca un segundo factor: “La crisis de seguridad pública que enfrenta Chile”, con la articulación del crimen organizado, el narcotráfico y una debilidad de Carabineros [policía militar], aunque Heiss asegura que no se trata de un problema que se haya originado en la actual Administración. La politóloga habla del aumento de la pobreza, el aumento de la migración y una crisis de empleo que se remonta a la pandemia de la covid-19, que ataca sobre todo al trabajo de las mujeres. “Es, en definitiva, un escenario adverso para cualquier Gobierno”, dice Heiss, que milita en uno de los partidos del Frente Amplio.

La académica se refiere a la base de apoyo interno al presidente: “La gran votación de Boric que le permitió ganar la presidencia en diciembre [con el 55% y un inmenso bolsón de sufragios, de alrededor de 4,6 millones, en una presidencial con participación histórica] no era solamente de su coalición de izquierda, sino que contenía mucho voto anti José Antonio Kast [el candidato de la derecha extrema]. Se trataba, por lo tanto, de una base de apoyo bastante débil”, asegura Heiss, que tiene “en general, una buena evaluación de lo que ha hecho el Gobierno”.

La politóloga destaca, sobre todo, sus políticas de responsabilidad fiscal que se empujan desde Hacienda, lo que no siempre acomoda a ciertos sectores de los partidos oficialistas. Apunta, además, a un factor fundamental: Boric no tiene mayoría en el Congreso, lo que dificulta que saque adelante su agenda legislativa y reformas clave, como la tributaria, que actualmente se discute en el Parlamento.

“La popularidad del presidente Boric ha tenido una evolución y comportamiento al que no estábamos acostumbrados en Chile”, comenta el gerente de la encuestadora Cadem, Roberto Izikson, en referencia a la fallida luna de miel. En ese período, asegura Izikson, la aprobación a los presidentes siempre está por sobre la desaprobación, las expectativas son muy altas y se perdonan los errores. “Boric no tuvo nada de eso. Su problema no solo se trata del 27% de apoyo, sino la caída significativa”, agrega Izikson, en referencia al 50% de respaldo con que el mandatario de izquierdas arrancó su Gobierno en marzo pasado. En ese momento, su desaprobación estaba en 20%.

Izikson no pierde de vista que se trata de una aprobación baja, aunque agrega que los mínimos de popularidad en Chile han caído con el paso del tiempo y Bachelet tuvo un mínimo de un 15% y Piñera llegó a un 9%, ambos en sus respectivos segundos Gobiernos y tras sendas crisis. Para intentar explicar las razones, Izikson divide el mandato de Boric en tres capítulos.

En el arranque, el principal problema que tuvo el presidente fue la conformación de su Gabinete, dice el gerente de Cadem, porque instaló como ministros de La Moneda a dirigentes que en promedio tenían 35 años, con lo que alejó a la opinión pública mayor de 45. “La gente mayor sintió que se trataba de un Gobierno sin experiencia”, asegura Izikson. Añade que además fue un error que el Gobierno pusiera todas las fichas para empujar la opción del Apruebo en el referéndum, que fracasó, “con evidente intervencionismo electoral”.

Un tercer momento, de acuerdo a Izikson, se abrió con la derrota en el referéndum, donde el Apruebo perdió en todos los bastiones electorales de la izquierda, incluidos los sectores populares. “El Gobierno quedó sin capital”, dice el encuestador, que reconoce que “Boric recibió un país complejo, como no sucedía desde el primer Gobierno democrático que lideró Patricio Aylwin” tras la dictadura.

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