Las ciudades más pobres y con menos educación de América Latina registran más muertes prevenibles

Un estudio en 363 municipios de nueve países reveló que algunas urbes de México, Colombia y Brasil tienen las tasas más altas de decesos que podrían haberse evitado mediante la atención médica

El estudio analizó las actas de defunción de ciudadanos en Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, México, Panamá, Perú y El Salvador
El estudio analizó las actas de defunción de ciudadanos en Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, México, Panamá, Perú y El SalvadorDaniel Augusto (CUARTOSCURO)

Un nuevo estudio revela que las ciudades de América Latina con los niveles socioeconómicos más bajos de la región tienen un mayor número de muertes prevenibles, es decir, que podrían haberse evitado con un tratamiento médico adecuado. La investigación, que analizó los registros de defunción en 363 municipios de nueve países del continente entre 2010 y 2016, muestra cómo los menores índices de acceso y calidad de la educación básica y secundaria se corresponden con las tasas más altas de fallecimientos que se habrían podido evitar a través de atención médica y sanitaria de calidad. Trabajos previos coinciden en que las urbes latinoamericanas donde estos decesos son más frecuentes tienen los peores niveles de pobreza, hacinamiento y acceso a servicios públicos.

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Usama Bilal, investigador principal del estudio, publicado en la revista International Journal of Epidemiology, afirma por teléfono que, por ejemplo, las muertes en niños de cero a 14 años con VIH se consideran prevenibles porque un sistema de salud adecuado debería tener en tratamiento a todas las mujeres embarazadas que padezcan la enfermedad para evitar así el fallecimiento de los menores. “Las muertes por enfermedades que ya tienen vacuna también son consideradas prevenibles”, dice Bilal, quien es epidemiólogo social en la Universidad de Drexel (Filadelfia). “Nadie debería morir por varicela, tétanos, sarampión, difteria, meningitis, hepatitis o este tipo de dolencias”.

El investigador insiste en que si una persona fallece por una enfermedad para la que ya hay cura es porque el sistema de salud no está haciendo lo correcto. “Otro ejemplo es la tuberculosis. Ya hay tratamiento para eso, pero aún muchas personas en la región siguen muriendo”. Las muertes de las mujeres gestantes o de aquellas que acaban de dar a luz también se incluyen en esta lista. Los decesos por diabetes en pacientes jóvenes, ciertos tipos de cánceres, algunos accidentes de tránsito y los suicidios también son considerados prevenibles.

Bilal afirma que los factores financieros y de desarrollo social están “fuertemente asociados” a las tasas de mortalidad prevenibles. “Encontramos que el número de estas muertes en América Latina es dramáticamente variable. Hay ciudades de Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, México, Panamá, Perú y El Salvador, los países analizados, donde se observaron menos de 400 muertes potencialmente evitables por cada 100.000 habitantes y otras en las que hubo más de 1.000 por la misma proporción”.

Según el investigador, en el estudio encontraron que, a pesar de tener un sistema de salud común, las ciudades de un mismo país reportan tasas de mortalidad prevenible muy distintas. La razón, explica, es que la prevención y reducción de estas muertes no solo depende de la organización del sistema sanitario, sino de las mejoras en las condiciones de vida de los habitantes de las ciudades. Los más ricos mueren menos. “En Colombia, por ejemplo, hay ciudades con una altísima mortalidad prevenible, como la de Afganistán, y ciudades con una muy bajita, como la de Berlín”.

“En Colombia, por ejemplo, hay ciudades con una altísima mortalidad prevenible, como la de Afganistán, y ciudades con una muy bajita, como la de Berlín”.

Pricila Mullachery, coautora del trabajo y también epidemióloga social en la Universidad de Drexel, coincide en que las características específicas de cada ciudad, como el tamaño de la población, las barreras espaciales y sobre todo el nivel socioeconómico influyen en la ocurrencia de estas muertes potencialmente prevenibles. “Comprender cómo los factores de la ciudad afectan la salud puede ayudar a los gobernantes y a los funcionarios médicos a planificar centros urbanos más saludables”, dice la científica.

Mullachery explica por correo electrónico que algunas ciudades de México, Colombia y Brasil, países con un gasto en atención médica relativamente bajo, tuvieron las tasas más altas de muertes que se pueden prevenir mediante la atención médica entre los pacientes con enfermedades crónicas. En México: Piedras Negras, Nogales y San Luis Río Colorado; en Colombia: Buenaventura, Riohacha y Barrancabermeja; y en Brasil: Caxias, Parauapebas y Vitória de Santo Antão. La suma de las ciudades de Perú presentó la tasa más alta de muertes por enfermedades que pueden prevenirse mediante vacunas.

Las ciudades con las tasas de mortalidad más bajas de la región son Santiago, Valdivia y Valparaíso-Viña del Mar en Chile, y San Carlos de Bariloche, La Rioja y Tandil en Argentina. “Las tasas de mortalidad variaron tanto en parte porque los países tienen una distribución distinta de los factores que causan enfermedades, así como un acceso diferente a la prevención y el tratamiento temprano”, dice Mullachery.

Los investigadores encontraron que en estas ciudades, menos mujeres murieron por causas prevenibles que los hombres, 509,3 por cada 100.000 mujeres en comparación con 843,6 por cada 100.000 hombres. Además, las ciudades con mayor población tenían más probabilidades de presentar tasas más elevadas de muertes por enfermedades infecciosas prevenibles mediante vacunación, lo que podría estar relacionado con el tamaño y la densidad de la población y la naturaleza contagiosa de estas enfermedades.

“Las ciudades grandes con dispersión geográfica y separación espacial entre las zonas urbanas tenían tasas más altas de muertes evitables, lo que podría indicar barreras geográficas a la atención sanitaria”, se lee en las conclusiones del estudio.

Con el fin de prevenir estas muertes, los países y las ciudades deben invertir en iniciativas para reducir el consumo de alimentos altamente procesados, aumentar el consumo de frutas y verduras y aumentar las oportunidades de practicar actividad física en las ciudades. “Todas estas son medidas preventivas. Pero al mismo tiempo, los países y las ciudades también tienen que planificar la población que ya está afectada por enfermedades crónicas como la hipertensión y la diabetes para poder realizar un seguimiento adecuado de estas condiciones y mejorar la calidad de vida de estos pacientes”, concluye Mullachery.

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