El humo volcánico se vigila desde la cafetería de un centro de visitantes de volcanes en La Palma

Una estación de investigación improvisada controla el comportamiento del penacho y certifica que, de momento, la concentración de gases no ha producido un empeoramiento de la calidad del aire

El investigador de AEMET Ramón Ramos junto al instrumental instalado en Fuencaliente. LUIS ALMODÓVAR

El centro de visitantes del volcán de San Antonio, situado en uno de los puntos más al sur de La Palma, se dedica a divulgar la historia y la ciencia de los volcanes. Pero en dos de sus grandes pantallas ya no se emiten documentales didácticos o grabaciones de archivo del volcán Teneguía como hasta hace unos días: ahora muestran imágenes de la erupción que está arrasando parte de la isla; la divulgación es actualidad.

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En ese centro hay un cambio más importante: desde hace una semana se ha instalado allí el instrumental más avanzado para hacerle un marcaje científico al penacho de humo que escapa del volcán. Esa estación improvisada, con equipos llegados desde el centro de investigación atmosférica de Izaña, junto al Teide (Tenerife), no ha detectado emisiones que sean peligrosas para la salud, como señala su director, Emilio Cuevas: “La concentración de gases no ha producido un empeoramiento de la calidad del aire”, dice. Además, gracias a estas mediciones, podrán vigilar y calcular la evolución de esa columna gris que apuñala el corazón de la isla.

El jefe de sistemas de Izaña, Ramón Ramos, fue el primero en aterrizar en ese punto de la isla, que les pareció idóneo para observar las emanaciones que surgen de Cumbre Vieja. “Hemos asaltado la cafetería, la tenemos cerrada, y el día que la quieran utilizar... la tenemos hecha un asco”, bromea Ramos. Allí se instaló su pequeño centro de control para ordenadores y otras herramientas; el instrumental científico vigila el penacho desde el techo y el aparcamiento del centro de visitantes. “Al empezar la erupción vimos la necesidad y la oportunidad de intentar monitorizar la pluma [columna] volcánica: el tamaño, la distribución, los compuestos, de la forma más sencilla posible. El domingo lo decidimos, el lunes desinstalamos el instrumental de Izaña y vinimos el mismo martes; por la noche ya estaba operativa”, cuenta el investigador. Esos tres aparatos avanzados analizaban la atmósfera en el observatorio de Izaña, que pertenece a la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET).

En vídeo, espacio de la cafetería en el que trabajan los científicos.Luis Almodóvar

Todo ese instrumental que viajó de Tenerife a La Palma tiene rodeado al penacho: al sur, en ese centro de visitantes de volcanes, analizan la concentración de las partículas que está inyectando el volcán en la zona, si son finas o gruesas, y la cantidad de gases (como dióxido de carbono) que aporta a la atmósfera. También cuentan con un ceilómetro, una especie de cañón láser que apunta al cénit, en vertical hacia el cielo, y que inicialmente se desarrolló para calcular la altura de las nubes, pero que lee lo que localiza: “Sirve para calcular el perfil de la masa de aire que tenemos por encima, y así podemos estimar la cantidad de pluma volcánica”.

La emisión de gases y cenizas superan los 4.000 metros de altura algunos días, por lo que pueden ser transportadas a larga distancia por la circulación de los vientos

En otra punta de la isla, en Tazacorte, al oeste del foco, otra estación de AEMET mide la calidad del aire de esta zona poblada, especialmente las concentraciones en superficie de dióxido de azufre, que es uno de los principales gases emitidos por el volcán y que, en concentraciones elevadas, puede llegar a resultar nocivo para la población. Omaira García, investigadora de Izaña, explica que desde su instalación el 24 de septiembre “las concentraciones registradas han estado siempre dentro de los umbrales normales y esperados (por debajo de 10 microgramos por metro cúbico), aunque se han registrado picos puntuales y de corta duración de hasta 150 debido a fenómenos de recirculación en el valle”.

La emisión de gases y cenizas supera los 4.000 metros de altura algunos días, por lo que pueden transportarse a larga distancia merced a la circulación de los vientos. Como explica García, “en el Observatorio Atmosférico de Izaña, a 2.400 metros sobre el nivel del mar, se han registrado valores puntuales de 1.000 microgramos, cuando normalmente son casi nulos”. Ese gas tóxico afecta más a la cumbre tinerfeña que a la población palmera. Cuevas detalla que el domingo se dio un pequeño aumento de los valores en superficie, pero dentro de los márgenes que no son nocivos para la población.

“Los valores son sorprendentemente bajos”, resume Cuevas. Estas estaciones apoyan el dispositivo desplegado por el Cabildo Insular de La Palma y el Gobierno de Canarias para verificar en detalle la calidad del aire en toda la isla, también apoyados por un sistema de vigilancia de la Unidad Militar de Emergencias (UME). “Los valores son bajos en todos los puntos, también los de la UME en Los Llanos y los del gobierno canario en El Paso”, añade el director de Izaña.

La concentración de partículas en suspensión emitidas por el volcán “no deja de aumentar”, apunta Cuevas, pero solo en altas capas de la columna de aire: “No afecta a la salud. Pero nos servirá a nosotros para conocer cómo contribuye un volcán a la concentración de aerosoles en la atmósfera, para hacer ciencia”, resume.

La estación instalada en el sur de la isla pretende aportar información vital para predecir la evolución del penacho volcánico porque está indicando al instante la cantidad de partículas emitidas y su distribución. Pero de momento “no hemos tenido mucha suerte”, lamenta Cuevas. La estación observa de forma indirecta las emisiones del volcán, si bien todavía no ha tenido por encima el penacho para diseccionarlo como esperaban. “En ese punto se dan las condiciones idóneas para observarlo, porque lo normal es que el viento lo traslade hacia el sur y que ese lugar esté despejado. Pero llevamos unos días anómalos”, lamenta. Ese cambio en los vientos hizo que se haya llenado de ceniza la costa este de la isla, donde se encuentran el aeropuerto y la ciudad de Santa Cruz.

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