La sonda DART consiguió desviar un asteroide por primera vez en la historia

La misión de la NASA triunfa con creces en su objetivo de ensayar un sistema de defensa planetaria contra futuros asteroides peligrosos, al desviar la roca espacial más de lo esperado

Una imagen de la estela causada en Dimorfo tomada por el telescopio espacial 'Hubble' el 8 de octubre.Foto: NASA | Vídeo: EPV

El primer intento de la humanidad de desviar un asteroide ha tenido éxito, según han confirmado este martes los responsables de la misión DART, liderada por el organismo espacial de EE UU (NASA). La pequeña sonda robótica que impactó contra Dimorfo a unos 11 millones de kilómetros de la Tierra ha conseguido cambiar considerablemente su rumbo, según han asegurado este martes varios científicos del proyecto en una rueda de prensa celebrada en Washington.

“El equipo ha confirmado que la órbita de Dimorfo se ha acortado en 32 minutos”, ha explicado Bill Nelson, administrador de la NASA. “Este es un momento decisivo para la defensa planetaria y un momento decisivo para la humanidad”, ha añadido. Giorgio Saccoccia, presidente de la Agencia Espacial Italiana, que contribuyó con el satélite LICIACube que grabó el antes y el después de la colisión, ha explicado: “Esto es algo de lo que estar orgullosos como proyecto internacional”. Después de este logro “podemos decir que estamos algo más a salvo de los asteroides peligrosos”, ha añadido.

El 27 de septiembre, la sonda DART —del tamaño de una nevera y con una masa de unos 600 kilos— impactó contra Dimorfo, un asteroide unas 10 millones de veces mayor. Era el primer ensayo general con el que la Oficina de Protección Planetaria de la NASA quiere aprender a desviar futuros asteroides de más de 140 metros de diámetro, que podrían destruir una ciudad entera si llegan a impactar contra nuestro planeta.

La misión ha tenido un éxito rotundo, pues ha logrado frenar considerablemente a Dimorfo. Este cuerpo de 160 metros de diámetro fue elegido porque orbita como una luna en torno a Dídimo, otro asteroide con un diámetro de 780 metros. En condiciones normales, Dimorfo completaba una órbita en torno a su compañero cada 11 horas y 55 minutos. Tras impactar de frente y a unos 22.000 kilómetros por hora contra su objetivo, DART redujo en 32 minutos ese periodo. Esto supone que Dimorfo también se ha acercado a su hermano en unos 35 metros. El año pasado, el equipo científico determinó que si DART reducía la órbita de Dimorfo 73 segundos o más, la misión ya sería un éxito, aunque la esperanza era aminorarla unos 10 minutos.

Tom Statler, jefe científico de DART para la NASA, ha dicho que el equipo va a seguir trabajando para saber más detalles sobre la composición del asteroide y los efectos del impacto con los que empezar a diseñar un sistema de defensa planetaria para toda la Tierra.

En la actualidad se han descubierto el 95% de todos los asteroides de más de un kilómetro de diámetro; capaces de causar una catástrofe planetaria similar a la que provocó la extinción de los dinosaurios hace 66 millones de años. Los cuerpos de más de 140 metros como Dimorfo son mucho más preocupantes, porque solo se han localizado el 40%. En 2017, la NASA decidió dedicar unos 325 millones de euros a hacer realidad la misión DART. Con ella querían perfeccionar los actuales modelos informáticos para que en el futuro la humanidad pueda hacer frente a rocas peligrosas impactando contra ellas una sonda fabricada a medida.

La colisión de esta pequeña sonda sucedió el 27 de septiembre y fue seguida casi en directo desde la Tierra. Las últimas imágenes enviadas por las cámaras de DART antes de estamparse contra Dimorfo desvelaron que su superficie era muy irregular y pedregosa. Esto parecía indicar que este cuerpo es lo que los astrofísicos llaman “una pila de escombros”; un amasijo de rocas y polvo con poca densidad. Esto implicaba que a pesar de su pequeño tamaño, el impacto levantaría una nube de material que deberían poder observar decenas de telescopios terrestres que seguían la evolución del choque. Y así fue.

Como un cometa

Dos días después del impacto, el telescopio SOAR de Chile apuntó a Dimorfo y confirmó que el impacto lo había transformado en una especie de cometa. La estela de polvo levantada por el choque formaba una cola con unos 10.000 kilómetros de largo, lo que confirma que el asteroide es muy poco denso.

René Duffard, investigador del Instituto de Astrofísica de Andalucía y colaborador científico de DART, explica: “Dimorfo es como una piscina de bolas unidas por la gravedad”. “El impacto ha creado una onda sísmica por todo el asteroide, que se ha comportado más como un fluido que como una roca sólida; por eso se ha formado esa enorme cola”, detalla. Según las observaciones del equipo científico, esa cola está hecha solo de polvo, sin rastros de agua, lo que la diferencia de las de los cometas.

El éxito de DART es el primer paso hacia un sistema de protección planetaria. Los datos recabados por la sonda y por su compañera LICIACube, un pequeño satélite que presenció los instantes previos y posteriores al impacto, así como todas las observaciones desde telescopios terrestres, ayudarán a perfeccionar los modelos que simulan posibles impactos dependiendo del tipo de asteroide.

En 2026, la sonda Hera de la Agencia Espacial Europea llegará al sistema Dimorfo-Dídimo para medir con precisión la masa, composición y estructura interna de estos dos asteroides y llevar a cabo una detallada reconstrucción tridimensional del cráter dejado por DART. El siguiente paso sería tener ya un modelo fiable capaz de determinar qué tipo de sonda podría desviar un futuro asteroide amenazante en función de su tamaño y su masa y el tiempo disponible antes de que choque contra la Tierra. En 2026 EE UU tiene previsto lanzar al espacio el telescopio NEO, que elaborará un catálogo de asteroides y cometas de más de 140 metros de diámetro. Este instrumento tendrá visión infrarroja, lo que permitirá detectar los cuerpos que se acercan desde la dirección del Sol, difíciles de localizar para telescopios convencionales.

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Sobre la firma

Nuño Domínguez

Nuño Domínguez es cofundador de Materia, la sección de Ciencia de EL PAÍS. Es licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid y Máster en Periodismo Científico por la Universidad de Boston (EE UU). Antes de EL PAÍS trabajó en medios como Público, El Mundo, La Voz de Galicia o la Agencia Efe.

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