Si convence a un tercio de sus vecinos puede poner placas solares en la azotea: “El autoconsumo colectivo es imparable”

El bum de la energía fotovoltaica llega a cuentagotas a los edificios de viviendas por el desconocimiento de la normativa. Un barrio de Rivas, en Madrid, de casi mil vecinos, prepara una instalación de unas 2.000 placas en sus domicilios

Vecinos de Rivas Vaciamadrid posan en las viviendas en las que van a instalar placas fotovoltaicas para autoconsumo colectivo. Foto: VÍCTOR SAINZ | Vídeo: EPV

Las placas solares colonizan los tejados a un ritmo frenético —en tres años se han triplicado las nuevas instalaciones en España— y llegan a cada vez más industrias, viviendas y comercios, pero todavía es muy raro verlas en pisos. De hecho, ni siquiera hay datos específicos. El desconocimiento sobre el autoconsumo colectivo lastra el desarrollo de un sector fundamental en un país donde el 65% de la población vive en bloques (según el centro de estudios Funcas). Poca gente conoce que solo necesita el permiso de un tercio de sus vecinos para instalar placas en el tejado común (siempre que no se obligue a pagar a quienes no las usen), que el montaje se abarata mucho si participan varios residentes y que hay subvenciones para este tipo de redes. Algunas comunidades de vecinos adelantan el bum de esta modalidad que vivirá un espaldarazo a final de año cuando un barrio de Rivas Vaciamadrid de más de 900 familias se sume a esta iniciativa.

“El autoconsumo individual está despegando, porque ves a tu vecino poner placas y te las pones tú también, pero en colectivo cuesta más, ya que tienes que hacer pedagogía para convencer a otros residentes del edificio”, señala Laura Feijóo, de Ecooo, una cooperativa sin ánimo de lucro especializada en energía solar. “Si es para uso particular de las viviendas, solo es necesario que un tercio de los vecinos acepte la iniciativa. Es decir, en un bloque de 10 pisos, haría falta que cuatro vecinos estuvieran a favor de la instalación. Y no hace falta que luego los cuatro se pongan placas, pueden hacerlo únicamente los que quieran”, continúa.

La modalidad más sencilla es usar la azotea común para poner unas placas cuya energía aprovechen tan solo los hogares que paguen por instalarlas. Feijóo explica qué pasos habría que seguir: “En primer lugar, hay que informarse de cómo funcionan estos proyectos y luego hay que recabar el apoyo de algunos residentes, los que estén más concienciados o abiertos al cambio. Después hay que llevar la propuesta a la junta de vecinos para solicitar el permiso. Y luego ya se pueden pedir presupuestos y ver cuánto costaría la instalación a cada familia”.

“Es importante conocer el espacio disponible: cubiertas, jardines, en el suelo… Cuanto más sitio y menos sombras, mayor será el rendimiento de la instalación”, apunta una portavoz de la Unión Española Fotovoltaica (UNEF), la patronal del sector. La empresa instaladora comprueba el lugar para instalar las placas, dimensiona la instalación y señala la energía que podría destinarse cada domicilio. Es fundamental pedir varios presupuestos antes de decidirse. En la mayoría de los casos, la propia compañía solicita las subvenciones (de hasta el 30%) y el enganche a la red.

Ese proceso ya lo ha concluido Guillermo Lozano, un consultor residente en Majadahonda (Madrid) y preocupado por el ahorro energético y el cambio climático. “Primero me informé y luego empecé a hablar con algunos residentes para ver cuáles podrían ser aliados. Hay diferentes perfiles: el preocupado por el medio ambiente, el que quiere ahorrar, el que vive solo y quizá no le compense, las familias numerosas como la mía…”, dice Lozano, que tiene cinco hijos. Después, invitó a una empresa a dar una charla a los 16 moradores de su bloque y llevó el asunto a la junta vecinal.

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Una vez logrado el permiso, nueve familias se apuntaron. La instalación la hizo Ecooo. “Es importante tener un experto a tu lado, porque hay diferencias entre el autoconsumo individual y el colectivo. También para que te asesoren en la legislación y las subvenciones”, señala este consultor. En su caso, establecieron tres rangos de porcentaje de reparto (alto, medio y bajo) y, según este, cada familia pagó entre 2.000 y 5.000 euros. “Con la subvención, los vamos a amortizar en unos cuatro años”. Han tardado unos 10 meses hasta la instalación.

Otra modalidad sería instalar autoconsumo para los elementos comunes, como el ascensor, las luces de la escalera, el motor de la piscina… Noelia Mochales, portavoz del Colegio de Administradores de Fincas, señala que en este caso se requiere el voto de una mayoría simple de los propietarios (más votos a favor que en contra) y que luego todos tendrán que participar en la derrama, dado que el ahorro será para todos. “Con la nueva normativa, aprobada en junio, se pretende facilitar todo tipo de inversión en eficiencia energética en los edificios, y para ello se han rebajado las mayorías que se pedían para aprobar estas obras de mejora. Además, ahora la derrama se puede repartir hasta en 12 cuotas para facilitar la iniciativa”, señala Mochales. En su caso, administra una finca con 165 viviendas en Getafe que está planteándose instalar placas para el uso común. La portavoz señala que ya hay empresas del sector que están pagando alquileres —de 2.500 euros al mes en adelante— a las comunidades de propietarios para que les cedan el uso de sus cubiertas y producir energía solar, lo que se convierte en una nueva fuente de ingresos.

Un barrio entero con autoconsumo colectivo

La urbanización Pablo Iglesias de Rivas Vaciamadrid (Madrid), donde viven 939 familias, va a ir un paso más allá y ha votado poner placas en todo el barrio. Lo explica Enrique Martín, uno de sus portavoces: “Somos 10 comunidades de propietarios y ya hemos logrado el tercio de apoyo en todas las juntas. Se han apuntado unas 500 viviendas, más de la mitad. Eso supondrá unas 40 instalaciones colectivas, alrededor de 2.000 paneles solares. Vamos a ser uno de los mayores barrios solares de España”. Unos 50 residentes participan en el grupo promotor, denominado La Pablo Renovable.

“El autoconsumo colectivo sale más barato que el individual”, continúa Martín, “porque se comparte la instalación, el cableado, el estudio, el diseño, y además porque se compran muchas placas de golpe y te hacen un mejor precio. Calculamos un coste de unos 3.000 euros por vecino, bastante menos que si cada uno se lo pusiera por su cuenta”, continúa. Esperan iniciar la instalación al final de este mismo año. Más adelante, les gustaría convertirse en comunidad energética para depender lo mínimo posible de las grandes eléctricas.

Autoconsumo colectivo de energía solar instalado por Ecooo Energía Ciudadana en la azotea de un edificio de Majadahonda (Madrid).
Autoconsumo colectivo de energía solar instalado por Ecooo Energía Ciudadana en la azotea de un edificio de Majadahonda (Madrid). Ecooo Energía Ciudadana

El Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE) recuerda que hay subvenciones en marcha para el autoconsumo que se pueden pedir hasta final de 2023. “La solicitud de las ayudas y su gestión corresponde a las comunidades autónomas, que recibieron una primera dotación de 660 millones de euros de los 1.320 con los que se financió el programa. Este mes de junio se ha aprobado una ampliación de 505 millones que afectará a 10 comunidades autónomas que han solicitado la ampliación. En cualquier caso, el presupuesto se seguirá ampliando para el resto de comunidades que lo vayan solicitando”, señala una portavoz del IDAE. Sí es cierto que se conceden por orden de llegada y en algunos casos se están demorando meses.

¿Por qué el autoconsumo colectivo no acaba de despegar? José Donoso, presidente de UNEF, considera que lo que más echa para atrás es el miedo a no lograr el acuerdo en la junta de vecinos, sobre todo en las comunidades más grandes: “Es una barrera que se romperá con el efecto demostración, cuando se vea que los primeros proyectos que ya se están haciendo funcionan bien”. Al ser un sector tan incipiente, la patronal ni siquiera tiene datos de cuánto autoconsumo colectivo se instala en España, dado que sus cifras no diferencian entre individual y colectivo. Lo común sigue siendo que llegue a los unifamiliares. Donoso destaca que estas placas son mucho más eficientes: “Optimizas la instalación y consigues un mejor precio, eso seguro que va a convencer a más gente”.

Feijóo, de Ecooo, señala otros problemas de la normativa: “Ahora mismo, solo se puede compartir energía a 500 metros, habría que ampliar esta distancia para favorecer proyectos como producir energía en el tejado de un polideportivo y compartirla con todo el barrio”. También vendría bien para proyectos como el de Rivas. El IDAE responde que por ahora no está previsto ese cambio. “Otra cosa que se puede mejorar son los coeficientes de reparto de la energía, ahora mismo se hace un reparto estático y por ejemplo a ti te toca el 10% de la electricidad estés o no en casa. Si el reparto fuera dinámico, consumes cuando estás en casa y, si no, lo aprovecha otro vecino”. El IDAE señala que la Hoja de Ruta del Autoconsumo pretende avanzar en este aspecto para lograr “un óptimo reparto de la energía”: “Como primer paso se establece un sistema de reparto variable u horario que permite definir de qué manera se debe repartir la generación entre los autoconsumidores asociados en cada hora del día y en cada día del año”.

El último escollo es conectar la instalación a la red. “Ese trámite depende del Ministerio de Industria y de las eléctricas, y se está demorando entre seis meses y un año”, denuncia Feijóo. Lozano confirma que su edificio de Majadahonda tiene las placas en el tejado desde hace tres meses y siguen esperando los permisos: “Hay un retraso inaceptable, no puede ser que con la instalación hecha pasen meses hasta que se conecta a la red. Pero estoy seguro de que el autoconsumo colectivo es el futuro y de que no se puede frenar, es imparable”.

Varias modalidades de autoconsumo colectivo

Según UNEF, hay diferentes modalidades de autoconsumo colectivo. El primero es sin excedentes, en el que la energía que no se autoconsume no se puede verter a la red y se pierde. El segundo, con compensación simplificada, donde los excedentes pueden verterse a la red de manera que el valor de estos excedentes se descontará al final de mes en la factura de electricidad del consumidor; solo se puede aplicar en instalaciones de menos de 100 kilowatios (kW). El tercero, sería con excedentes y sin compensación, donde la energía se vende al mercado y a cambio se obteniene una retribución económica por ello, con lo que es considerado como una instalación de producción de energía eléctrica; esta última modalidad suele ser muy útil cuando la cantidad de excedentes generados es grande, ya que en el caso de la compensación simplificada hay un límite mensual de venta de excedentes.

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Sobre la firma

Miguel Ángel Medina

Escribe sobre medio ambiente, movilidad -es un apasionado de la bicicleta-, consumo y urbanismo. Licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense, ha ganado los premios Pobre el que no cambia su mirada y Semana Española de la Movilidad Sostenible. Ha publicado el libro ‘Madrid, preguntas y respuestas. 75 historias para descubrir la capital’.

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