REPORTAJE

Crisis 'made in Spain'

Si Hollywood tiene a ‘Margin call’, el cine español también ha sido capaz de contar la recesión actual con títulos como ‘La chispa de la vida’ o ‘Cinco metros cuadrados’

José Mota en 'La chispa de la vida'
José Mota en 'La chispa de la vida'

¿Cuánto tiempo necesita el cine para reaccionar ante lo que ocurre? Cada vez menos. No hubo grandes películas sobre la guerra de Vietnam hasta años después de su final. Eso sí, obras maestras como Apocalypse now o El cazador. Con los últimos conflictos en el Golfo Pérsico el tiempo de reacción se ha reducido. ¿Y con la crisis económica? El cine indie ha espabilado, documentalistas listos como Charles Ferguson -bueno, y con dinero- han rodado Inside job, incluso productoras de cierto peso han estrenado trabajos como The company men o Margin call, con actores de peso (en una, Ben Affleck, Tommy Lee Jones o Kevin Costner; en la otra Kevin Spacey, Jeremy Irons, Stanley Tucci o Demi Moore).

 

¿Y España? Pues también ha habido cineastas que han reaccionado con rapidez. El último ha sido Alex de la Iglesia, que ha convertido un guion de Randy Feldman, producido por Andrés Vicente Gómez, en su propia visión de aquí y de ahora en La chispa de la vida. El bilbaíno apuesta porque los cineastas usen sus propios estilos para hablar de lo que ocurre. “Yo no soy quién para decir qué debe rodar alguien, pero sí siento que como cineasta tengo la obligación de mostrar lo que nos rodea. Yo no hago filmes sociales, no soy así, sino que mantengo mi estilo”. Es decir, que La chispa de la vida usa la tragicomedia made in De la Iglesia para ahondar en el paro. “No tiene sentido un documental, sino que a través de un personaje cuento esa sensación de falsa inestabilidad: si se mueve, se muere por la barra en la cabeza. Igual que la crisis: todo parece que se sostiene pero todo en realidad se desvanece”. Su protagonista, un publicitario que acaba mendigando empleo, ve incluso el lado positivo en una situación mortal: “No perdamos de vista que hay que luchar, que debemos ser optimistas para salir de esta crisis. A De la Iglesia le apetecería ver una película que describiera “cómo Alemania nos manda lo que hay que hacer”.

En el pasado festival de Málaga, Cinco metros cuadrados, de Max Lemcke, o cómo la crisis inmobiliaria (la nota propia en esta crisis económica global, la triste aportación española a la debacle financiera) destroza familias, se llevó el gran premio. Porque si los griegos y los italianos aparentemente se hunde por miserias gubernamentales, en España la corrupción galopa por las costas. Ya nos lo contó Enrique Urbizu y La caja 507. En Cinco metros cuadrados los tejemanejes de los concejales arruinan la vida de la gente de la calle. “Sospecho”, dice Lemcke, “que hemos abordado poco estos problemas, y que, como Urbizu, la crisis se acabará colando en las tramas”. En su caso, por desgracia, el alargamiento del problema ayudó a su película. “Empezamos a escribir el guion, se paró la producción, rodamos, fuimos a Málaga, estrenamos comercialmente y aún seguía la crisis inmobiliaria. Está siendo mucho más grave de lo que esperábamos”. Por cierto, el protagonista de este drama negrísimo es Fernando Tejero, que también sale en La chispa de la vida y que aparecía como secundario en el título mítico que marcó la primera gran crisis en España: Los lunes al sol, de Fernando León. “A mí”, comenta Lemcke, “también me interesa documentales que nos acercan a este hecho, como Inside job o, por supuesto, Mercados de futuros”.

Mercedes Álvarez, la realizadora de Mercados de futuro, también tardó en poder estrenar: “Empezamos en 2008. No queríamos desde luego hacer un filme sobre la crisis, pero entiendo que hoy un espectador lo vea de otra forma. De verdad, nuestra intención no era dar esa batalla; si hubiera ido por ahí habría incidido por ejemplo en el sistema de producción”. Sin embargo, en su paciencia, en su labor de recolección de esos momentos especiales, está su éxito para contar lo que vivimos. “Rodamos con una intención humilde, para acercarnos a lo que pasaba. Por el camino encuentras las sorpresas, grabas a esos comerciales que venden casas como si actuaran, como si estuvieran implicados en una especie de juego. Además, esa escenografía que les rodea, de paraísos de palmeras y playas, de maquetas de edificios perfectos, acentuaba su impostura”.

Alfonso García, socio de Analistas Financieros Internacionales, asegura que Inside job es un “reflejo perfecto y bien documentado de lo ocurrido”. Pero, ¿podría el cine español hacer lo mismo? “Sí, en mi día a día podría incluso haber distintas situaciones muy cinematográficas. En la toma de decisiones, en los impactos, en las repercusiones de los hechos… Hay material”. Al cine español siempre se le ha acusado de ser muy social, pero este es el momento de alimentar este género. García apunta que puede que esa acusación sea porque no ha cuidado otros estilos. “Pero desde luego debe contar lo que está pasando aquí y ahora que es muy duro. Por ejemplo, podría hacerse una película que recorriera todas las caras de la crisis, desde las oficinas bursátiles a los desalojos, que se viera las muy diversas consecuencias que provoca una decisión, la relevancia que tiene una sola decisión”. Si ahí fuera hay un Soderbergh español, aquí está su Traffic 2.

Sobre la firma

Gregorio Belinchón

Es redactor de la sección de Cultura, especializado en cine. En el diario trabajó antes en Babelia, El Espectador y Tentaciones. Empezó en radios locales de Madrid, y ha colaborado en diversas publicaciones cinematográficas como Cinemanía o Academia. Es licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense y Máster en Relaciones Internacionales.

Normas

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS