La SGAE aprueba sus cuentas con un escaso margen y Reixa se salva por poco

El presidente, Antón Reixa, supera la votación con un 56,13% de votos a favor

Antón Reixa, en la asamblea general de socios de la SGAE celebrada ayer en Madrid.
Antón Reixa, en la asamblea general de socios de la SGAE celebrada ayer en Madrid.SAMUEL SÁNCHEZ

Durante su centenaria historia, la SGAE ha incorporado distintos gremios a su personalidad. Pedazos de cuerpos que han terminado constituyendo una suerte de Frankenstein y una Junta Directiva donde se sientan editores, músicos, cineastas, discográficas, guionistas de televisión y productores encubiertos. Quizá por eso, el zurcido de intereses desemboca siempre en una violenta confrontación, como la escenificada ayer en la Asamblea General Ordinaria, a la que estaban llamados a las urnas 21.740 socios, y que se celebró en un clima de notable tensión. La votación, en el Círculo de Bellas Artes, debía aprobar o rechazar las cuentas de la entidad, cuyos ingresos han caído este año un 16,2% y ha incurrido en más de un millón de déficit. Pero un amplio sector de socios la había planteado como un plebiscito sobre la figura de su presidente, Antón Reixa, que solo lleva en el cargo un año. Finalmente superó la votación con un escaso 56,13% de votos a favor y 42,95% en contra. Pero hasta es resultado (que deberá conducir a la reflexión por la división que ilustra), la reunión había sido un circo de acusaciones cruzadas que, como siempre, dejó en segundo plano los problemas a los que se enfrentan los autores como la subida del IVA, la caída de la demanda o la reforma de la ley de propiedad intelectual.

Parte del origen de esta agria asamblea (no se permitió la entrada a la prensa y los asistentes iban dando cuenta de lo que sucedía cuando salían) es el enfrentamiento que Reixa mantiene con un grupo de socios a quienes ha acusado de prácticas fraudulentas para enriquecerse con la música que suena en los programas de televisión de madrugada (11 socios han registrado en seis años unas 25.000 canciones y han recibido unos 25 millones entre todos mediante porcentajes y comisiones en obras o arreglos de otros autores). Esta polémica, que desde hace dos meses ha provocado una guerra de descalificaciones en Internet y en los pasillos de la SGAE (parte de la Junta de Reixa está en contra, incluso dos de sus más cercanos colaboradores le han dado la espalda) desembocó ayer en una convocatoria récord: 445 asistentes, que representaban a otros 396 y que ponían sobre la mesa 20.778 votos (el 20,35%). Las cuentas se aprobaron finalmente con 10.944 sufragios, por 8.374 en contra.

Antes de la votación, y tras su presentación técnica sobre las cifras económicas –por primera vez parte del equipo de la sociedad, incluida su directora general, también intervino- y habiendo pedido la unidad de los socios para hacer frente al proyecto de reforma de la Ley de Propiedad Intelectual, Reixa pasó al ataque antes de que lo hiciera el resto. “Si hoy somos más de 450 autores aquí y se quiere poner en cuestión las cuentas, impecables desde el punto de vista técnico, es porque en marzo el consejo de dirección decidió abrir expediente a 11 señores que acumulaban 25 millones de euros en derechos de autor. Esto es un fraude, es irregular. Esto es una sociedad de autores, no de intermediarios y productores. Con sus prácticas nos estamos jugando la supervivencia de la sociedad. La televisión enriquece la música, pero deben ser reguladas las prácticas de utilización del repertorio. Hay que sacar a esos señores de ahí. No son autores. La SGAE es la casa de los autores, y hay que conseguir que la entidad esté junto a ellos y que no tengan que ceder nunca su autoría a ningún intermediario”, concluyó arrancando algunos aplausos.

Tras él, intervino José Miguel Fernández Sastrón, rival en las pasadas elecciones y compañero de Junta Directiva. Durísimo con Reixa, censuró las cuentas (ya rechazó firmarlas cuando se confeccionaron), la calificó de “ilegales” y le llamó “cobarde” por delegar su exposición en los técnicos. El pendiente de identificar, los 70 millones de euros que la entidad ha repartido entre sus socios, fue otro de los caballos de batalla. A Reixa se le acusa de haber favorecido a las discográficas.

Otro miembro de su junta, Juan Carmona, le reprochó que airease los trapos sucios en la prensa y se quejó de la caída de la recaudación (muchos lo atribuyen a la relajación en el cobro para lavar la imagen de la SGAE). “Tiene que venir aquí un gitano a poner transparencia”, dijo en tono jocoso agitando a la sala. Algunos de los 11 señalados por el asunto de las televisiones defendieron su honorabilidad y atacaron a Reixa, como Juan Márquez –muy significado en la pelea- o José Luis Rupérez. “Este tipo de situaciones se dan cuando llega la transparencia de golpe a lo que había sido una dictadura. Todo se vuelve muy político. Pero las luchas internas de poder no pueden echarlo todo a perder”, confiaba antes de entrar Sabino Méndez, que dirigió la transición de la SGAE después de que fuera intervenida por la Guardia Civil hace casi dos, y que ayer trató de calmar la situación con su sosegada intervención. Visto con perspectiva, podría incluso pensarse que esta casa solo es gobernable con la mano de hierro de su anterior presidente.

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Sobre la firma

Daniel Verdú

Nació en Barcelona en 1980. Aprendió el oficio en la sección de Local de Madrid de El País. Pasó por las áreas de Cultura y Reportajes, desde donde fue también enviado a diversos atentados islamistas en Francia o a Fukushima. Hoy es corresponsal en Roma y el Vaticano. Cada lunes firma una columna sobre los ritos del 'calcio'.

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