crítica de 'jack ryan: operación sombra'
Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Desempolvando la marca

La película no adapta ninguna de las novelas de Tom Clancy, pero recapitula sobre el origen de Ryan resituándolo en las derivaciones del 11-S

Chris Pine, como Jack Ryan.
Chris Pine, como Jack Ryan.

Después de que Skyfall (2012) jugara de manera muy ambiciosa con la idea de la muerte y resurrección del arquetipo de Bond para diseccionarlo como problema psicoanalítico y figura crepuscular —y casi residual—, Jack Ryan: Operación Sombra toma un camino mucho más expeditivo y esquemático para inyectar nueva vida a uno de los supuestos herederos de la creación de Ian Fleming.

JACK RYAN: OPERACIÓN SOMBRA

Dirección: Kenneth Branagh.

Intérpretes: Chris Pine, Kevin Costner, Kenneth Branagh, Keira Knightley, Peter Andersson.

Género: thriller. EE UU, 2014.

Duración: 105 minutos.

Personaje cuya fortuna cinematográfica siempre ha estado marcada por la provisionalidad, Ryan adopta con Chris Pine su cuarto rostro en lo que tiene todo el aspecto de ser un intento desesperado de revitalizar una franquicia intermitente. Si la película de Sam Mendes lograba articular un discurso complejo, la de Kenneth Branagh no parece responder a otra ambición que la de recolocar una vieja marca en el mercado.

La película no adapta ninguna de las novelas de Tom Clancy, pero sus primeros minutos recapitulan sobre el origen de Ryan resituándolo en las derivaciones del 11-S. El nuevo fantasma del apocalipsis financiero y la revitalización del ruso como villano dominan la delgada trama de una película que solo inspira una pregunta inquietante: ¿se habrá mudado para siempre Branagh al territorio blockbuster?

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