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En el dolor más profundo

Mañana, por 9,95 euros con EL PAÍS, ‘La herida’, ganadora de dos ‘goyas’

Marian Álvarez, en 'La herida'.
Marian Álvarez, en 'La herida'.

Hay un momento de desconcierto del público, de dolor continuo en la pantalla y de su inmediata prolongación al espectador, que empuja a preguntarse: ¿es La heridauna película de director o de actriz? ¿Qué importa más, Fernando Franco, el veterano montador que debuta como director, o Marian Álvarez, la actriz protagonista, que cuenta sus películas a duras penas con los dedos de las dos manos, pero que a cambio tiene premios a la mejor interpretación femenina en festivales como Locarno y San Sebastián?

Ambos. Porque Álvarez es una fuerza de la naturaleza poco apreciada por el cine español, que a pesar de Lo mejor de mí, de su fulgurante estallido europeo no ha encontrado más que la televisión para desarrollar su talento. Y su vez, porque Fernando Franco decidió encomendarse a esa fiereza, no despegar de su cara la cámara, mantenerla en todas las secuencias —La herida está articulada en largos planos secuencias, algo extraño para un montador, aunque a cambio demuestra su olfato como director, sublimando la forma a lo contado—. Y a pesar de su humildad y bonhomía, Franco demuestra mucha seguridad y claridad de ideas: “El plano secuencia me interesa porque me gusta trabajar en tiempo real. Es más flexible con los actores. Como cineasta busco la mejor manera de contar cada historia”.

Es una película tanto de su director como de su actriz protagonista

La herida, que no llega al millón de euros de presupuesto, era el filme más barato de los que competían al Goya a la mejor película. Venía de presentarse en San Sebastián donde, además de la Concha de Plata a Álvarez, obtuvo el Gran Premio del Jurado, y donde logró un recibimiento muy positivo con su retrato del día a día de una chica aquejada de un trastorno límite de personalidad, aunque ella lo desconozca. “Queríamos que el público atravesara ese vaivén emocional, y la medida emocional es su rostro”, asegura su director como explicación a esa apuesta visual. “Me planteé hacer un documental sobre el tema, y contacté con mucha gente: todo se ha filtrado en la historia. Sin embargo, descubrí que ante la cámara los afectados acentuaban el trastorno, y creí que sería mejor la ficción. ¿Influencias que puedan verse en La herida? Los Dardenne, por supuesto, pero también Lodge Kerrigan, el cine de retrato psicológico… Pensé mucho en el cinéma vérité”. Y en cuanto a que en ningún momento se menciona la enfermedad en la pantalla, el realizador sevillano, Goya con La herida a la mejor dirección debutante, asegura: “Optamos por no nombrar el trastorno. Al amarrar el punto de vista de forma tan radical con Marian, no hay flash-backs ni voz en off, no hay ciencia ni subrayado. Sencillamente primo el rigor en la construcción del punto de vista”.

La herida es soberbia, compleja, atrevida, es un ejemplo de lo que algunos llaman el nuevo cine español, que tiene pocas oportunidades en cartelera y sí amplia repercusión en festivales de todo el mundo. Es también una reflexión —puede que inconsciente— sobre la sociedad actual y desde luego se llevó dos goyas merecidísimos para su pareja creadora, Franco y Álvarez.

Sobre la firma

Gregorio Belinchón

Es redactor de la sección de Cultura, especializado en cine. En el diario trabajó antes en Babelia, El Espectador y Tentaciones. Empezó en radios locales de Madrid, y ha colaborado en diversas publicaciones cinematográficas como Cinemanía o Academia. Es licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense y Máster en Relaciones Internacionales.

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