Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Fucsia

Las marcas de ropa deportiva exhiben su poder sobre el fútbol controlando hasta la comunicación

Bale, con la equipación fucsia del Real Madrid frente a la Roma en Dallas.
Bale, con la equipación fucsia del Real Madrid frente a la Roma en Dallas.as

Hace algunas décadas, no tantas, mandaba en el fútbol gente siniestra con dinero sucio y los estadios eran coto de los ultras. Fue así hasta las tragedias de Heysel y Hillsborough, en los ochenta. Solo sentar al público cambió mucho. Después, cuando despegó la televisión de pago, el timón de la competición lo tomaron las operadoras de cable o satélite, lo que benefició al espectador de sillón. Fue así, entre desgracias y avances, como se modernizó el fútbol y llegó a ser el gran tinglado que es.

Quienes hoy exhiben su poder son las marcas de ropa deportiva. Las estrellas cobran más de sus logos que de sus clubes, lo que explica muchas cosas, desde inoportunos actos promocionales a premios difíciles de explicar al jugador emblema de una compañía. Adidas y Nike, el duopolio global del ramo, han tomado además las riendas de la comunicación de los futbolistas. Muchas de las declaraciones que ve en la tele no son hechas en entrevistas ni ruedas de prensa, sino en eventos organizados y muy controlados por las marcas. Y los canales enchufan sin reservas el vídeo cocinado para ellos.

Todo aficionado relaciona las tres rayas de Adidas con momentos inolvidables del deporte desde los años setenta. Este verano la multinacional alemana ha roto el mercado al pagar 94 millones de euros al año por vestir al Manchester United, equipo venido a menos pero de legendaria trayectoria desde que se sobrepuso al desastre aéreo de 1958. La cifra marea y pone nerviosos al Real Madrid, que cobra la mitad siendo campeón continental, y a Nike, obligada a devolver el golpe.

Dijo Sacchi que el fútbol es la cosa más importante de las que no son importantes. Ya no se juega en campos de barro y el romanticismo cede ante el negocio. De ahí que el Real Madrid vista este año de fucsia, y el Barcelona de carmesí chillón, en sus uniformes como visitantes. O, sacrilegio, el Atlético de un gris casi blanco.

Un socio madridista abrió una petición en Change.org para que Adidas respete los colores históricos del club. No ha llegado a 3.000 firmas. Son muchos más los que ya visten la elástica fucsia, que también triunfa en el top manta. La afición se sostiene en viejas señas de identidad. Pero la maquinaria exige lanzar al mundo novedades sin parar. Ya se les están acabando los colores.

Sobre la firma

Ricardo de Querol

Es subdirector de EL PAÍS. Licenciado en Ciencias de la Información, ejerce el periodismo desde 1988. Inició su carrera en Ya y trabajó una década para Diario 16. Ha sido director de Cinco Días y de Tribuna de Salamanca. En EL PAÍS ha sido redactor jefe de Sociedad, de Babelia y de la mesa digital, además de columnista.

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