La explosión Ingrid García-Jonsson

La actriz presenta en Málaga tres películas en cuatro días en la Sección Oficial

Ingrid García-Jonsson, hoy en Málaga.
Ingrid García-Jonsson, hoy en Málaga.Carlos Álvarez (getty images)

La explosión Ingrid García-Jonsson (Skellefteå, 1991) ha tardado en llegar, pero la onda expansiva empieza a provocar alegrías interpretativas en las carreras de algunos directores. Tras pequeños pasos en cortos y series, en Hermosa juventud (2014), de Jaime Rosales, la actriz criada en Sevilla le dio un rostro a todas esas chicas que intentan salir adelante entre las barricadas de la crisis. Ella misma siguió haciendo cortometrajes, cine fuera de la industria, se puso a gritar salpicada en sangre en Sweet home, hasta que de una tacada le han llegado varias películas. La carambola se ha rematado en su defensa de tres trabajos en la Sección Oficial en los cuatro primeros días del Festival de Málaga. “Ha sido raro porque no puedes disfrutar mucho con los compañeros. De repente, ya estás en promoción del siguiente filme. Si me las hubieran dosificado…”.

García-Jonsson no tiene pelos en la lengua, aunque ella misma encuentra una mejor expresión para definirse: “Soy muy combativa. Lo he pasado mal rodando algunas películas. Por suerte los personajes son muy diferentes, incluso del de Gernika es en inglés, y el público va a ver una especie de videobook de mis posibilidades, de lo que puedo hacer y no. Lo que me aterra es que rodé muy seguido el año pasado, y alguna cosa la hice demasiado deprisa, corriendo. Solo quiero que el curro esté bien, porque para hacer mucho que quede mal, mejor no hacer, ¿no?”. Duda, aunque su trabajo no deje hueco a esa duda: está bien.

"Tienes que respetarte a ti y al público. Con lo difícil que es hacer películas, no volcarte en ello, quedarte en la superficie, es imperdonable"

Por partes. En Toro, de Maíllo, es la novia de Mario Casas. No la novia doliente de a ver cuándo vuelves a casa, sino alguien con vida propia, que toma sus decisiones. En Acantilado, de Helena Taberna, encarna a Cordelia, una chica absorbida por una secta en Canarias. Y en Gernika, de Koldo Serra, da vida a una fotógrafa extranjera de guerra, testigo de la barbarie en el bombardeo nazi al pueblo vizcaíno. “No son protas, no saturan. Es una suerte haber rodado tres películas y que además se rueden. Con Kike Maíllo solo rodé cuatro sesiones: disfruté de una confianza y de una libertad que fue comodísimo encarnar al personaje. Me gusta su visión, su intento por cosas diferentes. De Helena admiro cómo logro acabar la película contra viento y marea, y estrenarla, y conectar con cierto público después de todo lo que ha pasado, con días que parecía que no habría otra jornada. Entre a tres días de rodar, conocí a Koldo Serra y es muy buena gente. Encima sabe rodar, le mueve la pasión por las pelis. Me quedo con lo bueno de los filmes, no quiero que me quede mal poso de los sufrimientos”. Gernika destila humanidad, “algo que nace de Koldo”, y dar vida a una mujer así le interesaba mucho. "Probé mi inglés y de paso encarné a una mujer con mucho carácter".

¿Qué queda tras tres películas así? "Es curioso porque vale para darle un vistazo a España. Pero creo que todo el cine es social, porque para activa o pasiva cuenta o esconde cosas". ¿Y qué guiones le van llegando? "No te creas que escojo mucho. Si baso mi criba en Hermosa juventud, casi no rodaría, porque un trabajo así ocurre muy pocas veces en una carrera. Aprendí tanto...". Y a continuación explica con la verdad por delante: "Una razón de peso para trabajar es el dinero. Porque hay que comer. Pero también porque no te puedes quedar en casa. Así que digo que sí en función del personaje, la historia o por la experiencia. En realidad, casi siempre hay una razón para rodar". Por eso ha rodado ahora En zona hostil, una de militares. "Soy un poco freak de probar cosas".

Al final, para la actriz, lo único que importa es "darlo todo". "Que no sea un mero trámite, por favor. Tienes que respetarte a ti y al público. Con lo difícil que es hacer películas, no volcarte en ello, quedarte en la superficie, es imperdonable". En resumen: "El cine yo lo sufro... y lo disfruto".

Sobre la firma

Gregorio Belinchón

Es redactor de la sección de Cultura, especializado en cine. En el diario trabajó antes en Babelia, El Espectador y Tentaciones. Empezó en radios locales de Madrid, y ha colaborado en diversas publicaciones cinematográficas como Cinemanía o Academia. Es licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense y Máster en Relaciones Internacionales.

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