Crítica | El otro guardaespaldas
Crítica
Género de opinión que describe, elogia o censura, en todo o en parte, una obra cultural o de entretenimiento. Siempre debe escribirla un experto en la materia

La parodia y su tiempo

Si en la promoción decides jugártela con un cartel tan cochambroso, es que estás encantado de envidar con la carta de la parodia

Si en la promoción de una película decides jugártela con un cartel tan atrevidamente cochambroso como el que han presentado los responsables de El otro guardaespaldas, con Ryan Reynolds sosteniendo en brazos a Samuel L. Jackson, al modo de Kevin Costner a Whitney Houston en la famosa película de los 90, es que estás encantado de envidar con la carta de la parodia. Sin embargo, si después de vista la película se comprueba que ese arco paródico apenas se ha utilizado en un par de secuencias en forma de flashback, utilizando músicas y cámaras lentas enraizadas en el modelo al que machacar como alusión irónica, mientras el resto no pasa de la comedia de acción, significa que te has quedado en medio de ninguna parte.

Pese al póster, El otro guardaespaldas no es una parodia en la línea de lo que significaron, por ejemplo, El jovencito Frankenstein para los clásicos de terror de la Universal o las desternillantes obras de los ZAZ (Zucker, Abrahams y Zucker) Aterriza como puedas y Top secret! para las catástrofes y el espionaje. La película de Patrick Hugues, responsable también de la tercera entrega de la saga Los mercenarios, es una buddy movie con una vuelta más de manivela en el tono de la comedia, pero que termina confundiendo continente y contenido, chanza y modelo. Una suerte de película de acción elefantiásica (mejor pasarse que quedarse corto en la decena de persecuciones y la veintena de luchas de artes marciales), encabezada por un reparto en el que parte de sus integrantes ha decidido reírse de su propio encasillamiento: Samuel L. Jackson con "motherfucker" como muletilla; Gary Oldman como villano serio forzando el acento.

Párrafo aparte merece el encaje de la película en los días que le ha tocado vivir. Corren malos tiempos para las comedias de acción asentadas en el divertimento y la risa, ambientadas en Europa (Londres y Ámsterdam), con camiones bomba contra grandes instituciones y persecuciones automovilísticas del terrorismo arramplando calles turísticas con todo a su paso. Ojo, no decimos que no se hagan (la censura siempre es peor que la falta de talento), pero será difícil que la platea se abstraiga de lo que le están mostrando en ciertas secuencias.

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