Técnica e inteligencia

Los textiles de Anni Albers son claves interpretativas de la modernidad en las artes.El Museo Guggenheim Bilbao expone las claves de su trabajo

Nudo, de 1947.
Nudo, de 1947.The Josef and Anni Albers Foundation, VEGAP, Bilbao, 2017. Tim NighswandeImaging4Art

El textil y la tejeduría están cada vez más presentes en el arte contemporáneo. La combinación de arte aplicado y popular, artesanía y bella arte, hacer y pensar en telares y tapices ha puesto de relevancia los sentidos de la vista y el tacto. Una tela incorpora la memoria de su fabricación. También una emoción táctil en una materialidad principalmente migrante. El tejido, la textura pueden verse como un microcosmo ampliado de lo social: a una línea vertical (la urdimbre) le atraviesa otra horizontal (la trama).

Un precedente fundamental, y moderno, a esta actualidad es Anni Albers, nacida Annelise Fleischmann (Berlín, 1899-Orange, Connecticut, 1994). Su obra contribuye ahora a una reconstrucción moderna inacabable que recupera historias consideradas no-canónicas o al margen. Esta muestra corrobora la relevancia de Anni Albers en la comprensión de la forma como principio básico de la modernidad estética. Esta aventura que aúna vida y obra comienza cuando ella abandona en 1922 la comodidad de su pudiente entorno familiar. La respuesta la encontraría en la Bauhaus, donde la artista siente la atracción emocional por la nueva sencillez y sobriedad de la vida moderna. Albers entra en el departamento textil, uno de los talleres más exitosos. Es allí donde encuentra a la persona con la que compartirá su vida, el pintor Josef Albers. Sus años en la Bauhaus (entre 1922 y 1932) se caracterizan por el influjo de Walter Gropius y, especialmente, Paul Klee, quien mantuvo una estrecha relación con el taller textil. Su biografía señala que un día oyó decir a Klee que dibujar era sacar una línea a pasear y, entonces, pensó: “Pues yo llevaré el hilo a donde pueda”.

El textil y la tejeduría están cada vez más presentes en el arte contemporáneo. Hacer y pensar en telares da relevancia a la vista y el tacto

La aventura de la línea sobre el plano auguraba una dialéctica que afortunadamente, y para goce del espectador, permanece irresuelta: esto es, el dualismo de la tejeduría entre arte aplicado y arte independiente, o autónomo. El término Gestaltung, que en su polisemia significa diseño, composición, delineación o figuración, compendia esta dialéctica. La lógica de Gropius era que la artesanía y el trabajo manual debían centrarse en el desarrollo de prototipos para la industria. Esto significaba que la tarea de la Bauhaus era la producción y distribución igualitaria de forma, no de objetos. Ello reunía al artista con el diseñador, el arte y el diseño como un solo campo enfangado en el juego de la forma. La respuesta de Albers a esta dualidad son las “colgaduras”, o telas donde se establecen relaciones rítmicas y ortogonales; y también los “tejidos pictóricos”, desarrollados entre 1930 y 1960, donde la textura de los tapices se reconcilia con la “función” pictórica. Estas piezas individuales existían para ser contempladas pero, al mismo tiempo, en Weimar, Dessau y en Estados Unidos, Anni Albers desarrolló no pocas propuestas de tapicería y cortinajes.

En todos estos trabajos, la experimentación es la esencia de los métodos de creación artística: los tejidos son bellos cuando muestran la estructura, no cuando la esconden. El textil revela entonces su problemática conceptual interna como diseño y discurso técnico. Los tejidos ejemplifican una fase superior de la techné, y desvelan las sutiles relaciones entre el anverso y reverso, urdimbre y trama, abstracto y concreto, visual y táctil. Se dirigen tanto al ojo, al aparato cognitivo, como al cuerpo. Piel y envoltura. Muchas obras plantean la posibilidad de observar la tejeduría como matriz de las artes gráficas y el diseño, donde estructura y motivos abstractos (ornamentales) se subsumen a un arte en proceso salido del empleo ecuánime de técnica e inteligencia. Es esta también una historia de la industria, aunque Albers señaló: “Con los dedos podemos crear infinitas variables, con la máquina solo variaciones limitadas”. La otra cara son las culturas precolombinas, a cuyo estudio se dedicaron los Albers en los viajes realizados a México y Perú durante el periodo del Black Mountain College, donde Albers dirigió el taller de tejeduría (entre 1933 y 1949).

La obra de la alemana contribuye ahora a una reconstrucción moderna inacabable que recupera historias no canónicas o al margen

A partir de los años sesenta, deja de lado el textil para centrarse en las técnicas de reproducción gráfica, serigrafía, litografía y grabado. Los diseños y patrones fundacionales característicos modernos entran en contacto con nuevas formas como los meandros (fondo y figura) y los nudos enredados. Una reedición del libro clave de Anni Albers, Del tejer (On Weaving), publicado en 1965, es ahora un objeto teórico imprescindible. Toda esa inteligencia e inmersión en lo textil se dirige a la vida, y a la privacidad del contemplador. Toda esa inteligencia, esa imaginación e inmersión completa en la tarea textil se dirige también a la vida, y a la privacidad del espectador.

Tocar la vista. Annie Albers. Museo Guggenheim. Bilbao. Hasta el 14 de enero de 2018.

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