Crítica | En la playa sola de noche
Crítica
Género de opinión que describe, elogia o censura, en todo o en parte, una obra cultural o de entretenimiento. Siempre debe escribirla un experto en la materia

El amor y las palabras

El cine de Sangsoo siempre se ha alimentado de la vida y la observación, pero aquí se introduce el factor inédito de respuesta a una indeseada sobreexposición mediática

Kim Min-hee, en 'En la playa sola de noche'.
Kim Min-hee, en 'En la playa sola de noche'.

“¿Por qué lloras?”, pregunta Jean-Paul Belmondo a Anna Karina en Pierrot, el loco (1965) de Jean-Luc Godard. “Porque tú me hablas con palabras y yo te miro con sentimientos”, contesta ella. Habrá quien considere tópica esa asociación de lo femenino con lo emocional y lo masculino con lo racional, pero el diálogo ilustra con claridad la idea de que, en una misma historia de amor, puede abrirse una zanja infranqueable cuando la subjetividad de cada uno de los amantes se configura en un idioma distinto. Por lo menos en dos secuencias de En la playa sola de noche, una de las tres películas que Hong Sangsoo ha estrenado en este 2017, se manifiesta un desencuentro parecido: ella ha esperado, ha sufrido y el alcohol impulsará la catártica exteriorización de sus sentimientos; él (ausente buena parte del metraje) necesita recurrir a palabras ajenas, a poemas, a la verbalización de los sentimientos de los otros, para expresar la hondura del desamor. Pero los juegos con el lenguaje que propone esta película, de apariencia engañosamente transparente, van mucho más allá.

El cine de Sangsoo siempre se ha alimentado de la vida y la observación, pero aquí se introduce el factor inédito de respuesta a una indeseada sobreexposición mediática: el romance adúltero entre el director y la actriz Kim Min-hee convirtió el dolor de la esposa del cineasta en mercancía para la prensa sensacionalista. Así, En la playa sola de noche podría malinterpretarse en dos sentidos distintos: como sospechosa autoexculpación a partir de la idea de que, por lo menos en este adulterio, el dolor se repartía entre los tres vértices del triángulo, y como lavado de cara de Kim Min-hee frente a su imagen pública de rompematrimonios.

La película se divide en dos partes: la primera transcurre en Hamburgo con Kim Min-hee en estado de espera; la segunda, en Corea, culminará en una escena de confrontación que podría ser soñada. La escritura visual de Hong Sangsoo, que había eliminado todo marcador textual en torno al tiempo del relato, ahora gusta en eliminarlos también frente a realidad, sueño y deseo. Y el tema de la desconexión lingüística lo abarca todo, desde la vulnerabilidad del extranjero en tierra extraña armado con frases formularias de manual hasta las dificultades de verbalizar lo inexpresable. ¿Se lo imaginó este crítico o al poderoso plano que cierra la película le acompañan, en fuera de campo, los sollozos de Sangsoo?

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