Feria de Otoño en Las Ventas

Pablo Aguado corta una oreja y Fortes se salva en una dramática cogida

Tarde muy meritoria del torero sevillano, sustituto de Paco Ureña, el día de su confirmación

Un momento del dramático percance sufrido por Fortes ante el quinto de la tarde.
Un momento del dramático percance sufrido por Fortes ante el quinto de la tarde.Fernando Alvarado (Efe)

La oreja que cortó Pablo Aguado en el último toro de la tarde tuvo un triple mérito: por un lado, el sevillano logró levantar una tarde que ya se diluía por el sumidero de la decepción más absoluta; por otro, porque la obtuvo el día de su confirmación de alternativa y tras haberse vestido de torero sólo en cinco ocasiones esta temporada; y, sobre todo, porque fue capaz de sobreponerse (y con él, el público) a la dramática cogida que había sufrido uno de sus compañeros de terna pocos minutos antes.

Un milagro. No se puede calificar de otra forma lo ocurrido con Fortes y el sobrero de Conde de Mayalde lidiado en quinto lugar. Lo había intentado el malagueño por ambos pitones, pero como el toro, muy descastado, no permitía el lucimiento, decidió abreviar y se fue a por la espada. A esas alturas -de la faena y de la tarde- la gente ya estaba a otra cosa, pero al entrar a matar, cuando muchos ya pensaban en la cena de después, Fortes quedó atrapado entre los pitones.

El encontronazo fue brutal, pero lo peor estaba por venir. Hasta en tres ocasiones consecutivas -a cada cual más escalofriante- el animal hizo presa y arremetió contra el torero, tendido en el suelo y sin posibilidad de escape. Tras levantarlo con un pitón por el pecho, le lanzó otra cornada que le rozó la yugular. Mientras tanto, un remolino de hombres vestidos de luces se afanaban por retirar al animal y liberar al compañero caído.

DEL RÍO, TOROS DE CORTÉS/TALAVANTE, FORTES, AGUADO

Tres toros de Victoriano del Río y dos de Toros de Cortés (1º y 4º), la mayoría serios, aunque justos de remate, blandos y deslucidos, a excepción del buen segundo y del codicioso tercero, que fue a menos; y un sobrero (5º bis) de Conde de Mayalde, serio, descastado y deslucido.

Alejandro Talavante: pinchazo y estocada caída _aviso_ (saludos); dos pinchazos y estocada trasera, tendida y atravesada (silencio).

Fortes: estocada muy suelta, baja y perpendicular _aviso_ y un descabello (silencio); dos pinchazos, estocada algo contraria resultando cogido y tres descabellos de Talavante (silencio).

Pablo Aguado, que confirmaba la alternativa: estocada trasera y tendida (palmas y saludos); media estocada (oreja).

Plaza de toros de Las Ventas. Viernes, 28 de septiembre. 1ª de la Feria de Otoño. Más de tres cuartos de entrada (20.884 espectadores, según la empresa).

Entonces, ya con el toro casi muerto aculado en tablas, y pese a la sensación general de tragedia, Fortes se levantó. Y no sólo eso; llegó incluso a hacer gestos de querer continuar. Una vez más, el pundonor y el valor atropellaban la razón. Sin embargo, y en mitad del angustiado clamor del público, el diestro fue conducido en volandas hasta la enfermería. Desde allí, poco después, se certificó el milagro: Fortes no había sufrido ninguna cornada, sólo contusiones y erosiones múltiples.

Fortes fue la cruz de una tarde que también tuvo su cara: Pablo Aguado. El sevillano, que entró en el cartel sustituyendo al convaleciente Paco Ureña, dejó una gratísima impresión en su presentación como matador en Las Ventas. Especialmente con el capote. ¡Qué forma de bordar el toreo a la verónica! ¡Qué chicuelinas y delantales! ¡Qué remates! ¡Qué medias! Cargando la suerte o a pies juntos, Aguado lanceó con gusto, temple y cadencia, llegando a recordar a los más grandes artistas del percal.

Con la muleta, sobre todo frente al último, derrengado de atrás y a la defensiva como casi toda la corrida de Victoriano del Río, también dejó detalles de un magnífico y personal concepto del toreo. En el trasteo, que fue de menos a más, brillaron algunos naturales sueltos, de frente, muy de verdad, y una tanda de redondos rematadísimos preñados de torería. Aguado, un soplo de aire fresco en un escalafón que necesita una renovación urgente.

Aunque al final los que fueron noticia fueron los jóvenes Fortes y Aguado, la mayoría del público acudió al reclamo de Alejandro Talavante, única figura que aceptó -y por partida doble- la apuesta de una Feria de Otoño por sorteo. Por ello, fue obligado a saludar una ovación tras finalizar el paseíllo. Otra recogió tras acabar con el segundo, un toro que tuvo nobleza y movilidad, y ante el que Talavante dejó detalles sin redondear. Acelerado y despegado al principio, se ajustó más al final del trasteo, especialmente en un puñado de naturales a pies juntos, ejecutados con gran verticalidad, de uno en uno, algunos mirando al tendido. El final, por alto, pura inspiración, fue lo mejor. El cuarto fue un toro inválido que el presidente se negó a devolver, y el torero no pudo hacer más que abreviar entre las protestas del público.

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