Columna
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Monedero contra el rap

Estoy muy a favor del ridículo. Del propio y del ajeno. Sin ridículo no hay espectáculo. Y sin caída no hay redención

Chuty y Monedero entonan el rap del Pequeño Nicolás.
Chuty y Monedero entonan el rap del Pequeño Nicolás.

No se nos cae Rosalía de la tecla, y mientras la mayoría la aplaude y unos pocos protestan, entre puristas del flamenco y desdeñosos en general, se nos está escapando otro caso flagrante de apropiación cultural que no puede quedar sin comentario ni condena. Por Dios, ¿qué le ha hecho Juan Carlos Monedero al rap? ¿Es posible que haya tantos gitanos quejosos de las filigranas payas de Rosalía y que ni un solo hiphopero le haya rimado un par de frescas al exlíder de Podemos?

Voy con los antecedentes, antes de que se pierdan del todo. Monedero tiene un late night en internet titulado En la frontera, en el que el otro día se arrancó a dúo con el cómico Richard Salamanca con un rap sobre el Pequeño Nicolás. Lo hizo en homenaje a su invitado, Chuty, un rapero de verdad que presenció la escena desde el fondo del plató con un aplomo y un hieratismo dignos de un pantocrátor. Pobrecillo. He visto el vídeo una decena de veces y no consigo sacudirme la vergüenza ajena. Monedero, con su chaleco y sus gafas de delegado danés de la Komintern, brinca y desafina al recitar una letra sin pies, cabeza ni gracia alguna, cayendo al fin en el lugar donde tal vez siempre quiso estar y para el que más méritos ha hecho: lo inclasificable. Ni de izquierdas ni de derechas. La transversalidad de Podemos era esto.

Que no se me entienda mal: estoy muy a favor del ridículo. Del propio y del ajeno. Sin ridículo no hay espectáculo. Y sin caída no hay redención. Incluso admiro la indiferencia tozuda de Monedero hacia el qué dirán, pero no dejo de preguntarme si su caída televisada a los infiernos -una de las caídas más lentas, empecinadas y alegres que se han visto nunca- es una metáfora del partido que fundó: de asaltar los cielos a dar saltitos “rapeando” para diversión viral de millennials que ni siquiera saben que la prenda que Monedero lleva se llama chaleco.

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