Columna
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Perrea tú

El presentador de la gala Balón de Oro dejó claro hasta qué punto estaba en tierra de hombres Ada Hegerberg, la primera futbolista que lo ganaba en la historia

La futbolista noruega del Lyon Ada Hegerberg y el DJ francés Martin Solveig, en un momento de la gala.
La futbolista noruega del Lyon Ada Hegerberg y el DJ francés Martin Solveig, en un momento de la gala.YOAN VALAT (EFE)

En la foto puede verse a Marie Curie con cara de pocos amigos junto a su marido, Pierre, que la mira de perfil. Tiene un balón de destilación en la mano. En el encabezado del tuit puede leerse: “But can you twerk?”, es decir, “Vale, pero ¿perreas?”. El tuit es de Hugh Grant. Lo lanzó la mañana del martes, después del bochornoso espectáculo que la noche del lunes dio el presentador de la gala del Balón de Oro, Martin Solveig.

La noche del lunes, la noruega Ada Hegerberg recibió el primer Balón de Oro femenino de la historia. Hegerberg juega en el Olympique de Lyon y tiene 23 años. Cuando subió a recoger el galardón lo hizo consciente que estaba pisando un terreno que ninguna mujer había pisado jamás, pero a juzgar por la cara que se le quedó después de escuchar al tal Solveig preguntarle si sabía perrear, no tenía ni idea de hasta qué punto no era aún bienvenida.

Hacía menos de 24 horas que TVE había emitido la película En tierra de hombres, de Niki Caro. La película relata cómo se consiguió el primer cambio en la ley por acoso sexual en Estados Unidos. Lo impulsó una minera, madre soltera, harta de las risas de los tipos con los que trabajaba ante los abusos a que otros tipos la sometían, a ella y al resto. Risas como las que se escucharon después de la negativa de la jugadora ante la pregunta de Solveig.

A la mañana siguiente, la delantera del Olympique de Lyon disculpó al dj Solveij, que se había apresurado a pedirle perdón, ante el estallido de las redes. Todas las mineras que habían trabajado en las minas de la Eveleth Taconite Company hasta que llegó Lois Jenson habían disculpado el maltrato de sus compañeros a la manera en la que lo disculpó Hegerberg el martes. Luego dejaron de hacerlo. Y así, las risas se acabaron. Porque si no tenía gracia para ellas, tampoco debía tenerla para ellos.

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