El sistema de votación de los Oscar favorece filmes de consenso

Desde 2012 solo dos películas han logrado ganar la estatuilla al mejor largo y a la mejor dirección La audiencia televisiva ha mejorado un 11,5% el desastre de 2018

Peter Farrelly, con el Oscar a mejor guion original en la mano.
Peter Farrelly, con el Oscar a mejor guion original en la mano.MATT PETIT (AFP)

Solo en dos ocasiones, desde 2012, los Oscar a mejor película y dirección los ha ganado el mismo título. El domingo por la noche volvió a haber dos ganadores distintos para las dos estatuillas más importantes, porque además Peter Farrelly, director de la película ganadora Green Book, no era candidato en su categoría.

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Desde que en 2009 se cambió el sistema de voto, esta duplicidad se ha acentuado. Puede que se deba a que mientras el resto de los premios se eligen por mayoría simple, la Academia emplea para el Oscar a la mejor película un complejo sistema de recuento de papeletas preferenciales, que es, por cierto, el que usa para seleccionar a los finalistas de casi todas las categorías en la primera ronda de votaciones.

Si se usara el sistema mayoritario, con 10 películas —en esta edición había ocho— y votando todos los académicos (cerca de 6.000), con solo 601 sufragios y el 10% del colegio electoral ya se podría ganar el Oscar principal. Con las papeletas preferenciales (que ya se aplicó de 1934 a 1945), los votantes enumeran del 1 al 10 —este año, del 1 al 8— sus candidatas y se complica la elección. El objetivo es que usando la corrección estadística la triunfadora de la noche guste a la mayoría.

Montones de papeletas

Cuando las papeletas llegan a PriceWaterhouseCoopers, los auditores las separan según la película que encabeza cada voto. Si un título lidera más del 50% de las papeletas, ya hay ganador, algo bastante improbable. Si no, el filme con menos votos cae eliminado y sus papeletas se reparten atendiendo a la película que aparece en segundo lugar en cada sufragio. Así se pasa a la segunda tabulación y se repite el proceso: si un largometraje no supera el 50% de las papeletas, se deja fuera al que tenga menos, y sus votos se redistribuyen según quien aparezca en la segunda posición. Y se sigue hasta que una película supere ese 50%.

La Academia ha impulsado con este proceso el consenso en detrimento del riesgo, y que al final la ganadora sea una película que la mayor parte de los académicos hayan elegido en segundo o tercer lugar. Que guste, pero no que polarice. Con este sistema, lo importante es haber sido mencionada muchas veces en la segunda posición y no tanto en la primera. Es decir, que puede que unos hayan votado a Roma, otros a La favorita, y solo unos pocos a Green Book... No importa si todos han elegido al filme de Farrelly en segundo lugar: ahí llega la estatuilla.

La cadena ABC ha recuperado algo la audiencia televisiva, con 29,6 millones de espectadores, mejorando un 11,5% el resultado de la pasada edición. En concreto, en la franja de edad entre 18 a 49 años, la más importante para los anunciantes, subió un 13% el porcentaje de telespectadores con respecto a 2018. Las cifras tampoco son para echar las campanas al vuelo: los 26,4 millones de la noche en que ganó La forma del agua fue la peor audiencia de la historia de los Oscar en la pequeña pantalla. La ceremonia del domingo ha sido la retransmisión de entretenimiento más vista desde los Oscar de 2017, según Nielsen, la empresa encargada de las audiciones. Para buscar otra ceremonia poco vista hay que viajar a 2008, en la que ganó No es país para viejos, de los hermanos Coen, y Javier Bardem se llevó su estatuilla a actor secundario con Jon Stewart como presentador, cuando tuvo 32 millones de espectadores.

La ceremonia duró tres horas y 19 minutos, 41 minutos menos que la del año pasado, y se acercó al objetivo de la Academia de quedarse en tan solo tres horas.

Sobre la firma

Gregorio Belinchón

Es redactor de la sección de Cultura, especializado en cine. En el diario trabajó antes en Babelia, El Espectador y Tentaciones. Empezó en radios locales de Madrid, y ha colaborado en diversas publicaciones cinematográficas como Cinemanía o Academia. Es licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense y Máster en Relaciones Internacionales.

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