Novillada en Las Ventas

Distintas armas para abrirse camino

Los debutantes Juan Carlos Benítez y Cristian Pérez destacan ante una desigual novillada

Cristián Pérez sufrió una seria voltereta en el sexto novillo.
Cristián Pérez sufrió una seria voltereta en el sexto novillo.Plaza1

Llegar a ser figura del toreo en la actualidad es (casi) un imposible. Solo hay que echar un vistazo a la última década para comprobarlo. Solo Roca Rey lo ha conseguido. Tampoco son tantos aquellos que, sin alcanzar la primera fila del escalafón, han logrado hacerse un hueco en las ferias y vivir del toro. Convertirse en un matador de toros digno ya es toda una heroicidad. Por eso, para abrirse camino, es fundamental conocer cuáles son tus armas, y usarlas. En el caso de los novilleros sucede lo mismo.

Llegar a Madrid, a la primera plaza del mundo, sin haberte puesto el traje de luces ni media docena de veces en tu carrera tiene tanto de apuesta como de desesperada temeridad. Y, desgraciadamente, estos casos ya no son la excepción. Ahora son la norma. La noticia es ver trenzar el paseíllo a chavales curtidos que llegan a Las Ventas con un buen puñado de festejos a sus espaldas. Pero claro, sin contratos a la vista, ¿cómo dices no a Madrid?

Las oportunidades escasean y, sea como sea, hay que destacar. Seguro que eran conscientes de ello Juan Carlos Benítez y Cristian Pérez, ambos debutantes en el coso madrileño. Sus actuaciones, plagadas de defectos técnicos y artísticos -sobre todo en el caso del segundo-, fueron sin embargo toda una declaración de intenciones: quieren ser toreros.

ROJAS/HENCHE, BENÍTEZ, PÉREZ

Novillos de Gabriel Rojas, correctamente presentados, altos, acaballados, con más seriedad que remate, y de juego desigual. Nobles y con movilidad segundo, tercero y sexto. Blando y deslucido el primero, e inválido el cuarto. La mayoría manseó en varas. Y un sobrero (quinto bis) de Los Chospes, con mucho cuajo, sospechoso de pitones, noble y muy blando.

Adrián Henche: estocada corta ligeramente trasera, desprendida, perpendicular y atravesada perdiendo la muleta, _aviso_ y tres descabellos (silencio); cuatro pinchazos perdiendo la muleta y estocada corta algo tendida y trasera (silencio).

Juan Carlos Benítez, que se presentaba: bajonazo (saludos); pinchazo y estocada caída y algo trasera (saludos con protestas).

Cristian Pérez, que se presentaba: pinchazo y estocada corta trasera y tendida perdiendo la muleta, _aviso_ (saludos); _aviso_ bajonazo (vuelta protestada tras petición de oreja). Parte médico: sufrió un traumatismo craneoencefálico leve y contusiones, de pronóstico reservado.

Plaza de toros de Las Ventas. Domingo, 5 de mayo. Menos de un quinto de entrada (5.133 espectadores, según la empresa). Julien Bretón 'Merenciano' saludó tras banderillear al sexto.

Y para demostrarlo, cada uno, usó sus armas. Uno, el gusto y la personalidad; el otro, el valor y el pundonor. Distintas armas para un mismo objetivo.

Desde que se abrió de capote, Juan Carlos Benítez demostró que no es uno más. El malagueño, que colocó banderillas con escasa brillantez, tiene valor, desparpajo y un buen y personal concepto del toreo. Siempre vertical, por momentos desmayado, corrió la mano con templanza por ambos pitones y logró redondos y naturales más que estimables. Esa forma de echar la muleta, con los vuelos, mediante un toque casi imperceptible, no se ve todos los días. Y menos en uno que empieza.

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Poco duró en el ruedo el segundo de la tarde, que fue devuelto a los corrales por inválido. Y casi corre la misma suerte el sustituto, también de Gabriel Rojas -se corrió turno-, que antes del primer encuentro con el picador se pegó una voltereta de la que después se resintió. Para no hacerlo; nos pasa eso a alguno de nosotros y no nos levantamos de la cama en un mes.

Tras el tercio de varas simulado, el animal se recuperó y en la muleta se movió con nobleza. Menos fuerza -y fondo- tuvo el bondadoso sobrero de Los Chospes que salió en quinto lugar, pasado de kilos y de sospechosos pitones. Benítez lo cuidó con templanza, pero no hubo emoción.

Manso en el caballo, el lote que le correspondió a Cristian Pérez fue de triunfo en la muleta. Dos utreros de gran movilidad y transmisión que, eso sí, exigieron por su fondo encastado. El albaceteño, carente de estética, echó mano de un indudable valor y se la jugó, por ejemplo, en los imposibles e infalibles cambiados por la espalda. Se había librado un par de veces de la cogida cuando, antes de cuadrarse para matar al sexto, el astado lo sorprendió y se le vino encima lanzándole por los aires de forma espeluznante. Todo quedó en un susto.

Con el lote de menos opciones del encierro, el madrileño Adrián Henche anduvo templado y solo pudo dejar algunos detalles de clasicismo.

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