Columna
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La orquesta

Una serie francesa no sería tal si al toque de thriller no se le añadieran complicaciones amorosas, y en ‘Philharmonía’ la montaña rusa de los sentimientos ocupa un lugar central

En 1980, el gran Fellini sorprendió a los cinéfilos presentando en el Festival de Cannes Ensayo de orquesta, un falso documental en el que pretendía demostrar cómo una orquesta era un micromundo con las mismas miserias y grandezas de la sociedad contemporánea y, sobre todo, de la italiana. Consiguió lo que se proponía: un espléndido largometraje y una sorpresa para crítica y público hasta el punto de que es, injustamente, una de sus obras menos valoradas.

40 años después la serie francesa Philharmonía (AMC) retoma el camino que esbozó Fellini: los 120 músicos que componen la orquesta sinfónica son un reflejo de la sociedad de su tiempo con, al parecer, la ineludible necesidad de incorporar algún asesinato para conseguir dejar tranquilo el mando a distancia.

Hélène Barizet es una prestigiosa y heterodoxa directora que regresa a París tras 20 años de ausencia. Ha sido nombrada responsable de una Filarmónica que atraviesa dificultades por los recortes económicos, ese habitual reflejo condicionado de los Gobiernos: ante el estímulo de la crisis económica, llega la respuesta de los hachazos presupuestarios donde menos les importa, la cultura. Claro, que una serie francesa no sería tal si al toque de thriller no se le añadieran complicaciones amorosas, y en Philharmonía el amor, el desamor, las infidelidades, en resumen, la montaña rusa de los sentimientos ocupa un lugar central.

El ensayo felliniano se ceñía más a los conflictos sociales que a los sentimentales. También es cierto que el largometraje y la serie se llevan 40 años de diferencia y que el primero estaba pensado para ser proyectado de un tirón y la segunda exige una fidelidad de la audiencia, pero uno y otra consiguen lo indispensable: entretener.

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